Cualquier residente en Argentina que haya pedido en diciembre un presupuesto para cualquier gasto y pretendió ejecutarlo en febrero se encontró con que se lo subieron del 10 al 20%. Si tenía que ver con logística, lo fundamentan en el aumento de los combustibles y peajes; o si se vincula a algún producto tangible, con la devaluación.
MACRINOMICS
“Lo peor ya pasó” (Macri lleva el Himno al Optimismo al Congreso)
El presidente Mauricio Macri se apresta a proclamar ante la asamblea legislativa del jueves que “lo peor ya pasó” y a validar las macrinomics en el 2do término de su gobierno: endeudamiento sustituye inversión, inflación estimula empleo, contención salarial morigera precios, rojo comercial refleja crecimiento, los jubilados dan pérdida, gradualismo fiscal evita ajuste. Pero más allá de este singular aporte al debate académico de las teorías económicas, el gobierno centra su artillería comunicacional en la variable de desbarajuste elegida este año: así como al finalizar 2017 cargó el déficit previsional en la cuenta de los jubilados, en 2018 eligió a los trabajadores para convalidar en las paritarias la meta de inflación reprogramada al 15% en diciembre, que el mismo gobierno vapuleó en el primer bimestre con los aumentos que dispuso. En el marco de esta estrategia instala que hubo recuperación del salario real (nominal) y que la obra pública mejoró el empleo, o sea que para no afectar la ecuación, nada de incrementos mayores ni de automatismos de los gatillos, que los dirigentes se avengan a sentarse en la segunda parte del año a tratar cómo se sigue. Claro que la temeraria decisión de situar la distribución del ingreso en el primer plano de las buenas ondas al modelo económico requiere de toda la pirotecnia distractiva que se pueda imaginar. Y es en este plano donde el gobierno necesitará más que nunca de los medios de difusión aliados para aplicar el juego del tero, del que las ediciones dominicales de los grandes diarios ya enseñaron la puntita.
Al cabo de los dos 1ros meses del año, el dólar acumuló 8,3% y las tarifas de servicios públicos y precios regulados se movieron entre 8% y 40%, con lo cual la inflación que mide el INdEC, contra lo que refleja la calle, arroja un exiguo 1,8% en enero y se proyecta 2,5% este mes. Anualizada, el alza de precios daría 28%, que casi duplica a la meta anual del 15% ampliada por el gobierno en diciembre.
La política de ingresos ha sido una vez más el objetivo de ajuste imaginado en el ámbito de la mesa chica de la economía que coordina la Jefatura de Gabinete, a cargo de Marcos Peña, para atenuar la bola de nieve de remarcaciones que se desataron como consecuencia de suculentos “sinceramientos” energéticos y cambiarios de dos dígitos una vez aplacadas las expectativas por los resultados de los comicios de medio término en noviembre.
La consigna subyacente en el encontronazo emprendido por el propio presidente Mauricio Macri contra los Moyano´s y la ofensiva contra las cajas sindicales apuntan directamente a imponer a las paritarias, sin cláusula-gatillo, sino de revisión, el tope de inflación del 15% presupuestado.
Dos de los argumentos que esgrime la Casa Rosada para pretender que los trabajadores acepten voluntariamente resignar sus ingresos son:
-Que 2018 empezó con una recuperación del salario real, para lo que esgrimen estadísticas de que el año pasado los convenios colectivos le ganaron al IPC;
-Que pese a la situación económica heredada, el empleo no sólo no bajó sino que creció y encima se notó más en el registrado, con lo que mejoró la masa de aportes no sólo previsionales, sino a las obras sociales que administran los sindicatos.
Los laderos económicos de Peña, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, se encargaron de reorganizar estas ideas en un paper, para que el comunicador con rango ministerial, Nicolás Dujovne, y el endeudador oficial, Luis Caputo, salieran a venderlas, tanto con los aliados internos como con la comunidad de negocios y financiera del exterior.
Según publica hoy (lunes 26/02) Ámbito, en estos conceptos vienen trabajando desde hace semanas los ministerios de Hacienda, Producción, Finanzas, Energía y Transporte, cuyos titulares derivan sus observaciones y diagnósticos hacia los vicejefes de Gabinete.
El documento, que tuvo su bautismo en el retiro espiritual del equipo de gobierno en Chapadmalal, pretende instalar que “lo peor ya pasó” y que se llegó a un punto de partida fiscal, en términos de déficit, lo mismo que comercial, que despierta expectativas favorables en cuanto a la marcha esperable de la economía, siempre que se consiga convencer a los empresarios de no cerrar convenios laborales por encima del 15% y que, las que lo hagan, absorban la diferencia en los costos y no trasladen a precios.
