Netflix vuelve a desplegar otra biopic pero en este caso, es producción nacional argentina: El amor después del amor busca recorrer a la audiencia con una suerte de postas creativas y biográficas enclavadas en la vida de Fito Páez, que aunque tiene una propuesta impersonal, compensa con su narrativa cuidada desde lo fílmico, muy profesional.
Ahora bien, la pregunta que surge a continuación es la siguiente: ¿Amerita la vida y la carrera de Fito Páez una serie de ocho episodios? Cada uno tendrá una respuesta a esa pregunta. Lo que sí es indudable es que tiene canciones como para sostenerla.
En la década de carrera de Fito que cubre El amor después del amor, Páez compuso (para él y para otros, más que nada para Juan Carlos Baglietto) una cantidad de canciones bastante inoxidables para los que recuerdan los años ’80.
La rocola de hits inolvidables hace acto de presencia, lo que hace falta es encontrar material dramático lo suficientemente contundente para sostener lo que la rodea. Y la vida del músico rosarino durante esos años tuvo algunos aspectos dramáticos particulares que la distinguen, quizás no para una serie, pero sí al menos para una película.
Que nadie espere, entonces, grandes revelaciones ni algún grado de perspectiva poco convencional sobre el personaje. Lo que hay es una biopic con mucho olor a historia oficial que, durante 8 episodios de alrededor de 40 minutos cada uno, cae en los lugares comunes propios de este subgénero.
Fito Páez en Netflix: El amor estoico a la nostalgia
El primer logro de la serie, algo que no es nada sencillo, pasa por su credibilidad. El clima de época parece bien logrado, quizás ligeramente saturado de elipsis narrativas, pero que aportan dinamismo si se le presta atención a los detalles. Lo mismo sucede en el proceso de creación musical, o el acercamiento a la cocina de esos discos y shows emblemáticos.
Y, lo que es aún más difícil, la gran mayoría de los actores que interpretan a personajes muy conocidos salen más que airosos de ese tremendo desafío, empezando por Iván Hochman, que encarna a Páez en su adolescencia y sus veintitantos.
Los otros "figurones" importantes a lo largo de su carrera como Charly García (Andy Chango), Luis Alberto Spinetta (Julian Krakov), Juan Carlos Baglietto (su hijo Joaquín Baglietto, idéntico) y muy especialmente Micaela Riera, que parece encarnarse en Fabiana Cantilo de una manera irreal fomentan el entusiasmo por la propuesta, porque buena parte de la credibilidad de la serie podía haberse caído ahí, pero eso no sucede.
Hay tragedias familiares, dramas personales, ascensos, caídas y recuperaciones, las celebridades con las que se rodeó, edulcorado con los éxitos, fracasos y, sobre todo, amores y desamores. El amor después del amor tiene todo eso bastante bien dosificado, dando cuenta de un esforzado trabajo de guión y edición.
El problema es que una vez que uno se acostumbra a esa credibilidad que temía complicada (convengamos que uno empieza a ver este tipo de serie con cierto temor de sentir algo de vergüenza ajena y eso acá no pasa) no hay mucho más para contar que se escape de los carriles previsibles.
Se trata de un producto prolijo, bien hecho e irreprochable en la mayoría de sus frentes, pero que raramente emociona o conmueve. Pese a cualquier reparo que se le pueda hacer, es muy probable que estemos ante una serie que ya ha demostrado éxito desde el minuto cero, y que cierra con broche de oro la vigencia del artista rosarino en la industria musical.
Los shows en arenas y estadios de Páez en toda Iberoamérica dejan en claro que el músico sigue teniendo (o ha vuelto a tener, marketing y nostalgia mediante) un público muy fiel, ya que la serie sin duda tocará algunas terminaciones nerviosas dormidas de todos los que crecieron en los años ’80.
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