Tomás de Aquino (1225-1274) nació hijo del Duque de Aquino en Italia.
TOMÁS DE AQUINO
El gran escolástico
Tomás de Aquino, presbítero de la Orden de Predicadores y doctor en Teología santificado por la Iglesia Católica Apostólica Romana, fue un sacerdote dominico que sobresalió por su solidez intelectual, que nació y murió en Italia, aunque falleció camino del Concilio Ecuménico II, realizado en Lyon (Francia), invitado por el papa beato Gregorio X. El 28/01, según la Iglesia Católica, es el Día de Santo Tomás, y aquí va una aproximación a un personaje histórico de gran influencia desde el medioevo.
Tomás fue educado para leer, escribir, y pensar, algo imposible para un hijo de un campesino promedio en aquel tiempo.
Su primo segundo era el Santo Emperador Romano en ese momento.
Pero él también fue un rebelde: rechazó convertirse en el sacerdote de la poderosa Abadía de Montecasino, y le dijo a su padre que iba a unirse a los dominicos, que para aquellos tiempos era una expresión radical de la fe.
A los 18 años, contra la voluntad del padre y hasta perseguido por sus hermanos, que llegaron a secuestrarlo para impedirle lo que consideraban era una locura, ingresó en la Orden de Predicadores, y completó su formación en Colonia (Alemania) -donde sus compañeros lo tomaron por tonto al verlo gordo, de andar lento, silencioso y de pensamiento lento, lo apodaron “el buey mudo”-; y después en París, donde se convirtió de estudiante en profesor de Filosofía y Teología. Después enseñó en Orvieto, Roma y Nápoles.
Pero Aquino trascendió como el escolástico más famoso e importante.
La Escolástica fue una corriente teológica y filosófica que utilizó parte de la filosofía grecolatina clásica para intentar comprender la revelación religiosa del cristianismo.
Y la Escolástica también fue un método de trabajo intelectual que, más allá de someterse a un rígido armazón lógico y una estructura esquemática del discurso, incentivó el razonamiento pues suponía que debía exponerse a refutaciones y preparar defensas.
Ryan Reeves, profesor asociado de Teología Histórica en Gordon-Conwell Theological Seminary, recuerda que el tema central que dirigía la escolástica era el problema de la fe y la razón: ¿cuál es la fuente principal de nuestro conocimiento de la Teología, y en qué medida podemos utilizar herramientas como la razón para examinar nuestra Fe?
La respuesta de Aquino fue una respuesta a la teología racional: la gracia perfecciona la naturaleza.
Otra vez Reeves: "(...) Aquino resolvió el problema de la fe y la razón, en esencia, negando incluso la existencia de un problema fundamental, siempre y cuando la razón y la fe fuesen entendidas apropiadamente. La razón, según él, es un regalo de Dios, establecida en la creación como una virtud para todos los hombres y las mujeres. Por tanto, la razón debe entenderse como un regalo de la naturaleza, lo que significa que es una capacidad natural en todos nosotros.
El problema con el que hay que lidiar es la corrupción del pecado que deja nublada nuestra razón. La respuesta de Aquino a esto fue que la naturaleza de la gracia en un cristiano no debe anular la razón, sino trabajar para que la razón recupere su lugar apropiado. Así que la gracia perfecciona a la naturaleza, no la destruye. Nuestro razonamiento está caído en pecado y somos capaces de hacer maldad y vivir en necedad. Pero Dios trabaja a través de su Espíritu para poner una vez más nuestras mentes en orden, como al endemoniado gadareno quien fue restaurado a su cabal juicio y a los pies de Jesús. (...)".
En 4 años escribió “Summa Teológica”, su obra maestra de 14 tomos, que se volvió tan importante que el Concilio de Trento utilizó3 libros de consulta: la Biblia, los Decretos de los Papas y la “Suma Teológica” de Aquino.
Sus enseñanzas sobre los sacramentos fueron influyentes en el desarrollo de la perspectiva católica de la transubstanciación (canon del Concilio de Trento acerca de la eucaristía, el rito del vino y el pan sin levadura: "Cristo mismo, vivo y glorioso, está presente de manera verdadera, real y substancial, con su Cuerpo, su Sangre, su alma y su divinidad").
También él enseñó que la gracia se infundía en el bautismo y entonces sería nuestra responsabilidad cooperar con la gracia para hallar la justificación final.
Tomás murió en la madrugada del 07/03/1274, en el monasterio cisterciense de Fossanova. Cuando Juan XXII lo canonizó, en 1323, hubo objeciones porque Tomás no había realizado grandes prodigios ni en vida ni después de muerto, lo que resulta fundamental para ambicionar la declaración de santo.
El Papa, que comprendió el aporte de Aquíno que dotó a la Iglesia Católica de un soporte filosófico donde insertar todo su pensamiento no bíblico sino emergente de tradiciones, contestó: “Cuantas proposiciones teológicas escribió, tantos milagros realizó”.
En tiempos más recientes, León XIII y Jacques Maritain recuperaron el pensamiento de Aquino. En especial su enfoque acerca de las 5 vías para la demostración de la existencia de Dios, su concepción del hombre y su aproximación a la esencia de Dios.









