CIENCIA
En búsqueda de la felicidad: ¿Pueden los genes impedirnos ser felices?
Hasta hace poco, los científicos creían que el 50% de nuestra felicidad estaba condicionada por los genes. Luego dicha hipótesis se cuestionó. ¿Qué se sabe hoy?
En aquel entonces se creía que el 50% de la felicidad estaba dada por el ADN, un 10% venía determinado por el ambiente y otro 40% dependía de cuán optimista o pesimista fuera la persona.
Pero rápidamente, el planteamiento se encontró con grandes críticos.
Se llevaron a cabo ensayos con gemelos y trillizos para entender cómo la genética podía cambiar la predisposición a ser felices en un mismo ambiente.
Para sorpresa de muchos, se observó que incluso en las mismas condiciones, dos personas podían tener grandes diferencias en su desarrollo y emocionalidad.
Entonces, ¿pueden los genes impedir encontrar la felicidad? Un artículo de Oriana Linares para Tekcrispy repasa el estado de la evidencia científica en torno al concepto de felicidad.
Felicidad y genes
En realidad, el factor determinante no es ni el ambiente, ni los genes, dado que por sí mismos ninguno puede influenciar tanto.
De hecho, según se ha observado, la verdad sobre el asunto podría yacer en el trabajo conjunto de ambos elementos.
En estudios anteriores, se ha visto que condiciones como el dinero, cambios en la dieta o los ambientes naturales circundantes pueden tener una influencia, pero no son suficientes para determinar nuestra felicidad por completo.
Cada uno de estos factores tiene un peso particular sobre la felicidad, pero podemos recibirlos de forma diferente dependiendo de nuestros genes y de una característica reconocida como “sensibilidad ambiental”.
Sensibilidad ambiental
El concepto de la sensibilidad ambiental y la felicidad combina lo que se creía saber sobre los genes con el efecto que el ambiente puede tener en ellos.
Estudios tempranos han comprobado que los cambios ambientales experimentados por las madres pueden terminar modificando la expresión genética de sus hijos.
Por lo que, los genes y el ambiente se encuentran entrelazados de tal modo que el funcionamiento de uno está hasta cierto punto influenciado por el otro.
Ahora bien, la genética de cada persona responde de forma distinta al ambiente.
Es allí donde se fortalece la idea de que la sensibilidad ambiental de los genes (su capacidad de adaptarse a los cambios del ambiente) podría estar ligada con la felicidad de las personas.
En este sentido, una persona más sensible puede ser más receptiva a la positividad de las terapias, charlas motivacionales, libros de autoayuda, etc.
Del lado opuesto, la misma característica hace que pueda estar más expuesto a lo negativo.
Con un esfuerzo consciente de rodearse de positividad, las personas más sensibles también podrían volverse más positivas y felices. Algo que además podría durar a largo plazo en comparación con las personas que tienen poca sensibilidad ambiental.














