FOCO padre > muerte > cáncer

REINHOLD MAINHARD

Muerte del padre, trascendencia, eutanasia y Dios

Agonía y muerte de un padre evoca recuerdos, provoca compromisos y actualiza propósitos en este turbulento siglo 21.

Nosotros -Cristian y yo- crecimos convencidos de que nuestro padre era inmortal. La muerte era una realidad que convocaba a otros, jamás llegaría a él porque Reinhold tenía la costumbre de siempre estar. Seguimos creyéndolo ahora que él acaba de dormirse, aunque ya de otra manera.

La humanidad se plantea llegar a Marte pero no consigue resolver el enigma del cáncer. Otra demostración de que nunca estamos en lo importante, nuestras respuestas son tardías, y nosotros, habitantes del planeta que maltratamos, respondemos sólo después de las pérdidas y casi siempre con egoísmo.

Mi viejo me deja una herencia intangible pero con certeza es cuantiosa. Para comenzar, de menor a mayor, el descubrimiento de la ficción como género literario. Recuerdo que entre el final de los '60 y el inicio de los '70, cuando mi madre sólo me regalaba biografías de aquellos que ella valoraba, mi padre me abrió la puerta a descubrir otros personajes. Aquella aventura fascinante incluyó a Nippur de Lagash y otros personajes de Robin Hood y Lucho Olivera, y toda una generación de maravillosos creadores.

Otra herencia que me dejó Reinhold fue la devoción por la información política. A mis 11 años me introdujo en la lectura de todo tipo de publicaciones. Desde 'Propósitos', de Leónidas Barletta; a 'Militancia', de Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Duhalde; 'Redacción', de Hugo Gambini -revista con la que colaboré años después, mientras estudiaba Periodismo-, los pasquines del PRT/ERP, Montoneros, la Juventud Sindical y hasta 'Cabildo', etc. etc. Mi padre no era ni de derecha ni de izquierda pero decía que no se trataba de coincidir sino de informarse en días confusos.

Su enseñanza fue casi casi un éxito pero a los 12 años yo era un bicho raro porque no sabía qué hacer con toda ese bagaje. Con mis amigos del barrio sólo se trataba de jugar a la pelota. Obvio.

Un valor esencial que me inculcó mi padre fue la valentía en favor de las personas que aprecio, no importa el costo a pagar ni el qué dirán. Y lo demostró aquella vez que mantuvo escondido al cartero del barrio, 3 semanas en una portería de un edificio del barrio Provincial, en Avellaneda. El prófugo era del ERP y lo buscaban con intensidad luego del fallido ataque al Regimiento Viejo Bueno. Me enteré que estaba ahí porque fui a buscar revistas para leer. Reinhold tampoco fue explícito hasta que pasaron varios años. "Es una buena persona", fue la explicación del momento. Jamás se entrega a las buenas personas ni se patea a alguien que está en el suelo.

Del otro lado de la Grieta que siempre existió, ya convertido en un predicador laico, él aceptó darle estudios bíblicos a un jefe de interrogatorio de un centro clandestino de detenidos-desaparecidos porque el hombre le dijo que estaba atormentado espiritualmente. Recuerdo haberlo acompañado una vez porque me provocaba curiosidad el relato pero más me sorprendió la colección de armas de fuego. Tiempo después, mi padre me dijo que el hombre había decidido privilegiar su trabajo específico. Siempre le quedó la duda acerca de si fue un espía en misión de conocer en qué andaban esos cristianos.

También recuerdo que a los 21 años me agarró una locura y me fui a conocer la España de la apertura posfranquista. Lo mío fue de mal en peor, malgasté el canuto y un día estaba ya de mendigo en Benalmádena. Desesperado por la falta de pesetas (todavía no existía el euro), llamé a mi padre y me envió un giro sin preguntar nada, para que no pasara necesidad y volviera a casa. Ingresé a Clarín aquel marzo de 1981. Él supo esperar mis tiempos para que le relatara más o menos lo que había ocurrido. La paciencia es un valor tan decisivo como el amor y la misericordia.

Sin embargo, lo más importante que me ha dejado mi padre es la idea de la trascendencia. No somos sólo lo que creemos que somos. Somos hijas e hijos de Dios. Él creyó esto y lo practicó, un atributo que resulta un faro en la noche de este siglo 21.

IMG-20230114-WA0005.jpg

El propósito

De todos modos, este obituario tiene otros motivos.

Por un lado, recordar que la vida cambia sin pedir permiso. No toca a la puerta, y es esencial estar preparado. A Reinhold lo llevé a un prequirúgico el martes 03/01 para reemplazo de cadera izquierda con ingreso a quirófano previsto para el miércoles 04/01 a las 15:30 pero debía presentarse a las 14:30.

Sólo faltaba la placa de rayos X de torax. Entonces apareció la imagen de pulmones dañados y el anestesista decidio postergar la cirugía y reclamó una tomografía. En el día y la hora que debía concretarse la intervención quirúrgica suspendida, el neumonólogo me informó que mi padre padecía una metástasis muy avanzada. Tomografías y placas complementarias confirmaron el daño total e irreparable. Aquella noche la dificultad respiratoria llevó a la guardia hospitalaria el día siguiente y luego a la internación por descompensación de sodio. Así fue como cuando habíamos agendado que él comenzaría la rehabilitación kinesiológica, estábamos encargando un ataúd.

El oncólogo mencionó lo de " una vela que se apaga" e iniciamos el proceso de sedación con morfina. Falleció a la 1:30 del sábado 14/01 y dejó un vacío abrumador. Hay que vivir preparado para la emboscada de lo sorpresivo e inevitable, eludiendo en todo lo posible a nuestra vanidad que nos confunde y fabrica trincheras que son un laberinto. Por ese motivo la trascendencia es esencial ya que la coyuntura termina en incertidumbre.

Por otra parte, la importancia de concretar la eutanasia, entendiéndola como el derecho a una muerte digna, en paz.

Con todos los estudios posibles ya realizados, carece de sentido aferrarse a la No Vida. La legislación debería contemplar la necesidad de no atormentar al paciente.

Hoy día, la morfina apunta a conducir al paciente hacia lo que se denomina "falla multiorgánica", que es lo que provoca el deceso. Pero esto, que puede ocurrir en horas o en días, debería evitarse en nombre de la calidad de vida y de la dignidad humana.

Es llamativo que quienes deben legislar demoren tanto en resolver una cuestión tan importante. Creer que la muerte digna es una afrenta al juramento hipocrático de todo médico o una transgresión a las creencias religiosas, no resiste un debate ante la sociedad. Y revela una crueldad temeraria, además de un desconocimiento de qué trata la religión.

Reinhold quería llegar a los 90 años pero se fue 3 meses antes. Una lástima porque él estaba increíblemente lúcido pese a sus dificultades en audición y visión. Que su convicción en el amor y la misericordia de Dios tenga recompensa.

Enterate de todas las últimas noticias desde donde estés, gratis.

Suscribite para recibir nuestro newsletter.

REGISTRATE

Dejá tu comentario