PLAN ECONÓMICO RUSO PARA MADURO

¿Cuánto dinero pierde Rusia en Venezuela?

Urgente24 intenta no dar la información convencional. Hay tantos medios de comunicación repitiendo lo mismo que aburre. Es mucho más interesante buscar la información diferente, tal como lo saben los lectores. Desde hace meses que Urgente24 advierte que la crisis venezolana no puede resolverse sin sentar a Moscú y Beijing a la mesa, que con Washington DC no alcanza. La realidad salta a la vista: bastó que Vladímir Putin defendiera a Nicolás Maduro para que la supuesta inminente caída del chavista pasara a un statu-quo diferente, tal como ocurrió con Bashar al Asad en Siria, pese a que Israel presumía del derrumbe decidido. Pero ¿cómo se explica lo de Rusia en Venezuela? Es necesario buscar información profunda, y aquí surge un columnista con acceso directo a las fuentes del Kremlin, que en el pasado ya fue utilizado como referencia por Urgente24, por recomendación y traducción de Hernando Kleimans (quien hizo observaciones en el texto). El texto plantea de forma concreta cuál es el enfoque de la Administración Putin de toda esta situación, y de los hechos que ocurrirán en breve:

La crisis en Venezuela una vez más expuso en la agenda informativa una pregunta: ¿por qué y para qué el Estado ruso, así como las compañías vinculadas/cercanas, aportan dinero y entregan cprèstamos a ciertos países?

Muchos periodistas y expertos ya se lanzaron con satisfacción a calcular las presuntas pérdidas financieras de la parte rusa, olvidándose que todavía no cayó Caracas (y está muy lejana la posibilidad de que triunfe el usurpador pro-estadounidense), y Rusia ni de lejos es la URSS y no se ocupa de beneficencias.

Es especialmente aleccionador comparar los dos virus de la propaganda estadounidense:

> uno, dirigido al auditorio ruso a través de ONGs y medios de comunicación “líderes de la opinión pública”, convenientemente alimentados por los estadounidenses, y

> el otro dirigido al auditorio venezolano a través de bien nutridos políticos venezolanos.

Al auditorio ruso se le plantea el mensaje de que “el dinero del Presupuesto ruso y el de ‘Rosneft’(la petrolera estatal rusa, HK) fueron asignados a un inútil respaldo del régimen venezolano y nunca serán "devuelto”.

Al auditorio venezolano se promociona el mensaje de que “Rusia saqueó a Venezuela con ayuda de créditos y convenios usureros, apoderándose así del control sobre una parte significativa del petróleo venezolano”.

Es fácil advertir que, por las leyes de la lógica, en uno de los dos casos la propaganda estadounidense debe mentir, ya que es imposible ser, a la vez, semejante imbécil benefactor y cruel prestamista.

A propósito, en realidad la situación es todavía más interesante: la propaganda estadounidense miente en ambos casos y Rusia y las compañías rusas aledañas al Estado, no son ni “un Shylock geopolítico” ni tampoco “una geopolítica Madre Teresa”.

Moscú realmente ayudó -y ayudará todavía- a Caracas, conjugando con bastante sentido común el idealismo y el pragmatismo.

Comencemos por el hecho de que Rusia ni de lejos es el acreedor principal de la economía venezolana e, incluso, ni siquiera el Nº2 por importancia.

Si tomamos las evaluaciones occidentales (al máximo no elogiosas para Rusia) de la agencia de información de negocios Bloomberg, resulta que el líder en inversiones y créditos es China, con US$ 70.000 millones, y he aquí que el honorable puesto Nº2 lo detentan muy influyentes y bastante respetables bancos y fondos de inversión, en lo fundamental de USA y Reino Unido (pasivos en default, HK).

Según evaluaciones muy conservadoras, citadas en un material de la agencia Reuters, ellos le prestaron a los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, así como a la petrolera estatal venezolana PDVSA, por una suma cercana a los US$ 50.000 millones.

Entre los acreedores de Venezuela figuran gigantes del mundo financiero tales como el conglomerado inversor BlackRock (el fondo inversor más fuerte del mundo, con un activo controlado superior a los US$ 68.000 millones) y el sumamente influyente banco estadounidense Goldman Sachs, conocido por sus nada comunes posibilidades de lobby político en USA y la Unión Europea.

A propósito, la oposición venezolana advirtió en reiteradas ocasiones que las deudas del “régimen antipopular” no las pagará (¿la oposición no quiere pagarle al banco Goldman Sachs, que en 2017 literalmente salvó a Maduro?). Así que, de una forma paradojal, varias muy grandes e influyentes compañías financieras estadounidenses hacen fuerza por Maduro, pues apenas si pueden querer una “deducción en aras de la democracia” de, como mínimo, US$ 50.000 millones.

Para comparar: el valor más elevado de la suma total de préstamos e inversiones efectuadas por las estructuras rusas en Venezuela es de US$ 17.000 millones pero, además, esta suma no considera varios aspectos importantes.

