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NACIÓ HACE 116 AÑOS

Atahualpa Yupanqui: travesía de un alma errante por las tierras del folklore

Atahualpa Yupanqui, leyenda del folklore argentino, nació el 31 de enero de 1908. Su guitarra contó las historias de la tierra que amó.

En conmemoración del natalicio de una leyenda del folklore argentino, se celebra el 116 aniversario del nacimiento de Atahualpa Yupanqui. Más que un artista, fue un poeta errante que hilvanó las cuerdas de su guitarra con las historias de la Argentina profunda. Su vida, llena de pasión y resistencia, nos deja un legado eterno de música y poesía.

Antes de Atahualpa Yupanqui, era Héctor Chavero

Atahualpa Yupanqui, nacido como Héctor Roberto Chavero el 31 de enero de 1908, emerge en el rincón campestre de Campo de la Cruz, Buenos Aires. Desde sus primeros años, la música llamó a su puerta, desviándolo del violín al abrazo de la guitarra gracias al maestro Bautista Almirón.

En 1913, el joven talento adopta el nombre Atahualpa en honor al último Inca y agrega Yupanqui, que significa "el que vino de lejanas tierras a contar". Su identidad se convierte en un poema viviente, reflejo de sus travesías.

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En Tucumán, su corazón encuentra hogar y nace la inspiración para composiciones icónicas como "Camino del indio". La década del treinta lo lleva a grabar para RCA Víctor, pero su compromiso político en 1945 lo enfrenta al ostracismo, prohibiciones y detenciones. Sin embargo, sus años de retiro en Cerro Colorado y viajes a Europa gestan un renacimiento artístico.

El folklore de Don Ata vuela internacionalmente

En la bohemia parisina, Atahualpa Yupanqui conquista corazones y comparte escenario con Edith Piaf, obteniendo el premio de la Academia Charles Cross en 1950. A pesar de su afiliación comunista, renuncia en 1952 para levantarse la proscripción en 1953. La década de los sesenta lo consolidan con renombre global.

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A pesar de que Atahualpa Yupanqui dejó el mundo en 1992, su legado musical sigue sonando como uno de los máximos exponentes del folklore.

A pesar de que Atahualpa Yupanqui dejó el mundo en 1992, su legado musical sigue sonando como uno de los máximos exponentes del folklore.

Los reconocimientos y homenajes le llueven desde Cosquín hasta Japón. Su esposa, Nenette, fue su compañera inseparable. Don Ata partió en 1992, pero su legado resuena en los festivales, calles y corazones que vibran con la poesía y la música de un alma errante que, a través de las cuerdas de su guitarra, contó las historias de la tierra que amó.