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ECONOMÍA

La inflación de Martín Guzmán en 2022, ¿la meta o el piso?

En el presupuesto 2022 enviado al congreso, el ministro Martín Guzmán preveía una inflación del 33%, ¿será alcanzable tal objetivo, o sólo el piso de algo peor?

El ministro de economía, Martín Guzmán, en su fallido proyecto de ley de presupuesto 2022 enviado, tratado y rechazado en el congreso, estimaba para el año próximo una meta inflacionaria del 33% anual, una cifra que representaría una reducción de casi 20 puntos porcentuales de la actual inflación del año 2021, que podría alcanzar en el mes de diciembre una cifra cercana al 50% desde que empezó al año. Pero a la luz de los hechos, ¿podrá Argentina reducir las presiones inflacionarias de su economía, y la gente ayudar al gobierno incrementando la demanda de pesos para que así sea? O, como sucede históricamente, ¿será que los argentinos seguiremos rechazando los pesos cansados de la estafa del impuesto inflacionario?

guzman fernandez
Alberto Fernández y Martín Guzmán. La inflación de 2022 será clave no sólo para la economía y su recuperación, sino también lo será de cada a las elecciones presidenciales de 2023.

Alberto Fernández y Martín Guzmán. La inflación de 2022 será clave no sólo para la economía y su recuperación, sino también lo será de cada a las elecciones presidenciales de 2023.

El pasado 14 de diciembre el INDEC publicó su informe técnico mensual sobre el Índice de Precios al Consumidor correspondiente al mes de noviembre de 2021, en el cual se mide a nivel regional y nacional el impacto de la inflación en los distintos bienes y servicios que miden el impacto del alza de precios que deben afrontar en sus hogares los argentinos. El gobierno nacional, en ese entonces, tomó como victoria que el IPC para el mes de noviembre haya dado un incremento de precios de tan solo el 2,5%, lo cual representó una desaceleración de un 1% con respecto al mes de septiembre en el cual el índice inflacionario se sitió en el 3,5%.

Tal alivio por parte de los dirigentes oficialistas no debió ser tal, ya que la inflación núcleo se mantuvo inalterada, y es esta medición la cual es la más representativa sobre la tendencia de los precios en el mediano y largo plazo. La inflación núcleo es una medición de la variación de precios que lleva a cabo eliminando el impacto que pueden tener los precios regulados (tarifas de luz, gas, agua, teléfono, el transporte, etc.), los cuales son fijados por el propio Estado; además, en este índice también se eliminan los efectos que pueden llegar a tener sobre los bienes y servicios aquellas variables como pueden ser la estacionalidad (frutas y verduras, indumentaria de verano o invierno, etc.). De este modo, la inflación núcleo provee una señal "limpia" de todo tipo de variables que pueda nublar el juicio sobre la tendencia de los precios, ya sea al alza o a la baja, y nos da una idea hacia dónde y a qué velocidad éstos están variando.

Ahora sí podemos comenzar a tener un panorama más claro sobre el camino que viene siguiente la inflación en nuestro país, y más aún, intentar estimar si las predicciones de nuestro ministro de economía sobre el nivel inflacionario esperado para el año 2022 pueden ser cumplidas, o, por el contrario, sólo denotan el piso inflacionario que se espera, y cuya intención de tal apuesta no sirve otro propósito más que continuar ahogando al sector privado con más impuesto inflacionario.

En los últimos tres meses, el propio INDEC a través de sus informes técnicos publica los datos mensuales correspondientes a su Índice de Precios al Consumidor, en el cual el dato que se lleva la atención de gran parte de los medios es justamente variación mensual de precios de un mes a otro. Poco se detienen en analizar la tendencia que va marcando la Inflación Núcleo, que muestra trayectoria un poco más limpia sobre la realidad de nuestra crisis inflacionaria. En el mes de septiembre, la inflación núcleo se midió en torno al 3,3%, mientras que la variación mensual fue del 3,5%. Hacia el mes de octubre, la inflación núcleo fue medida con un baja marginal del 0,1%, alcanzando un 3,2% con respecto al mes de septiembre, mientras que la variación mensual nuevamente repitió el 3,5% con respecto al mes precedente. Ahora, en el mes de noviembre, la variación mensual fue medida en torno al 2,5%, cayendo alrededor de un 1% con respecto a los meses anteriores, lo cual fue celebrado por el gobierno, pero la inflación núcleo nuevamente se mantuvo casi inalterada, marcando una suba del 3,3%.

