CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). En el fútbol latinoamericano, el negocio ya no consiste en ganar campeonatos, sino en la venta de jugadores, que sólo en la Argentina representa el 35% de la facturación anual del rubro, más que los derechos televisivos, entradas o auspicios.
Matando el fútbol: "¿Qué me das a cambio de mi hijo?"
El periodista chileno Juan Pablo Meneses, autor de 'Vida de una Vaca', va ahora por el fútbol. "Me llamaba la atención la locura a la que se está llegando, con los hinchas celebrando un buen negocio más que un gran campeonato", contó Meneses, quien se subió a un avión con un único objetivo: localizar y comprar un niño futbolista. Un talento en bruto y sin atar de México, Colombia, Ecuador, Brasil, Chile, Argentina o Perú que, quién sabe, pudiese acabar convirtiéndose en el nuevo Lionel Messi. El resultado de tan agitado periplo es 'Niños Futbolistas' (Blackie Books), crónica de los excesos y desmanes de un deporte-negocio.
30 de julio de 2013 - 16:03
“Hay muchos chicos que sueñan con ser Messi. Pero el fenómeno nuevo es que ahora hay muchos jóvenes empresarios que sueñan ser el que descubre a Messi, que paga 15.000 euros y al cabo de unos años cuesta 130.000”, asegura.
Encontrar al nuevo Lionel Messi o Neymar comprando niños futbolistas “es como jugar a la lotería, al capitalismo milagro”, afirma Meneses.
Pero las estadísticas dicen que sólo un 0,1% de los niños lo conseguirán.
Luego, América Latina esconde un turbio mundo de negocios en torno a menores que sueñan con abandonar la pobreza.
La FIFA prohibió las transacciones de niños futbolistas tras una petición de Brasil para regular ese mercado, que tiene tintes de tráfico de menores. Sin embargo, los clubes disfrazan los fichajes de niños contratando a sus padres u ofreciéndoles becas.
La mayoría de los pequeños que viajan a países europeos no llegan a triunfar, y quedan entrampados lejos de su casa, sin dinero ni futuro, en muchos casos abandonados por aquellos que los vendieron.
A Nelson Bustamante un agente lo descubrió a los 14 años cuando hacía acrobacias con una pelota en un semáforo de Santiago de Chile y lo vendió al Brescia, un club de Italia en el que niño vivió su adolescencia solo y en el que nunca debutó.
Aimar Centeno estuvo más cerca. Con 16 años, ganó un reality televisivo en la Argentina por ser el mejor niño futbolista entre 12.000 muchachos que se presentaron y fue probado en el Real Madrid. En el ejercicio inicial con pelota se lesionó y fue descartado. Hoy se dedica a la venta de gaseosas.
Durante 2 años el periodista chileno Meneses recorrió la actividad a partir de su explícito deseo de comprar un niño futbolista para descubrir las historias y el negocio tras la búsqueda de grandes estrellas.
La mayoría le repetía que su sueño era jugar en el FC Barcelona y que con su primer sueldo les comprarían algo a sus padres.
El Barcelona, en sociedad con Nike, transformó jugar en el Barça como la cúspide del mundo profesional del fútbol. Hoy no hay un jugador entre los 12 y los 14 con talento que ya no esté detectado por el Barcelona. Hace un par de años, el Barça hizo una empresa impresionante con Josep Guardiola a la cabeza y con Nike (Sandro Rosell su actual presidente es un ex ejecutivo de Nike): observaron a más de 50 millones de niños en todo el mundo para anunciar que de ahí saldría la nueva estrella. La información que lograron y la base de datos que hicieron vale su peso en oro. Siempre bajo el lema de que en el Barcelona cumplen sus sueños. Con el Unicef en la camiseta, por supuesto.
“Los niños que triunfan han sido sobrevivientes de miles de cosas, lejos de sus familias, con la responsabilidad de ser el sostén económico de la familia. No son niños, son trabajadores”, dice Meneses.
El negocio es, según el periodista chileno, un ejemplo más del paradigma económico de la región. “Es el tema de siempre: la materia prima vendida a precio ridículo. La diferencia es que acá son personas”.
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El niño futbolista más caro es el brasileño, y el más exportado es el argentino.
El jugador uruguayo, en tanto, es el que más rinde, porque suele adaptarse sin problemas y muchos de ellos cuentan con pasaporte europeo, un detalle que vale mucho para su proyección.
Perú, Chile, Colombia o Ecuador lanzan estrellas solo eventualmente.
Según Meneses, la tendencia actual en Latinoamérica es comprar a los niños a los 10 años. La competencia entre ojeadores es feroz, existen 5.200 agentes autorizados por la FIFA, además de los clubes amateurs y las escuelas de fútbol promovidas por grandes clubes como el FC Barcelona o el Real Madrid.
“Hoy a los 14 años todos los chicos tienen representantes”, le dijo el exagente de Diego Maradona, Guillermo Coppola, a Meneses. Antes “no había esta cacería de ahora. Pero (...) la globalización lo ha permitido”.
"(...) —El fenómeno Messi sería, en este caso, paradigmático.
—Messi ha sido muy mal ejemplo, ya que el suyo es un caso único. No se puede repetir, y sin embargo muchos intentan hacerlo. El propio Barcelona presentó a Maxi Rolón, «el nuevo Messi». Tiene 18 años y todavía no ha debutado ni en Primera ni en Segunda. A esa edad Messi y Neymar ya eran titulares en sus selecciones.
