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"Odio a los hinchas, no al fútbol"

Umberto Eco, su amor por el fútbol y su odio por los fanáticos

Umberto Eco criticaba el fanatismo futbolístico. Consideraba que no permitía a los hinchas entender que otros no comparten su pasión.

El escritor y semiólogo italiano Umberto Eco, conocido por obras como “El nombre de la rosa” o “El péndulo de Foucault”, fue un apasionado del análisis y la crítica cultural. A pesar de su distanciamiento del fútbol, el nacido el 5 de enero de 1932 dejó algunas reflexiones críticas que apuntaban directamente al fanatismo que lo rodea.

El estadio como lugar sagrado

En su ensayo “El mundial y sus pompas”, Eco comparó la ocupación de un estadio con la ocupación de una catedral, subrayando la sacralización del mismo y la extraña inmunidad que rodea al fútbol. “Se puede ocupar una catedral y sólo habrá algún obispo que proteste… Pero si alguien ocupase un estadio, nadie sería solidario”. Una metáfora que se condice con apodar como “templo” a los estadios de fútbol, y que revela la peculiaridad de la reacción ante la transgresión en el ámbito deportivo.

Umberto Eco comparó la ocupación de un estadio con la de una catedral y la sacralización que tiene la cancha.
Umberto Eco comparó la ocupación de un estadio con la de una catedral y la sacralización que tiene la cancha.

El erudito italiano, a su vez, criticó la desproporción en la percepción social de los actos de rebeldía. Mientras ocupar una catedral puede tener diversas respuestas, la ocupación de un estadio es repudiada de manera unánime. Señalando que “La Iglesia, la Izquierda, la Derecha, el Estado, la Magistratura, los Chinos, la Liga por el Divorcio y los Anarcosindicalistas, todos pondrían al criminal en la picota”, Eco destaca cómo el fanatismo puede desencadenar reacciones extremas y, al mismo tiempo, revela las contradicciones en la sociedad.

Umberto Eco: “Odio a los hinchas, no al fútbol”

En 1990, durante la celebración del Mundial de Italia, Eco publicó un artículo titulado “Cómo no hablar de fútbol”, en el que dejó clara su postura contra el fanatismo enfermizo que rodea al deporte. “No tengo nada contra el fútbol. No voy a los estadios… pero, si se presenta la ocasión, veo un buen partido con interés y placer en la televisión”. Además de separar su crítica del deporte, confiesa breve y concisamente: “Yo no odio el fútbol. Yo odio a sus fanáticos”.

Eco reveló su odio por los fanáticos del fútbol, al quienes considera incapaces de entender que otros no comparten su entusiasmo.
Eco reveló su odio por los fanáticos del fútbol, al quienes considera incapaces de entender que otros no comparten su entusiasmo.

Su ensayo hace hincapié en la paradoja de su posición, rechazando la actitud irracional de aquellos que idolatran al fútbol, sin repudiar al deporte en sí. Según la opinión del intelectual, “el hincha tiene una extraña característica: no entiende por qué tú no lo eres e insiste en hablar contigo como si lo fueras”.

A través de anécdotas personales, Eco ilustra su desdén por la insistencia del hincha en dialogar como si todos compartieran su pasión, criticando la intransigencia de algunos fanáticos. No es que a él no le importe nada que a mí no me importe nada. Es que no puede concebir que a alguien no le importe nada. No tiene ni siquiera noción de la diversidad, variedad e incomparabilidad de los mundos posibles.”.

La crítica mordaz de Eco al fanatismo futbolístico es un ejemplo de su aguda visión crítica de la sociedad. El escritor italiano, con su ingenio y su sentido del humor, denuncia una realidad que, a pesar de los años, sigue siendo tan actual como entonces.