FÚTBOL

ANIVERSARIO

Hace 19 años, se suicidaba Mirko Saric, una de las grandes promesas del Ciclón

El 4 de abril de 2000, el fútbol argentino se tiñó de luto por la trágica muerte del joven mediocampista de San Lorenzo, Mirko Saric, a los 21 años. Su temprana partida, conmocionó a todos, en especial a sus compañeros de plantel y cuerpo técnico que compartían el día a día con él. Una lesión, en medio de un gran momento, lo dejó en un depresión de la que no pudo salir. Oscar Ruggeri era su entrenador en ese momento. Durante el programa “90 minutos de fútbol” de Fox Sports, reveló un encuentro que tuvo con el joven futbolista y lo preocupó. “Un día me golpea la puerta y me dice: '¿puedo hablar con vos?'”, comenzó contando el “Cabezón” Ruggeri. Supuso que le iba a comentar que no estaba cómodo con su posición, pero no. “No le encuentro sentido a la vida”, le confesó Saric al DT.

A temprana edad y con tan solo 21 años, Mirko Saric, se convirtió en uno de los grandes cimbronazos de un fútbol argentino que daba sus primeros pasos en los albores del Siglo XXI. 

 

Hijo de padres croatas, el vistoso volante nació el 6 de junio de 1978 en Buenos Aires, y se desempeñó desde pequeño en las inferiores de San Lorenzo. Luego de un destacado paso por la Reserva, debutó en Primera el 22 de diciembre de 1996 bajo el mando de Carlos Aimar, y reemplazando al eterno Néstor “Pipo” Gorosito. A pesar de su inobjetable talento, Saric pisaría poco el césped del Nuevo Gasómetro en partidos oficiales, hasta el arribo de Oscar Ruggeri en 1999. 

 

En diciembre de 1999 sufrió, en un partido de Reserva contra River Plate, la rotura de los ligamentos de su rodilla izquierda que lo marginaría por un tiempo de las canchas.

 

En Fox Sports, Oscar Ruggeri, técnico de Saric en San Lorenzo, detalló cómo fueron esos momentos antes del triste desenlace. 

 

“Yo lo hice debutar en Primera. De familia bárbara, le hice firmar a Fernando Miele un contrato por tres años. Le dije: 'Este pibe la rompe, firmale contrato porque te lo van a sacar'. Una facha infernal, le tenía que sacar las pibas del hotel cuando concentrábamos. Todo en condiciones de decir: ‘¿qué problema?’”, empezó poniendo en situación Ruggeri.

 

Y continuó: “Un día me golpea la puerta, me dice: '¿Puedo hablar con vos?'. ¿Qué estaba esperando yo? Que dijera 'mirá, por izquierda no me gusta jugar', 'no tengo marca'… me senté en la cama y me dice… 'no le encuentro sentido a la vida'. Así, de la nada”

 

Luego vino la parte más dramática: “Yo le dije: 'Tenés a tu papá, tu mamá, tus hermanos, tus amigos, los pibes del plantel te quieren, firmaste contrato, jugás al fútbol, que es lo que querés'. 'No me pasa por ahí', me respondió. Yo no sabía otra cosa. Entonces lo llamé a su papá y le conté. Me avisó: 'Quedate tranquilo que está tratándose con un psiquiatra'. Y después pasó lo que pasó”.

 

Con la atención de todos sus compañeros, Ruggeri cerró diciendo que “al pibe lo hice debutar, a todos los chicos les hablaba, los concentraba desde el jueves al domingo, para que comieran bien, para que estuvieran bien… pero hay temas que te superan”

 

Menos de 20 días después, su madre, extrañada por su negativa de bajar a desayunar, fue a buscarlo a su habitación, sólo para encontrarlo colgado de una barra para hacer ejercicios, ahorcado por una sábana. La ida de su hermano Martín al fútbol paraguayo, luego de quedar libre de San Lorenzo, fue otro de los duros golpes que Mirko tuvo que aguantar. Mirna, la única hermana que aún vivía con él, acusó al club de no comprometerse suficientemente con el tratamiento: “Él decía que no quería vivir más. Necesitaba medicamentos y San Lorenzo nunca lo ayudó económicamente a comprar los remedios. El psiquiatra con el que se estaba tratando lo quería medicar, pero él no quería porque le podía hacer mal para seguir en el fútbol”. La historia de Mirko Saric no sólo es desgarradora por el horror del desenlace, sino porque sirve como evidencia de la presión casi inhumana que ejerce la monstruosa maquinaria del fútbol Profesional sobre aquellos que se atreven a buscarlo como medio de vida.

A lo largo de su carrera, en la que sólo vistió la camiseta de San Lorenzo, jugó 40 partidos oficiales en Primera División, en los que marcó 4 goles, y 7 encuentros por torneos internacionales, en los que convirtió en 2 oportunidades.