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CAMBIO CLIMÁTICO

Europa paga el precio del calor: la mortalidad se dispara un 160% en el sur

Un informe de Lancet Countdown advierte que las ciudades del sur de Europa enfrentan una crisis sanitaria, con España entre los casos más preocupantes.

El cambio climático ya dejó de ser una amenaza lejana para convertirse en un problema de salud pública en el sur de Europa. El aumento sostenido de las temperaturas está multiplicando los episodios de calor extremo y, con ellos, el riesgo para millones de personas que habitan ciudades cada vez más expuestas.

Así lo advierte el primer informe de Lancet Countdown Europe, una iniciativa internacional de investigación que estudia la relación entre el clima y la salud, coordinada por la Universidad de Heidelberg e ISGlobal. El trabajo analizó más de 850 ciudades a través de 28 indicadores, entre ellos la mortalidad asociada al calor, el riesgo de incendios, las enfermedades infecciosas, la cobertura arbórea y la movilidad urbana, y situó al sur del continente entre las regiones más castigadas.

España aparece como uno de los ejemplos más preocupantes de esa tendencia. Más de 25 millones de personas se concentran en los núcleos urbanos del país y cerca de un tercio de esa población pertenece a los grupos más vulnerables, como mayores de 65 años y menores de 15. El problema ya se refleja en las estadísticas: las muertes en las que las altas temperaturas tienen un papel determinante aumentaron con fuerza durante las últimas décadas, con diferencias muy marcadas entre unas ciudades y otras.

El sur de Europa concentra el mayor salto en las muertes por calor

Los números muestran que el deterioro no se limita a algunas ciudades aisladas. La mortalidad atribuible al calor aumentó en 834 de las 845 urbes europeas analizadas, es decir, prácticamente en el 99% de los casos, y dejó una media continental de 82 muertes anuales adicionales por cada millón de habitantes respecto de la década de 1990. En el sur de Europa el impacto fue todavía mayor: el incremento alcanzó el 160,6%, equivalente a unas 132 muertes más por millón de habitantes cada año.

El calor extremo tampoco actúa únicamente a través de los golpes de calor. Las temperaturas más altas modifican las condiciones en las que circulan enfermedades, prolongan determinados períodos de exposición ambiental y agravan otros fenómenos capaces de afectar la salud. El informe detectó, por ejemplo, que la idoneidad climática para la transmisión del dengue aumentó un 110,5% en las ciudades europeas, con una subida del 112,2% en el sur y un máximo del 369,3% en el este del continente.

A esa presión se suma el fuego. Entre 2003 y 2023 aumentó un 7% la exposición al peligro de incendios forestales en Europa, con las ciudades del sur y del este entre las más afectadas por el crecimiento de los días expuestos al humo. A la vez, la exposición al polen alergénico se duplicó con creces en varias zonas urbanas del sur y del este, ampliando el impacto del cambio climático sobre la salud más allá de los episodios de calor extremo.

Una persona intenta aliviar el calor con un abanico frente a la Torre Eiffel, en París, durante una jornada marcada por las altas temperaturas en Europa.

Una persona intenta aliviar el calor con un abanico frente a la Torre Eiffel, en París, durante una jornada marcada por las altas temperaturas en Europa.

España bajo el calor: Castellón empeora más y Jaén registra la mayor mortalidad

En España, el deterioro también aparece con fuerza en las estadísticas. Al comparar 1991-2000 con 2015-2024, las ciudades analizadas registraron un incremento medio de 95,4 muertes anuales relacionadas con el calor por cada millón de habitantes, aunque el impacto está lejos de repartirse de manera uniforme. Castellón de la Plana encabeza el crecimiento, con un aumento del 553,5%, al pasar de 25,7 a 168,1 fallecimientos por millón; muy cerca aparece Torrevieja, con un salto del 529,3%, de unas 36 muertes por millón a 230, mientras Barcelona ocupa el tercer lugar con un crecimiento del 482,6%, tras pasar de aproximadamente 28 a 165. Después aparecen Sagunto, con un 323,1%; Eivissa, con un 286,3%; y Torrejón de Ardoz, con un 279%.