En 1er. lugar, Venezuela hace rato que le paga a los acreedores rusos y chinos con petróleo y participaciones en yacimientos petrolíferos venezolanos y eso le reporta desde hace tiempo a los acreedores voluminosas ganancias.

En 2do. lugar, los créditos rusos (vale la pena señalar que un esquema similar es utilizado por USA, China, Reino Unido y los países de la Unión Europea en todo el mundo) con frecuencia están atados a los suministros de artículos y servicios rusos. Es decir que este dinero ya se convirtió en salarios, por ejemplo, para los fabricantes bélicos nacionales. Así que hablar acerca de quebrantos por US$ 17.000 millones como mínimo, no es exacto y es más que apresurado.

Por desgracia, en el campo informativo ruso con frecuencia se encuentran declaraciones sobre que

> el gobierno venezolano no es culpable en nada, 

> las dificultades económicas son un mito, o 

> las complejidades económicas (antes que nada la hiperinflación) es en un 100% el resultado de las sanciones estadounidenses.

Esto no es así. No es cierto.

Ninguna sanción estadounidense puede ni explicar ni justificar ni provocar que las reservas venezolanas de oro hace muchos años que se encuentra en Londres a disposición del Banco de Inglaterra el cual, según últimas informaciones, se rehúsa a devolverlo. En la crítica situación presente, ese oro podría ser totalmente el presupuesto de una Administración pro-estadounidense.

No es posible explicar bajo ninguna circunstancia el hecho de que los activos venezolanos decisivos, que aportan al país el principal ingreso tributario (por ejemplo, la refinería y la red de estaciones Citgo), se encuentran en USA, aún luego de todos estos años de confrontación del Gobierno venezolano con el de USA. Al gobierno de Caracas no se le ocurrió venderlos y en su lugar comprar algo similar en cualquier otro país amigo de Venezuela.

Ninguna sanción explica la política absolutamente demencial de estimulación monetaria de la economía, que condujo a que la inflación en Venezuela hace rato que se mide por decenas y centenas de miles de porcentajes anuales, minando la economía y el nivel de la población de tal forma que hasta el papel higiénico se convierte en un artículo de lujo.

Caracas (al igual que ciertos economistas rusos) ya debiera comprender que es imposible resolver los problemas económicos y sociales con el método “imprimir y distribuir dinero”.

Por datos del Banco Central de Venezuela de octubre de 2018, a los que se refiere Trading Economics, la inflación en Venezuela fue mayor a 1.300.000%, y es el nivel cuando la divisa nacional se convierte en papel de envolver, con el cual apenas si es posible calentar la estufa durante uno de los habituales apagones de electricidad.

El hecho que muchos venezolanos respaldan masivamente a Maduro a pesar de que los precios aumentan como mínimo varias decenas de porciento cada día hace ya varios años, es un auténtico milagro.

De vuelta, la hiperinflación no puede ser atribuida a las sanciones comerciales o diplomáticas o a la caída de los precios del petróleo. Alcanza con observar el país sobre el cual las sanciones y la intervención estadounidenses y la guerra civil golpearon con mucha más fuerza: Siria. Según datos de la estadounidense CIA (Central Intelligence Agency), en el pico de la guerra (2016), la administración de Bashar al Asad logró contener la inflación en el nivel de apenas el 43,9% anual y en 2017 la redujeron hasta el 25,5%, es decir la inflación cayó aún durante el conflicto bélico, y hoy la economía gradualmente retorna a la normalidad.

En este ejemplo se nota claramente la diferencia en la disciplina financiera y la comparación claramente no es a favor de Caracas.

Ahora observamos una crisis política bastante aguda, pero para Venezuela crisis de este tipo, por desgracia, es algo casi habitual.

Es suficiente con recordar los disturbios masivos de 2014 y 2017, activamente respaldados por USA, durante los cuales el poder legítimo en Caracas pendía literalmente de un hilo.

Si la gestión de Nicolás Maduro esta vez también logra resolver la situación entonces, posiblemente, esto incluso acarreará resultados positivos aunque sea en el plano de modificación de la política económica de la dirección venezolana, que hace algunos meses (aunque Venezuela ya hace muchos años que se encuentra en una difícil crisis económica) se dirigió al gobierno ruso con el pedido de elaborar un plan de normalización dela economía venezolana.

Si el gobierno legítimo conserva el poder y si el plan ruso se ejecuta con firmeza, a Venezuela se le presentarán buenas posibilidades de salir de la crisis y reducir abruptamente sus riesgos para el futuro. Esto será bueno tanto para la misma Venezuela como para todos sus socios económicos.

Si nosotros no vamos a invertir en Venezuela y asignarle créditos (¡ella los está pagando!), entonces USA nos apartará a nosotros y a los chinos, tomarán por completo bajo su control toda la extracción petrolera y derrumbarán los precios del petróleo.

¿En qué terminaría todo esto una vez? Todos perfectamente recuerdan el pasado reciente. Así que no hace falta gimotear sobre el respaldo financiero de otros países, esto es para nosotros selectivo y está orientado exclusivamente a defender los intereses de nuestra economía (en particular a completar el Presupuesto) (que tiene un componente esencial en el precio del crudo, HK).