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“TODO EN SU MEDIDA Y ARMONIOSAMENTE”

Vaca Muerta: Ni tabla de salvación ni aval para la deuda

Jue, 16/01/2020 - 5:40pm
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Era una frase del historiador y ensayista Plutarco, escrita en los frontispicios de la antigua Grecia, que el líder del movimiento que gobierna actualmente el país, el general Juan Domingo Perón, rescató en un discurso y popularizó. Podría ser la adaptación de los dichos del presidente Alberto Fernández sobre Vaca Muerta y una supuesta premura de las petroleras internacionales por la sanción de un marco jurídico que blinde subsidios e incentivos como condición para invertir. El jefe de Estado pretende diferenciar las definiciones de política energética de la reestructuración de la deuda, vinculada a que primero el FMI ponga el gancho con la anuencia de la Casa Blanca para luego negociar con los tenedores de bonos. Lo urge el establishment, por un lado, y los K cinchan en dirección opuesta mostrando caminos alternativos que prioricen los pozos convencionales que explota YPF, con los cuales, además de que su staff tiene expertise para ahorrar dólares mediante el aprovechamiento del compre nacional, obtienen el 80% del crudo que extrae en total la compañía. Las principal reserva del megayacimiento, el gas, está cayendo en desgracias como transición del cambio de matriz energética del contaminante carbón y el petróleo, a las fuentes renovables, como las eólicas y fotovoltaicas.  

Vaca Muerta, la única inversión que provoca interés extranjero en la Argentina.
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Vaca Muerta encierra un potencial apenas explotado por aprovechar, pero ahora se puso en duda que activarla a cualquier precio sea una cuestión de vida o muerte.
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La foto del día de Vaca Muerta no la muestra ni como un bleff, ni como la gran promesa de salvación nacional dormida. 

Es lo que hay: 17 equipos de perforación inactivos desde el congelamiento pos PASO del precio del barril (ya se ve un tercio menos en funcionamiento en el último año), 600 telegramas de despido y un conflicto laboral en suspenso hasta el 28 de enero, que involucra entre 1900 y 3.500 operarios.

A partir de ahí, todo lo que se diga y proyecte para redefinir el megayacimiento, con sus pros y contras, son verdades a medias. 

Ya le sucedió a Mauricio Macri, quien lo tenía como un talismán: la macroeconomía en descomposición inhibía a los inversores, en especial a los extranjeros, pero la imposición de la Casa Blanca, por otra parte, era pasar por Houston antes de llegar a Washington como condición para recibir el alivio financiero del FMI.  

Alberto Fernández asumió con la imperiosa necesidad de poner en funcionamiento la economía popular (pobres, Pymes, empleos precarios) mientras le busca la vuelta a destrabar la deuda, recorrido que empieza, antes que nada, por llegar a algún acuerdo con el Fondo… la duda es: ¿iría desenganchado de Vaca Muerta?

Desde su lugar de presidente de YPF, y con el espinel financiero atrás, Guillermo Nielsen se impacienta en blindar por ley las inversiones energéticas, abrochándolas a la reestructuración de la deuda, mientras los defaulteadores K, con el gobernador bonaerense Axel Kicillof como punta de lanza, no tienen ningún apuro y bajan de cartel cualquier acuciante definición que implique destinar subsidios a las petroleras.

El diálogo entre el Presidente y el periodista Horacio Verbitsky publicado en el portal "El Cohete a la Luna", que más de un dolor de cabeza le costó al responsable de la prensa oficial, Juan Pablo Biondi, es revelador de la disritmia política existente: "Mi impresión es que hay una sobreestimación de la importancia de Vaca Muerta y el shale, que hasta ahora ha rendido muy poco. Ha habido una inversión muy alta por parte de YPF, de unos US$10.000 millones, y sólo explica el 15% de la producción de YPF. En cambio, la recuperación terciaria de los pozos que ya existen, inyectando un polímero, cuesta muchísimo menos y tiene un potencial de producción superior a Vaca Muerta y en un plazo más corto", le dijo Verbitsky, en consonancia con lo que opina la línea gerencial de YPF.