Durante tres meses consecutivos, la inflación núcleo marcó en septiembre, octubre y noviembre, un 3,3%, un 3,2% y un 3,3% respectivamente. Estos datos no son poco relevantes, ya que de mantenerse en estos niveles, la señal que nos está dando esta tendencia es que Argentina continua viajando en una senda inflacionaria que se sitúa muy cercana al 47% de inflación anual. Nobleza obliga, este cálculo es una estimación sobre la velocidad a la que se encuentra actualmente viajando la inflación argentina, para llegar a tales niveles inflacionarios, debería de mantenerse la tasa de inflación mensual por encima del 3% mensual. Además, debido a que en el ámbito monetario la inflación depende de la confianza que los agentes le tienen a su moneda y de la tasa de emisión monetaria por encima de la demanda de mercado, tal estimación podría bien quedarse corta, y que la inflación sea peor, o fallar por completo y exagerar el fenómeno, lo cual resultaría en una menor variación de precios para 2022.

Pero con las miradas puestas en el año 2022, ¿es posible que se reduzca la inflación sin atacar la verdadera problemática? ¿Es posible una reducción de la inflación sin eliminar la emisión monetaria, lo cual significaría acabar con al monetización del déficit? El ministro Martín Guzmán fue consultado sobre cómo enfrentará la inflación el año entrante, a lo cual respondió que se utilizará "como un elemento más de una política antinflacionaria integral, poder acordar con el sector privado un esquema de precios cuidados que formen como un ancla más para la formación de expectativas para poder ir venciendo la persistencia en el proceso inflacionario y que eso nos ayude a bajar más fuertemente la inflación", insistiendo en que hay factores multicausales para el fenómenos inflacionario en Argentina, y dejando entrever que no apuntan a bajar la monetización del déficit fiscal a través de la emisión monetaria, sino a fijar precios para controlar la suba generalizada de precios, políticas que fracasaron históricamente en Argentina y en el mundo.

Entonces, ¿qué podría cambiar el año próximo? Argentina no tiene acceso a los mercados internacionales, motivo por el cual no podrá tomar deuda para financiar el déficit fiscal que desea mantener, sino que deberá recurrir a la emisión monetaria para cubrir el rojo fiscal del Tesoro de la Nación. Otra solución podría ser la de reducir el gasto público, y con ello aliviar la presión inflacionaria evitando tal emisión, pero el ministro de economía y el kirchnerismo se encuentran reacios a realizar tal ajuste, por lo menos de manera explícita. Entonces, ¿de qué les sirve la inflación y por qué no están dispuestos a bajarla? La respuesta es sencilla. La inflación licua el gasto público, es en pocas palabras, un medio a través del cual se puede reducir el gasto del poder ejecutivo en términos reales sin la necesidad de llevar a cabo un ajuste que conlleve costos políticos. A mayores niveles inflacionarios, los cuales a propósito no están debidamente representados en el proyecto de ley de presupuesto, el gobierno logra licuar sus gastos en términos reales, cayendo así los costos de mantener la enorme estructura pública, y con nulo o escaso costo político. El 33% de inflación esperada para 2022 es efectivamente un dibujo, ya que todo monto por encima de tal estimación dentro del presupuesto que pretendían legislar, era una reducción de los gastos que debían de llevarse a cabo en términos reales. Y no sólo eso, todo monto por encima del aumento generalizado de precios, puede ser utilizada para cargar sobre el sector privado con impuesto inflacionario no legislado, lo cual, representa una recaudación para el fisco un equivalente al 5% del PBI.

Entonces, el gobierno no pretende reducir los niveles inflacionarios de cara al 2022, pretende mantenerlos controlados y muy por encima de las estimaciones que presentó en la cámara de diputados a través de su proyecto de ley de presupuesto el ministro Martín Guzmán. La idea del gobierno no es bajar la inflación, sino servirse de ella para hacer el trabajo sucio de licuar el gasto público en términos reales, y, además, cargar sobre el sector privado a través de una carga impositiva no legislada como lo es el impuesto inflacionario, permitiéndole al gobierno depender de un menor financiamiento en dólares para cubrir el déficit, y un mayor ingreso en las arcas del Tesoro de la Nación por gravar a aquellos que estaban exentos del pago de impuestos antes del alza de precios.

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