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En vez de corregir lo malo y rescatar lo bueno de los años '90, la economía argentina decidió, en 2001/2002, un borrón y cuenta nueva que está terminando donde era obvio que iba a terminar: descontrol monetario, inflación creciente, inestabilidad social con consecuencias políticas. La Argentina K pierde, cada día, la batalla contra la inflación, el control de precios fue un fiasco y Guillermo Moreno es un perdedor insoportable. Así, el llamado 'progresismo' es cada día más regresivo, y arroja a más argentinos a la miseria. La aceleración devaluatoria del tipo de cambio (ya que Brasil aceleró) se trasladaría a rápidamente precios, aumentando las presiones inflacionarias en el mediano plazo, porque no se toman los recaudos monetarios imprescindibles. Además, el abandono paulatino del ancla nominal cambiaria podría cerrar la brecha entre la cotización oficial y el paralelo en el cortísimo plazo, pero impactaría subiendo el dólar paralelo en el mediano plazo, retroalimentando el círculo vicioso de la inflación. En definitiva, la inflación cada vez se acercará más al 30% y estará más lejos del 20%.
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