La masacre ocurrió en el momento de mayor vulnerabilidad para la comunidad de Haití. Los residentes de Jean-Denis, en el departamento de Artibonite, celebraban La Ra-Ra, una de las festividades tradicionales más importantes de la Semana Santa , cuando hombres armados irrumpieron cerca del amanecer.
LOCURA TOTAL
Masacre en Haití: 20 muertos en un ataque durante una festividad de Semana Santa
Hombres armados irrumpieron en una localidad de Haití y dispararon contra civiles que celebraban una festividad de Semana Santa. Muertos por doquier.
Los criminales abrieron fuego de manera indiscriminada y procedieron a incendiar las viviendas de los residentes. Las escenas de pánico fueron totales: familias enteras huyeron a pie, abandonando sus pertenencias y sus casas en llamas para buscar refugio en localidades vecinas.
El Estado haitiano no ha logrado emitir un balance definitivo sobre la cantidad de heridos y desaparecidos.
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Expansión criminal en Haití: por qué las pandillas asedian el "granero" del país
Para comprender esta masacre es necesario entender el cambio geográfico de la violencia. Históricamente, las grandes coaliciones criminales —como el G9 o el G-Pèp— concentraban su terror en los barrios marginales de Puerto Príncipe, donde llegaron a controlar hasta el 80% del territorio capitalino.
En los últimos dos años, sin embargo, el terror se ha ruralizado. Artibonite es el principal departamento agrícola del país —su "granero"— y el control de esa región otorga a los grupos criminales dominio sobre recursos estratégicos.
Los objetivos económicos de esta expansión territorial son concretos:
- Extorsionar a campesinos y robar cosechas
- Controlar las principales carreteras y cobrar peajes ilegales
- Asfixiar el suministro de alimentos hacia la capital
- Reclutar jóvenes en contextos de pobreza extrema
La pandilla de Savien, señalada como responsable del ataque, está vinculada a Gran Grif, una de las bandas más violentas activas en la región.
El vacío de poder y el colapso de la Policía Nacional
La escalada de ataques es consecuencia directa de un colapso político sistémico. La inestabilidad se aceleró dramáticamente tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse en julio de 2021, que dejó al país sin un liderazgo legítimo ni instituciones funcionales.
Hoy, la Policía Nacional de Haití (PNH) se encuentra en situación crítica: agentes mal pagados, mal entrenados y superados en armamento por las bandas, que poseen armas de guerra de alto calibre traficadas ilegalmente desde el exterior.
Ante la ausencia del Estado, las bandas imponen su propia ley con amplia impunidad y han forzado el cierre masivo de comercios y escuelas en las zonas bajo su control.
Las cifras de la ONU: una catástrofe humanitaria sin precedentes
El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, advirtió que "Haití sigue enfrentando niveles alarmantes de violencia pandillera" y exigió a las autoridades garantizar la seguridad plena de los civiles.
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