Sin embargo, encabezar esa clasificación no significa registrar hoy la mayor mortalidad asociada al calor. Ese lugar corresponde a Jaén, que en el período más reciente alcanza una media anual de 370,94 muertes por cada millón de habitantes, seguida por Linares, con alrededor de 324; Talavera de la Reina, con 312; y Salamanca, con 309. En el extremo contrario aparecen varias ciudades del norte, donde las cifras son sensiblemente menores: A Coruña registra unas 63 muertes por millón, Ferrol 79, Vigo 93, Pontevedra 95 e Irún 99. También son algunas de las localidades donde menos empeoró la situación en estas décadas, con subidas del 13% en Pontevedra y del 10% en Irún, mientras Oviedo incluso presentó un descenso cercano al 7%.

El informe relaciona parte de estas diferencias con la forma en que están construidas las propias ciudades. La concentración de asfalto y edificios, la escasez de vegetación y la dificultad para disipar las altas temperaturas generan el conocido efecto de “isla de calor urbana”, que puede volver a una ciudad significativamente más cálida que su entorno. Granada aparece como uno de los ejemplos más claros: entre 2003 y 2020 acumuló más de 300 días en los que la temperatura urbana superó en más de 1,5 °C a la registrada en las zonas rurales próximas. A esto se suma la falta de árboles: en 2020, la cobertura arbórea media de las ciudades españolas equivalía apenas al 13,2% de su superficie, muy lejos del 30% recomendado para mitigar el calentamiento, y solo el 12% de las urbes alcanzaba ese nivel.

Las diferencias vuelven a ser enormes también en este punto. Cuenca presenta la mayor cobertura arbórea en términos de superficie, mientras Cádiz aparece en el extremo opuesto, y Torrejón de Ardoz fue la ciudad que más aumentó proporcionalmente sus zonas con árboles desde comienzos de siglo, con una mejora del 257%. La movilidad completa un escenario todavía deficitario: las ciudades españolas obtuvieron una media de apenas 5,3 sobre 10 en accesibilidad a pie, bicicleta y transporte público, mientras solo un tercio de las áreas residenciales dispone de una parada a menos de 250 metros. El problema, por lo tanto, no pasa únicamente por cuánto suben las temperaturas, sino por qué tan preparadas están las ciudades para evitar que ese calor termine traduciéndose en más riesgo para la salud.

Los incendios forestales vuelven a golpear la Costa Brava, donde las altas temperaturas y la sequedad del terreno elevan el riesgo durante los episodios de calor extremo.

Los incendios forestales vuelven a golpear la Costa Brava, donde las altas temperaturas y la sequedad del terreno elevan el riesgo durante los episodios de calor extremo.

Italia, Grecia y Portugal: el calor dibuja un mapa mediterráneo

El aumento del 160,6% registrado por Lancet Countdown no se explica únicamente por el caso español. Los mayores incrementos de mortalidad relacionada con las altas temperaturas se concentran en el sur y sudeste del continente, una franja donde Italia, Grecia y Portugal aparecen de manera recurrente entre los países más expuestos. El patrón ya había quedado especialmente claro durante el verano de 2022, cuando Europa registró unas 61.672 muertes asociadas al calor en apenas catorce semanas.

Aquel análisis, publicado posteriormente en Nature Medicine, situó a Italia como el país con la mayor tasa de mortalidad estival relacionada con el calor, con 295 fallecimientos por cada millón de habitantes y unas 18.010 muertes estimadas. Grecia alcanzó las 280 por millón, España las 237 y Portugal las 211, convirtiendo a los cuatro países en los registros nacionales más elevados de Europa en términos proporcionales durante aquel verano. El promedio continental, para dimensionar la diferencia, había sido de 114 muertes por millón.

Francia presenta un caso algo diferente. El país pertenece a Europa occidental dentro de las divisiones regionales utilizadas en este tipo de análisis, por lo que no debe incluirse dentro de ese 160,6%, pero sus departamentos mediterráneos comparten buena parte del problema. En 2022, Francia registró la mayor anomalía térmica media del continente, con 2,43 °C por encima de su referencia climática, y contabilizó unas 4.807 muertes asociadas al calor durante el verano. El mismo estudio identificó además zonas del sur francés entre los focos europeos con tasas particularmente elevadas.

El dibujo que dejan los datos es, por lo tanto, bastante consistente: el Mediterráneo europeo concentra una parte desproporcionada del riesgo, con Italia, Grecia, España y Portugal repetidamente entre los países con las tasas más altas, mientras determinadas zonas del sur de Francia reproducen el mismo comportamiento. El nuevo informe de Lancet Countdown muestra ahora que aquella fotografía no fue una anomalía de un verano extremo, sino parte de una tendencia que continúa profundizándose.

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FUENTE: Urgente24.