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CAPITÁN EN LA HUIDA

Costa Concordia: A 10 años del "¡Vuelva a bordo, carajo!"

Italia no olvida el día, 10 años atrás, en que el crucero Costa Concordia chocó cuando su capitán realizaba una maniobra incomprensible.

El 13/1/2012, el crucero Costa Concordia chocó contra un arrecife en la Isla del Giglio, Italia, tras lo cual se hundió. El siniestro sucedió cuando el navío realizaba una maniobra aún hoy incomprensible aparentemente para que alguien (según algunos relatos, la madre de un miembro de la tripulación; según otros, un capitán jubilado) viese la nave desde la isla, lo que provocó el impacto con un escollo del crucero en el que viajaban 4229 personas.

Diez años pasaron de aquel episodio que quedó inmortalizado en la memoria colectiva bajo una sola frase. En italiano: "Vada a bordo, cazzo!". En español: "¡Vuelva a bordo, carajo!". Eran las palabras que pronunciaba Gregorio De Falco, el comandante en tierra a cargo de coordinar las operaciones de rescate del crucero desde la capitanía de Livorno, a Francesco Schettino, el capitán que había abandonado el barco, durante un diálogo tormentoso.

De Falco ordenaba a Schettino que no huyera, que cumpliera con su deber y retornara al navío. Fue un audio que dio vuelta al mundo:

Escuche, Schettino, puede que se haya salvado usted del mar, pero lo dejaré muy mal. Le haré pagar por esto. ¡Suba a bordo, cazzo! Escuche, Schettino, puede que se haya salvado usted del mar, pero lo dejaré muy mal. Le haré pagar por esto. ¡Suba a bordo, cazzo!

“Mi exabrupto final fue un intento desesperado, la considero una especie de oración laica para que él retomara su función y no escapara de su responsabilidad. Pero no sirvió”, rememoró De Falco en diálogo con Infobae.

En el naufragio murieron 32 personas y 110 resultaron heridas. Víctimas que según De Falco, pudieran haberse evitado. Asegura que todos se podían haber salvado y que lo que ocurrió fue sólo debido "al comportamiento infame" de Schettino.

"No fue un accidente de la navegación. Fue todo debido al comportamiento infame de una persona", afirmó De Falco en entrevista con la agencia Efe.

Schettino quedó impreso en la memoria colectiva italiana como un fanfarrón y un cobarde, y hoy cumple una condena de 16 años. El excapitán fue condenado por homicidio involuntario y abandono del barco. Sin embargo, él nunca reconoció que intentó escapar de la embarcación. “Me caí en un bote salvavidas”, dijo en su momento para excusarse. Hoy mantiene el mismo argumento, que nunca ha convencido a la opinión pública italiana ni a la Justicia.

Pero sus buenas conductas dentro del establecimiento penitenciario, sin embargo, lo han hecho no solo ganarse el respeto de sus compañeros, sino también una disminución de su pena, explica el diario La Nación. En 2015, el excapitán publicó su primer libro, con la ayuda de la periodista italiana Vittoriana Abate: "Le veritá sommerse -Las verdades sumergidas-". Es un relato sobre el naufragio del Costa Concordia, que fue un éxito en las librerías. Gracias a su buena conducta, en pocos meses, el excapitán podría acceder a medidas de detención alternativas a la prisión, según medios europeos. Otras causas en su contra, sin embargo, siguen acumulándose. En 2018, el Tribunal definió en un segundo juicio que Schettino también deberá pagar una multa de 5.000 euros por la desfiguración de la belleza natural del lugar donde ocurrió el accidente -el delito 734 del código penal-, detalló el diario romano La Repubblica.

Respecto de la maniobra que provocó el choque del crucero, Schettino asegura que quería acercarse a la costa para saludar con una sirena a un capitán jubilado que vivía ahí. Una costumbre marinera.

De la vereda de enfrente quedó De Falco, inmortalizado como el héroe esa noche, al ponerse al mando de las operaciones de rescate y después de que se filtrase la famosa llamada telefónica. Hoy es senador de Italia.

Así rememora De Falco los hechos, en entrevista con Efe:

"Alessandro Tossi, el oficial que se ocupaba de la radio en la Capitanería de Puerto de Livorno, me dijo: 'Mire, capitán, en el barco nos están tomando el pelo...".

"Decía esto porque habíamos recibido una llamada de una persona cuya madre estaba a bordo y había contado que habían tenido un apagón en el barco y les habían hecho poner los chalecos salvavidas, pero no nos cuadraba que los objetos se cayeran. Eso era que el barco estaba escorando, pero desde el crucero insistían que era solo un problema eléctrico", explica.

De Falco señala que "se supo sólo después que desde los primeros minutos tras el impacto, a las 21.50 horas, el comando de a bordo sabía perfectamente que el barco tenía que ser abandonado y uno de los maquinistas había asegurado, como se escucha en una grabación, que se estaban hundiendo. Se tenía que haber dado la alarma general y proceder ordenadamente a salvar a los pasajeros".

"Si se hubiera hecho así, ya que el barco en esas condiciones permaneció bastante tiempo sin inclinarse demasiado, se habrían podido utilizar todas las lanchas de salvamento, del costado de babor y de estribor, y se habrían salvado todas las vidas", asegura el ahora senador.

Confiesa que cuando supo que Schettino había abandonado el barco fue una "tremenda desilusión" porque "el comandante a bordo era nuestro interlocutor en estos casos" y "allí no había nadie".

El capitán habría, por ejemplo, podido dar la orden de llenar con más personas las lanchas de salvamento a pesar de que no estaba permitido y evitar que personas como Giuseppe Girolamo, de 30 años, el batería de la banda musical del barco, muriese al dejar su puesto a una madre con su hija pequeña.

De Falco explica que se le intentó llamar en varias ocasiones y que sólo después de las 12.00 de la noche respondió para asegurar que estaba dirigiendo las operaciones desde una barca. "Se supo después que hacía ya tiempo que estaba en la isla del Giglio", lamenta.

Aunque algunos oficiales responsables de la tragedia no han ido a la cárcel al recibir penas inferiores a los tres años y el único que está en prisión descontado una pena a 16 años de reclusión es Schettino, el senador asegura que en el proceso salió toda la verdad y que es una de las pocas tragedias italianas sobre la que "no hay misterios".

Para De Falco, la muerte de estas 32 personas, entre ellas dos peruanos y un español, "no fue un accidente de la navegación, sino un comportamiento infame, totalmente irrepetible" de Schettino, un acto que supuso "la traición de su propio puesto, el de capitán, por miedo, intereses...", aseguró.

Confiesa que en estos años siempre ha pensado en "si se podía haber hecho algo más", aunque cree que se hizo todo lo posible y que hasta los informes que llegaron al Senado de Estados Unidos sobre si estaban preparados para un accidente de este tipo se aseguró que la coordinación del rescate fue "impecable".

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