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¿MOTOSIERRA EN EL PERIODISMO?

Javier Milei pierde los estribos con La Nación y escala el conflicto político

El presidente Javier Milei quiso apretar a La Nación y terminó mostrando lo que es: intolerancia total a la crítica. Ni sus mayores aliados zafan de su ira.

Javier Milei se llena la boca hablando de libertad, pero cuando el periodismo no le gusta, aprieta como cualquiera de la vieja política y reacciona con furia. Y con La Nación, que no es precisamente un medio opositor ni mucho menos, ni siquiera disimula: si no le siguen el libreto ni le chupan las medias, pasan a ser un problema.

El enojo de Javier Milei con el periodismo que no lo elogia

De acuerdo con la reconstrucción del periodista Sebastián Lacunza, de elDiarioAR, hubo al menos dos reuniones entre Milei y Fernán Saguier (director de La Nación) que terminaron mal, pero mal en serio. En esos encuentros, el Presidente no se limitó solo a cuestionar líneas editoriales o enfoques periodísticos, sino que pidió directamente que despidan a ciertos periodistas, entre ellos Carlos Pagni, Hugo Alconada Mon, Joaquín Morales Solá, Jorge Fernández Díaz y Florencia Donovan.

Ahora, una cosa es la crítica de un político a los medios (en el caso de Milei, altisonantes en redes sociales); pero otra, como este caso, es meterse explícitamente en la cocina de un medio privado cuando se vive en democracia.

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Javier Milei ya no se banca el disenso ni de los medios cercanos y ahora exige despidos dentro de La Nación. La escalada incluyó insultos y reuniones tensas con su director. Fuente: LN+

Javier Milei ya no se banca el disenso ni de los medios cercanos y ahora exige despidos dentro de La Nación. La escalada incluyó insultos y reuniones tensas con su director. Fuente: LN+

El episodio más fuerte, siguiendo el testimonio de Lacunza, se dio cuando, después de una discusión que fue subiendo de tono, Milei terminó echando a Saguier de su despacho, con intervención de seguridad incluida, tras decirle: "No vas a volver a pisar este lugar mientras yo sea Presidente". ¿Es que acaso Milei confunde autoridad con imposición?

Lo llamativo es que La Nación no es, precisamente, un medio hostil al Gobierno. Es más, como señala el cronista, el diario muestra una especie de doble carril: por un lado editoriales con una línea bastante alineada con el oficialismo, y por otro una sección política que mantiene una agenda más crítica. A eso se suma LN+, donde sale Luis Majul sosteniendo un tono claramente favorable al Gobierno.

Pero ni siquiera ese equilibrio parece alcanzarle a Milei, que según surge de los hechos, cualquier matiz lo toma como ataque (u "opereta"). En ese sentido, no sorprende que el Presidente haya calificado a periodistas como "sorete" o "hijo de puta" en medio de las discusiones, un lenguaje ya habitual en su forma de vincularse con la prensa.

El "kiosquito" y la excusa perfecta para atacar al periodismo

Detrás del conflicto editorial aparecen los intereses económicos y las disputas de poder. Desde el entorno de Milei sostienen que La Nación responde a su propio "kiosquito", una forma de describir los negocios vinculados al Luna Park o el predio de Costa Salguero, y que con eso pueden justificar cualquier crítica.

Si una nota incomoda, no se trata de desmentirla con datos: es porque el medio tiene intereses ocultos.

En paralelo, durante años circularon versiones sobre vínculos entre el expresidente Mauricio Macri y LN+, y esas sospechas reaparecen cada vez que la agenda del medio se aleja de la línea del Gobierno. Sin embargo, aun si esos vínculos existieran, eso no habilita a presionar ni a condicionar el trabajo periodístico.

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El Gobierno desestima las críticas que recibe de los medios atribuyéndolas a negocios u

El Gobierno desestima las críticas que recibe de los medios atribuyéndolas a negocios u "operetas". Fuente: La Voz

En el medio de todo esto, hubo investigaciones concretas que molestaron en Casa Rosada, como las vinculadas a la criptoestafa $LIBRA, supuestas coimas en la Agencia de Discapacidad (ANDIS) o el patrimonio de funcionarios cercanos al Gobierno. Son temas que en cualquier administración generan sospecha, pero la reacción del oficialismo siempre es la misma: atacar directamente al mensajero (ad hominem) en vez de responder al mensaje.

Ya hubo varios episodios en los que Milei apuntó contra los periodistas, con términos como "ensobrados", "delincuentes" o "basura inmunda". La diferencia es que ahora esa agresividad verbal se trasladó a encuentros institucionales, lo cual eleva el nivel de preocupación.

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Varios indicadores muestran que Argentina presenta serios retrocesos en cuanto a libertad de prensa, reflejados en la represión y violencia a los periodistas (y también silenciamiento). Fuente: Tiempo Argentino

Varios indicadores muestran que Argentina presenta serios retrocesos en cuanto a libertad de prensa, reflejados en la represión y violencia a los periodistas (y también silenciamiento). Fuente: Tiempo Argentino

Según un informe de International Federation of Journalists (IFJ) y otros indicadores, Argentina viene mostrando retrocesos en materia de libertad de expresión, violencia y represión en los últimos años. En ese contexto, episodios como estos son señales concretas de un clima que se vuelve cada vez más áspero para el periodismo.

Al final del día, el punto es qué hace el poder cuando una voz lo arrincona. Porque si cada crítica se responde con enojo, presión o descalificación, el problema claramente no pasa por el contenido de una nota, sino la tolerancia real al disenso en la Argentina de hoy.

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