Pedro Sánchez terminó moviendo una ficha que durante semanas había evitado tocar. Con la crisis de Ceuta todavía abierta, miles de migrantes dentro de la ciudad y una gestión repartida entre varios ministerios, Moncloa decidió finalmente colocar a una sola figura política al frente de la coordinación del operativo.
CERCO DE PP Y VOX
Ceuta desborda a Sánchez y lo obliga a designar un ministro al frente de la crisis
Tres semanas después de la entrada masiva en Ceuta, Pedro Sánchez pone a Ángel Víctor Torres a coordinar a los ministerios implicados.
La decisión, que desde la derecha ya se interpreta como un último recurso para recuperar el control, llega después de semanas de presión creciente sobre el Ejecutivo. Juan Jesús Vivas, presidente de Ceuta y dirigente del PP, reclamaba desde los primeros días un mando único capaz de ordenar la respuesta del Estado, mientras populares y Vox aprovecharon cada demora, campamento improvisado y problema de seguridad para acusar a Sánchez de reaccionar tarde y sin una estrategia clara.
El elegido será Ángel Víctor Torres, actual ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, que deberá coordinar a Interior, Migraciones, Defensa, Exteriores y Juventud e Infancia. Su designación no supone formalmente el mando único reclamado para la península, pero sí evidencia que la estructura utilizada hasta ahora necesitaba una cabeza política capaz de ordenar una crisis que ya entró en su cuarta semana.
Por qué Sánchez eligió a Torres y qué podrá hacer
La elección de Ángel Víctor Torres no responde únicamente a su pasado como presidente de Canarias. Su actual cartera de Política Territorial ya funciona como nexo entre Moncloa, las comunidades autónomas y las delegaciones del Gobierno, justo las administraciones que deben coordinarse en una crisis como la de Ceuta. De hecho, el ministro preside la Comisión Interministerial de Inmigración y también el organismo encargado de coordinar la Administración periférica del Estado, que en julio creó un grupo específico para abordar la situación migratoria de Ceuta y Melilla.
Tampoco es una figura que llegue ahora por primera vez al problema. Torres participó en las reuniones convocadas por Sánchez el 7 y el 17 de agosto y, entre ambas, viajó hasta Ceuta para reunirse con Juan Jesús Vivas. Fue precisamente en aquel encuentro cuando el presidente ceutí le reclamó un plan estatal para recuperar la normalidad y volvió a colocar sobre la mesa la necesidad de un mando único, una figura capaz de ordenar una respuesta que hasta entonces aparecía repartida entre demasiados despachos.
Con ese recorrido, Torres aparecía como una de las opciones más lógicas para un nombramiento con el que Moncloa también intenta bajar la temperatura política alrededor de una crisis que domina buena parte de la agenda española. Tiene además un antecedente importante a su favor: fue uno de los impulsores de la reforma del artículo 35 de la Ley de Extranjería, pensada para redistribuir menores migrantes desde territorios sometidos a una presión extraordinaria, como Canarias, Ceuta y Melilla, hacia otras comunidades autónomas.
Y ahí aparece justamente uno de los grandes choques con PP y Vox. La redistribución dentro de España y una eventual devolución a Marruecos no son lo mismo. El retorno de un menor no puede ejecutarse de manera automática ni colectiva, sino que requiere estudiar individualmente su situación, localizar a su familia o determinar qué recurso puede recibirlo y garantizar que prevalezca su interés superior. Esa protección, que desde la derecha se cuestiona muchas veces por la lentitud burocrática que genera, forma parte ahora del laberinto que Torres deberá coordinar mientras el Gobierno busca una salida para cientos de jóvenes que todavía permanecen en Ceuta.
Su nuevo papel, sin embargo, tiene límites. Torres no pasa a mandar sobre Policía, Guardia Civil o Ejército, ni recibe una autoridad excepcional sobre la ciudad autónoma. Sánchez centraliza en él la coordinación política de los cinco ministerios que intervienen en la crisis, una fórmula diferente del mando único reclamado por Vivas. Moncloa acepta, en definitiva, que hacía falta una cabeza visible para ordenar la respuesta, pero sin concederle poderes extraordinarios.
La Ceuta que recibe Torres sigue lejos de la normalidad
El ministro tampoco recibe una ciudad autónoma encaminada hacia la normalidad. El Gobierno consiguió trasladar a más de 1.200 migrantes que permanecían en la playa de El Trampolín y habilitó 1.800 plazas temporales entre Loma Margarita y Loma Colmenar, pero apenas unas horas después alrededor de 500 personas regresaron al arenal. Este viernes, la Policía tuvo que escoltar a los servicios de limpieza mientras varios grupos volvían a instalarse en una zona que el Ejecutivo acababa de desalojar.
La presión tampoco termina en los dispositivos de acogida. Juventud e Infancia reconoce que unos 1.400 menores están durmiendo actualmente en recursos oficiales, aunque admite que existen muchos más todavía sin identificar, algunos en la calle y otros refugiados en viviendas de familiares o conocidos. El traslado de 500 niñas especialmente vulnerables hacia la Península continúa sobre la mesa y el Gobierno cree posible iniciarlo “en pocas semanas”, pero todavía no presentó a Ceuta una propuesta definitiva para ejecutar el operativo.
Mientras tanto, el problema que Urgente24 venía contando con las pateras y lanchas rápidas ya empezó a transformarse en un negocio todavía más caro. Las investigaciones policiales detectaron redes que utilizan Ceuta como escala para trasladar clandestinamente migrantes hacia Andalucía y algunas tarifas ya alcanzan los 9.000 euros, por encima incluso de los 6.000 detectados inicialmente. La Policía detuvo a cinco presuntos integrantes de dos organizaciones y uno de ellos acabó en prisión provisional después de que siete personas quedaran a la deriva durante uno de esos viajes.
Ese es el escenario que Sánchez coloca ahora bajo una coordinación política única. La entrada masiva terminó hace tres semanas y Marruecos volvió a contener la frontera, pero sus consecuencias siguen repartidas por toda Ceuta: miles de personas pendientes de regularizar o retornar, menores sin una solución definitiva, centros que todavía no alcanzan y redes criminales buscando sacar rédito de quienes intentan continuar hacia Europa. Torres llega, por tanto, no para cerrar la crisis, sino para intentar ordenar una segunda etapa que empieza a demostrar que puede ser bastante más larga que la propia avalancha.
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