Y el mandatario concedió: "Eso es exactamente así", para enseguida acotar: "Esta observación que vos hacés fue precisamente el primer análisis que me hizo Lanziani" (Sergio, el secretario de Energía), quien goza de la absoluta confianza presidencial aunque no provenga del palo petrolero, sino de la ingeniería nuclear. 

El misionero arbitra, en todo caso, la postura K que expresa el subsecretario de Combustibles, Juan José Carbajales, a quien promovió Kicillof, y la de un Nielsen que, según Fernández, “está enamorado de Vaca Muerta".

Pero no hay que dejar de considerar que a esta cinchada le mete presión el gobernador de Neuquén, Omar Gutiérrez, por lo que representa el megayacimiento para el desarrollo de la provincia y el partido de los Sapag al que pertenece, que detenta el poder.

A todo ésto, CFK le atiende el teléfono a un experto al que respeta mucho, como el ex titular de YPF, Miguel Galuccio, quien coincide con Nielsen en que hay que darle como sea manija al shale, pero la vicepresidenta no deja de tomarlas con pinzas porque vienen de la boca de un interesado directo en la explotación de los no convencionales, por ser el dueño de Vista Oil & Gas. 

La prematura renuncia del subsecretario administrativo, Maximiliano Galli, no escapa a esta interna ya detonada en el área energética nacional, a la que también agregan su granito de arena los equipos técnicos del PJ que quedaron afuera del primer reparto de cargos.

Corriendo de apuro

Está a la vista que el jefe de Estado necesita ganar tiempo a fin de evitar que la inversión de las petroleras para fracturar, los valores de extracción, la ley del blindaje, la infraestructura, las tarifas pesificadas, los subsidios, el lobbyng de la Casa Blanca para que se les concedan obras a las compañías estadounidenses, la auditoría del FMI y la reestructuración de la deuda pública no se le compacten en un mismo paquete, al que le pongan el sello de trámite urgente. 

La cuestión inicialmente pasa por los dólares y los subsidios. antes que por las inversiones, que van para largo. Inclusive, en los últimos 5 años promediaron US$3.000 millones y recién para 2020 se habían programado US$5.000 millones.

La relación entre inversiones y subsidios ha sido demasiado directa. En 2015 habían sido de US$ 5.109 millones y $11.900 millones de aporte fiscal (17%); en 2016, US$ 3.266 millones y $43.000 millones (80%); en 2017 US$ 3.468 millones y $21.900 millones (33%); en 2018 US$ 4.530 millones y $19.524 millones (11%) y; el estimado de 2019 apuntaba a US$ 5.343 millones y los fondos estatales bajaron a 12%.

En moneda local, entre 2014 y 2019 las petroleras recibieron del Estado $146.912 millones.

El replanteo sobre lo que sigue, en medio del actual parate, toma en cuenta que los cuellos de botella en el transporte y la exportación, tanto para el petróleo como para el gas, respectivamente, se tornaron más que ostensibles, como consecuencia de que la producción ya estaría cerca del máximo de capacidad y disponibilidad para 2020-2023.

Hasta que el mercado no se amplíe, se imponen encarar millonarias obras en transporte y hasta una planta de GNL en puerto, también onerosa y a no menos de 5 años de construcción, que no tendrán cabida sí, en rigor, los subsidios se necesitaban como impulso y mucho menos si los fondos públicos constituían la raison d´etre.

La Administración Macri tuvo la oportunidad de avanzar con recursos del Banco Mundial, pero no aceptó la condición que intentaron imponerle de hacer las obras con consultoras y proveedores designados por la institución multilateral.

Equidistante de gritas, el director del Centro de Estudios de Energía, Política y Sociedad (Ceepys), Víctor Bronstein, puso los puntos sobre las íes en declaraciones a Página 12: “con Vaca Muerta el autoabastecimiento de gas y petróleo estaría garantizado, el problema es que la Argentina sola no tiene plata para desarrollar el yacimiento. Nos guste o no, necesitamos las inversiones de las petroleras internacionales”.