El himno al optimismo desarrollado en ese guión elaborado bajo la supervisión y coordinación general de los hombres de Marcos Peña, confunde la asignación de responsabilidades por la ineficiente praxis de la gestión (que los propios aliados políticos y de intereses vienen denunciando) con la defensa del modelo.
Buenas ondas
El jefe de Gabinete apeló a los formadores de opinión amigos para anticipar lineamientos del mensaje de las buenas ondas, según el cual la inflación resultó tener su lado bueno porque contribuyó a financiar obra pública e hizo mejorar inclusive el porcentaje de empleo y, aun mejor, el registrado.
Nada dice la “bajada de línea” oficialista del sobreendeudamiento que acompaña al proceso inflacionario, cuyos intereses devengados superan al ahorro de subsidios energéticos transferidos a los usuarios mediante los tarifazos, y que, en todo caso, además sirve de paliativo al déficit de inversiones que los propios “simpatizantes” del modelo hasta ahora han venido retaceando.
Disfraza asimismo de virtuoso el rojo récord de la balanza comercial, al afirmar que las importaciones reflejan un reequipamiento por crecimiento económico y no la sustitución de producción local destinada al consumo, como por ejemplo de indumentaria y calzado, que ya habían dado la nota en 2016.
Que en las exportaciones se nota un saludable repunte en la participación de las de origen industrial, aunque refleja el repunte de la economía brasileña y que, mientras no se superen los US$ 8.000 millones en contra previstos en el ejercicio de este año, no quedará comprometida la necesidad de endeudamiento externo para equilibrar la cuenta de dólares. Se parece mucho a una respuesta a la advertencia que hizo el ex titular del BCRA y ministro de Economía del menemismo, Roque Fernández, de que seguir por el camino de contraer deuda podría hacer regresar al populismo.
La estrategia comunicacional de hacer de los errores virtudes y oportunidades estará contenida en el discurso de apertura de las sesiones ordinarias legislativas que dará el presidente Macri el jueves 1 de marzo.
El ex arquero de Chacarita, como se autodefine, Javier Milei, se calzó esta vez la toga de académico que paralelamente se arroga y repasó la biblioteca clásica universal de economía para desacreditar el argumento populista, ahora reivindicado por la mesa chica autoproclamada “progre” del macrismo, de que se combate el desempleo con inflación.
Les recuerda Milei que ya Paul Samuelson y Robert Solow habían testeado para Gran Bretaña y Estados Unidos esa relación, a fin de que dicha curva se constituyera en la base empírica para que los políticos eligieran cuánta inflación habría que soportar en pos de alcanzar un cierto nivel de empleo.
Y que Milton Friedman sostenía que, si bien existía una relación de intercambio entre inflación y desempleo, esta era de corto plazo y que, cuando los individuos se adaptaban a la nueva tasa de inflación, dicho efecto desaparecía.
El equipo de lujo de Mauricio Macri podría repasar los números del INdEC generados durante su gestión para escribir al final del mandato su propio capítulo sobre el antídoto inflacionario contra el desempleo, que de Keynes en adelante ocupó un debate de alto voltaje en las escuelas económicas.
Los números del primer término apuntarían a confirmar la teoría de que la mayor inflación del período redundó, nominalmente, en una mayor (aunque exigua) tasa de empleo y también leve disminución de la de pobreza, pero habrá que ver cómo repercute en el segundo término la capa siguiente de las estadísticas, según la cual el signo positivo estuvo formado los más de la construcción (transitoriedad) y el monotributo (precariedad) y los menos de industria manufacturera, en especial, de agro y minería, multiplicadores todos ellos de la producción y la inversión privada.
Las perspectivas no deparan mucho para entusiasmar: un informe de IAE Business School indica que los drivers del crecimiento en 2018 serán "la obra pública, el agro y la producción energética", en un contexto en que la industria "va a acompañar pero a un ritmo menor".
La contribución del campo, importante para las divisas y que verá afectada las exportaciones por la sequía, no lo es tanto en materia de crecimiento, ya que cada punto impacta en 1,6% en la economía.
La industria, en cambio, se contrajo 0,6% interanual en enero (datos de FIEL), en línea con el último trimestre de 2017. Muestra una notoria "desaceleración" del ritmo de crecimiento del sector manufacturero, cuyo efecto multiplicador brillará por la ausencia.










