Los 'Acuerdos de Minsk' son 2 pactos firmados en 2014 y 2015 por representantes de Ucrania, Rusia, la República Popular de Donetsk (RPD) y la República Popular de Lugansk (RPL) para poner fin a la guerra del Donbás, en el este de Ucrania.
En Minsk se negociaron esos tratados bajo el auspicio de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE).
El acuerdo fue alcanzado tras varios intentos de poner fin a los combates y, tras su firma, se acordó un alto el fuego inmediato con un protocolo de 12 puntos para solucionar el conflicto. Pero el acuerdo fracasó rápidamente, con violaciones de ambas partes.
La OSCE anunció que da “por terminada” su misión en Ucrania y evacua a su personal.
Lo último que se intentó en términos de negociaciones fue la Fórmula de Steinmeier, propuesta en el 2015 por el entonces ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, donde se le atribuiría un estatus especial a algunas regiones en las provincias de Donetsk y Lugansk, y elecciones autónomas. La Fórmula fue aprobada por el Cuarteto de Normandía (Alemania + Francia + Rusia + Ucrania) y recibió el apoyo del grupo de contacto el 1 de octubre de 2019, así como el respaldo del nuevo presidente ucraniano, Vladímir Zelenski.
Sobre el fracaso de la Fórmula de Steinmeier, Ignacio Hutin en entrevista con Urgente24 expresó que:
Formalmente los acuerdos de Minsk se rompieron el lunes 21/02 cuando Vladimir Putin anunció el reconocimiento de Donetsk y Lugansk como estados independientes. Parte de esta región del Donbás está controlada por milicias prorusas y son éticamente rusos.
Los países de Occidente consideraron este accionar de Rusia como una violación al derecho internacional e incluso Joe Biden, presidente de USA, lo describió como “el comienzo de la invasión de Rusia a Ucrania”.
La vía diplomática por ahora parece agotada entre Ucrania y Rusia, aunque el éxito de los acuerdos de Minsk siempre estuvo en duda por la diferencia de interpretación entre los dos países.
El gobierno ucraniano los veía como una forma de volver a unir a Ucrania y restaurar completamente la soberanía del país, aunque admitió otorgar ciertos poderes delegados a las dos regiones separatistas.
Moscú, por su parte, creía que los acuerdos llevarían a un proceso que establecería un gobierno alineado con Rusia en Lugansk y Donetsk. También consideraba que los acuerdos otorgarían un estatus especial a las regiones separatistas antes de volverse a reunir con el resto de Ucrania.