El experto explica además por qué la actividad necesita ser subsidiada: que los valores que las empresas declaran necesitar para producir petróleo y gas no convencionales son más altos que en otros países, y asimismo, como no hay una demanda interna el mercado interno no es suficiente que le dé “escala” al proyecto, se cae de maduro la alternativa de exportar. 

En el caso querer enviar gas natural a países con los cuales no se tiene contacto por gasoducto (todos menos Brasil, Chile y Uruguay), sería prioridad erigir una planta que pueda transportar por barco el gas a estado líquido, cuya inyección de capital no bajaría de US$5000 millones.

Es que, por un lado, los hidrocarburos no convencionales tienen unos costos de producción altísimos y exigen una perforación de pozos permanente ya que su rendimiento, alto en principio, enseguida empieza a caer. 

Y como ese flujo de dinero no está disponible en el país, se estuvo cubriendo, en parte, con subsidios (desde el Plan Gas de Kicillof, hasta la Resolución 46 de Aranguren) y por otra, con tarifazos. 

El meollo de la discusión con las petroleras del exterior, una vez superado el escollo macroeconómico que las ha venido inhibiendo de participar, sería la rentabilidad en dólares que se quieren asegurar y las condiciones que exigen para ello.

Vaca Muerta encierra un potencial apenas explotado por aprovechar, pero ahora se puso en duda que activarla a cualquier precio sea una cuestión de vida o muerte.

Apareció entre cortes y quebradas, como en el tango, la explotación convencional, que exprime hidrocarburos de las napas mediante inyecciones primarias, secundarias y terciarias hasta dejar los pozos exhaustos.

YPF ha sido pionera en esa técnica y la línea gerencial lo tiene tan claro que acude a bienes de capital nacionales para realizar las tareas, a diferencia del fracking donde los equipos son principalmente importados. 

El argumento es contundente cuando si algo no sobran son divisas. 

Aunque la petrolera de bandera, líder en producción, refinación y abastecimiento de naftas, haya venido invirtiendo casi en forma excluyente en Vaca Muerta, todavía llena muchos más tanques con el crudo convencional que con el shale, La proporción es de 8 a 1, aunque en algunos yacimientos ya anda por la etapa terciaria. En productividad ni en calidad, claro está, el crudo pesado que obtiene es comparable al no convencional.

Pero como por ahí aún están los revolving en la cuenca de San Jorge y la top, Loma de Campana, que ya andan por la 3ra vuelta, queda mucha leche negra por ordeñar. 

Alineándose con la estrategia aplicada para el shale en USA, Argentina mantuvo un incentivo alto para el gas y, en poco tiempo, primero logró atender la demanda interna y luego posicionarlo para cubrir una transición de la matriz energética hacia los recursos renovables, como ya sucede en los países escandinavos, a fin de reemplazar en el resto del mundo el carbón, que contamina mucho más que los otros combustibles fósiles.      

El tendido del gasoducto ruso que atraviesa Europa, que se suma al que lleva el fluido a uno de los grandes consumidores, China, y puede abastecer a la franja de Turquía, Grecia, los eslovenos, balcánicos y nórdicos, desmoronó el precio de los cargamentos americanos y descolocó futuras contribuciones australes a la oferta. 

El millón de BTU a US$7,50, que había sido establecido para el gas de Vaca Muerta y que causó un cortocircuito contractual con el holding Tecpetrol, del grupo Techint, ni el gobierno anterior, ni el actual, ni siquiera el FMI, están dispuestos a seguir sosteniéndolo. 

Justificar esos elevados niveles con una larga transición hacia las energías alternativas tampoco convence a los especialistas, y Bronstein lo destacó: “Se espera que para el 2050 el 70% de la matriz energética seguirá teniendo que ver con los hidrocarburos”.