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Amor y sexo en la Antigua Grecia: Donde el matrimonio era más negocio que romance

En la antigua Grecia, el matrimonio era más un deber que amor, y el sexo libre para hombres, mientras que las mujeres vivían bajo estrictas normas de fidelidad.

Para los griegos antiguos, el amor, el sexo y el matrimonio no eran como los conocemos hoy. Entre los rituales, las reglas y los roles de género marcados, las relaciones en Grecia eran un mundo complicado y muy diferente al actual, donde los hombres y mujeres vivían experiencias muy distintas en lo que respecta a pareja, deseo y familia.

Matrimonio: Un poco de deber y otro poco de conveniencia

El matrimonio en la antigua Grecia no era un acto de amor como lo conocemos hoy. Si te imaginás que el amor romántico iba a ser el centro de las bodas, lo cierto es que no era ni cerca. Para la clase alta, el casamiento era más una cuestión de negocios que de afecto. Los matrimonios servían para unir familias, aumentar la riqueza y asegurar el poder político. Así que, en vez de tener mariposas en el estómago, lo que se buscaba era asegurarse una alianza sólida, algo mucho más pragmático que emocional. El amor, si llegaba, era un extra, pero no la razón principal para casarse.

En Atenas, por ejemplo, las chicas se casaban a los 12 o 13 años, muchas veces con hombres mucho mayores, que rondaban los 30. Y ojo, las mujeres no tenían ni voz ni voto en la elección de su pareja. Esa decisión la tomaba el padre, quien también se encargaba de la dote: una especie de garantía económica que le daba al novio la "autorización" para casarse. Como podés imaginar, la idea de que el matrimonio se basara en el amor no era ni un tema que se considerara.

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El matrimonio en la antigua Grecia era una alianza estratégica, no basada en el amor. Se buscaban lazos familiares, y las mujeres eran casadas jóvenes, sin voz en la elección de su pareja.

El matrimonio en la antigua Grecia era una alianza estratégica, no basada en el amor. Se buscaban lazos familiares, y las mujeres eran casadas jóvenes, sin voz en la elección de su pareja.

La ceremonia en sí era todo un rito, con un gran desfile: la novia era acompañada por su familia hasta la casa del novio, con música, danzas y sacrificios a las diosas. En Atenas, se sacrificaba a Hera, la diosa del matrimonio, y a Artemisa, la diosa de la virginidad, para asegurar que el enlace fuera próspero. Lo más simbólico de todo, sin embargo, era el retiro del velo de la novia, que representaba su transición de niña a esposa. La vida de la mujer después de esa ceremonia era bastante limitada: quedaba relegada al hogar, cuidando a los hijos y manejando las tareas domésticas. No se esperaba que hiciera mucho más.

Amor y sexo: libertad para los hombres, restricciones para las mujeres

Si pensás que el amor no tenía lugar en el matrimonio, entonces el concepto de sexo en la antigua Grecia tampoco se parecía mucho a lo que imaginamos hoy. Para los hombres, la sexualidad estaba completamente liberada de las restricciones morales. Si un hombre quería tener amantes o concubinas, era parte de su rol social. No había escándalo, al contrario: tener una amante era casi una necesidad. Las hetairai, unas mujeres muy educadas que no eran prostitutas comunes, eran contratadas para estos fines durante los simposios, esas fiestas donde se comía, bebía y se conversaba de todo. Además de ofrecer su compañía en la cama, estas mujeres también eran expertas en música, danza y filosofía. El sexo, entonces, era una forma de entretenimiento y también de socialización para los hombres.

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Los hombres griegos disfrutaban de libertad sexual, con amantes y concubinas. Las relaciones homosexuales entre adultos y jóvenes eran comunes, considerándose una forma de educación y socialización dentro de la élite.

Los hombres griegos disfrutaban de libertad sexual, con amantes y concubinas. Las relaciones homosexuales entre adultos y jóvenes eran comunes, considerándose una forma de educación y socialización dentro de la élite.

Pero para las mujeres, la historia era otra. La sexualidad femenina estaba completamente controlada. En la Atenas clásica, la mujer debía ser fiel a su esposo, y cualquier desliz significaba la exclusión social, o incluso algo peor. El caso más emblemático de esta fidelidad es el de Penélope, la esposa de Ulises en la Odisea. Durante 20 años, Penélope esperó el regreso de su marido, rechazando a cientos de pretendientes que querían casarse con ella. Su fidelidad se celebraba como el ejemplo perfecto de lo que debía ser una mujer griega. Si una mujer no mantenía esa fidelidad, la sociedad no dudaba en condenarla.

Por otro lado, las relaciones homosexuales entre hombres también eran comunes, pero con una vuelta: se trataban principalmente de relaciones pederastas, en las que un hombre adulto (el erastés) se relacionaba con un joven (el erómenos), una relación que se justificaba socialmente como una especie de "educación". Estos vínculos eran bien vistos, especialmente entre la clase alta, ya que se entendían como una preparación para ser un buen ciudadano. A estas relaciones se les daba un enfoque filosófico y de transmisión de sabiduría, aunque por supuesto también incluían un componente sexual.

Ahora, las mujeres también tuvieron sus momentos de libertad en el amor, aunque esto era un lujo muy restringido. Safo, la famosa poeta de Lesbos, rompió con las convenciones de su tiempo escribiendo sobre el amor entre mujeres. En sus poemas, Safo plasmó tanto la belleza como el dolor de amar a otra mujer, y sus textos siguen mostrando la complejidad de los sentimientos humanos. A través de sus versos, dejó claro que el amor puede ser tan intenso y contradictorio como cualquier otra emoción.

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El amor entre mujeres fue explorado por poetas como Safo, cuyas obras revelan la intensidad emocional de estas relaciones. Sin embargo, la sociedad no las aceptaba de manera abierta como las de los hombres.

El amor entre mujeres fue explorado por poetas como Safo, cuyas obras revelan la intensidad emocional de estas relaciones. Sin embargo, la sociedad no las aceptaba de manera abierta como las de los hombres.

En resumen, en la antigua Grecia el amor y el sexo eran campos de batalla muy diferentes para hombres y mujeres. Mientras los primeros disfrutaban de una libertad casi total en cuanto a relaciones fuera del matrimonio, las mujeres tenían que ceñirse a estrictos códigos de fidelidad y decoro. Una sociedad marcada por grandes contrastes y normas muy particulares, que hoy nos parecen tan ajenas, pero que nos siguen enseñando mucho sobre las complejidades de las relaciones humanas.

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