EXCLUSIVO 24

SUMADO A LA ESCASEZ DE VACUNAS

3,4 millones de muertes después, no existe un antiviral para Covid

A diferencia de las vacunas, que deben activar el sistema inmunológico, un medicamento eficaz debe bloquear la propagación del virus sin interferir con las células sanas.

Cuando el coronavirus comenzó a expandirse por el mundo y la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaraba la pandemia, las farmacéuticas reunieron equipos para desarrollar vacunas y medicamentos antivirales. 

PfizerMerck & Co Roche fueron las principales compañías que se propusieron crear un fármaco capaz de detener la replicación del Sars-coV-2 en el cuerpo. 

Pero la competencia se dilató y al segundo año de pandemia todavía hay un vacío terapéutico para la primera etapa de la infección por COVID-19, en la que se evite el cuadro grave y la hospitalización.  

Luego de casi 18 meses de pandemia, 3.432.711 muertos 165.093.780 contagios, aún no existe un antiviral fácil de administrar que haya demostrado ser efectivo contra el coronavirus.

La diferencia entre vacunas y antivirales  

Las vacunas deben activar al propio sistema inmunológico del cuerpo. Es decir, deben entrenar a las células humanas para reconocer y atacar las proteínas “pico” del coronavirus.  

Por su parte, una píldora antiviral debe bloquear la propagación del virus y, al mismo tiempo, ser lo suficientemente selectiva para evitar interferir con las células sanas. 

En este sentido, las pruebas requeridas antes de comercializar un medicamento antiviral son complejas. En primer lugar, las farmacéuticas deben encontrar participantes en el ensayo que hayan contraído recientemente COVID-19 y estén al principio de la enfermedad. 

Dadas las altas tasas de vacunación en algunas regiones, los ensayos deben ubicarse en países donde la enfermedad todavía está en aumento. 

Por otro lado, la mayoría de las personas infectadas solo desarrollan síntomas leves, por lo que los estudios deben demostrar que el medicamento tiene un impacto significativo en la salud del paciente.  

Otra de las grandes diferencias entre los antivirales y las vacunas, es que los primeros no recibieron financiación pública para ser diseñados, lo que también ralentiza el proceso. 

Con todo, las grandes farmacéuticas consideran que el proceso de desarrollo ha sido mucho más rápido que en años normales. De hecho, Pfizer ha dicho que podría solicitar una autorización de emergencia en Estados Unidos para una pastilla de COVID-19 tan pronto como a fines de este año. 

Merck y Roche comenzaron recientemente ensayos en humanos y también han dicho que sus medicamentos podrían estar listos a finales del 2021.

 

Una enfermedad estacional  

En gran parte del mundo no se vacunará a toda la población de aquí a varios años y en países con altas tasas de inoculación surgen escépticos a recibir su dosis.  

En este contexto, el escenario más probable según los especialistas, es que el coronavirus se vuelva una enfermedad estacional, similar a la gripe. 

Actualmente, el tratamiento para COVID-19 incluye esteroides y/o antiinflamatorios que controlan los síntomas de la infección, aunque no se dirigen al virus en sí. Ningún antiviral ha tenido éxito aún en pruebas clínicas rigurosas. 

En marzo, Pfizer inició ensayos en humanos en Estados Unidos de su tratamiento oral experimental COVID-19, conocido como PF-07321332.  

El candidato de Merck, llamado molnupiravir, tuvo recientemente un revés y ya no será probado en pacientes hospitalizados sino en quienes hayan tenido síntomas por menos cinco días y con al menos un factor de riesgo. Podría tener datos definitivos para septiembre u octubre. 

Roche espera los resultados de las pruebas antes de finales de este año de su fármaco AT-527 para pacientes que experimentan síntomas durante menos de cinco días.  

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