—Al final, más que un negocio parece una lotería.
—Los chicos quieren hacer la carrera de Messi, sí, pero los que compran jugadores quieren hacer el negocio de Messi. Es más: cuando fui por Latinamérica buscando jugadores y preguntando a los padres, mucha gente me preguntaba: «¿Yo puedo participar? ¿Puedo tener un porcentaje?». No es extraño ver cómo se juntan tres o cuatro amigos y compran un jugador adolescente, pensando que podría ser el nuevo Messi.
—No sé si hay mucha diferencia entre el futbolista como materia prima y la de esa ternera sobre la que escribió en su anterior libro.
—En ambos casos, son negocios en los que hay muchos intermediarios. El que observa, el que da datos, el agente, el mánager, el asistente, los asesores… Te salen unas 10 partes de la cadena que quieren su tajada. Por eso ahora, por ejemplo, el Real Madrid está instalando escuelas de fútbol en Latinoamérica. Quiere eliminar intermediarios y tener sus propios campos allí.
—¿Qué es lo que más le sorprendió de todo el proceso de buscar un niño futbolista para comprarlo?
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—La familiaridad con la que hablan todo el tiempo. Los «este chico sirve», «este no», «este es muy lento y hay que cambiarlo». Y, sobre todo, los «¿Qué me das a cambio de mi hijo?». Todo el mundo habla con un grado brutal de insensibilidad hacia la niñez. Y por eso la FIFA y el resto de organismos no han tratado a fondo el tema, porque para poder hacerlo hay que ponerse a ese nivel.
—¿Ha quedado el deporte completamente arrinconado por el dinero?
—Así es. La parte deportiva ha quedado arrinconada y ha aparecido otra faceta, lo que yo llamo el «postfútbol». Dentro de poco veremos como los suplementos deportivos incorporarán columnistas económicos para explicar, por ejemplo, quién es el dueño de Neymar y los porcentajes de cada jugador. Un caso como el de Messi, que pasó de 10.000 euros a 130 millones, es casi tan valioso en términos deportivos como en términos de fútbol financiero. Ayer, sin ir más lejos, oía a unos chiquillos que hablaban de recuperar rápidamente la inversión hecha por Neymar para poder fichar otros jugadores. Era niños y no hablaban de goles, hablaban de dinero.
—Asumiendo que el caso de Messi es irrepetible, ¿qué ocurrirá con Milo, ese futbolista que «compra» por unos doscientos dólares al final del libro?
—Lo más probable es que fracase. Los que llegan son menos del 1 por 100. Es por eso que el negocio se está convirtiendo en algo industrial, con equipos comprando canteras y creando sus propias escuelas de fútbol. En Argentina, por ejemplo, el único que mantiene un buen trabajo de cantera es Boca Juniors, pero lo que no dicen es que esa cantera es del Barcelona. (...)".
Pero Meneses siguió hablando. Cuando fue entrevistado por Luis Alejandro Díaz, de El Espectador, de Bogotá, Colombia, el diálogo fue:
-Juan Pablo, ¿cómo ve las protestas en Brasil en plena Copa de las Confederaciones? ¿Y lo de Turquía durante el Mundial Sub-20?
-Lo de Brasil es un hecho histórico para la historia del deporte y para la política. Primero: esta es la primera manifestación fuerte, espontánea, brutal y con mucha repercusión, de los indignados del fútbol. La de la gente que sale a la calle a protestar contra el fútbol. ¡Y en Brasil! Porque si hay alguien al que no le podemos criticar que no quiera el fútbol es a Brasil. Y allí, la voz colectiva dice: nos gusta el fútbol, pero ya está bien. No se puede, por la Copa Confederaciones, llevar toda la plata allí, y que nosotros tengamos que pagar más los buses. Tanto, que yo estaba en Madrid cuando se dio el fichaje de Neymar. Y cuando empezaron a salir las cifras de cuánto iba a ganar al día, la gente se indignó. Y todos discutían sin conocerse entre sí. Y en Turquía igual.
-Incluso han salido jugadores como Rivaldo a dar su voz a favor de las protestas.
-Estos jugadores también son producto y no les interesa estar de espaldas a la gente, porque ellos son los que les van a comprar las camisetas después. Entonces, si crece este movimiento contra el fútbol, ellos igual tendrán que estar cercanos a la gente en términos de imagen. Es algo muy estudiado. Hay tres casos en el fútbol últimamente: Messi, Neymar y Falcao. Ellos son el negocio, las compras, los fichajes, la industria. El sinónimo del fútbol actual. Y es que nada más en el caso de Falcao, la gente hasta ahora sabe que hay mucha gente que tiene porcentajes sobre él. Como Neymar, de quien tiene porcentaje una cadena de supermercados de Brasil. Eso de que un equipo forma un jugador y lo saca y después se va y triunfa y entonces el equipo gana algo, eso se acabó desde hace mucho tiempo. Falcao lloró cuando se fue del Atlético, pero cuando llegó al Mónaco dijo que allí quería terminar su carrera.
-Se dice que ahora los jugadores no tienen voz para opinar sobre su futuro. ¿Es cierto?
-Ellos ya tienen la percepción del dinero marcada. Marcelo Salas se ha comprado dos equipos de fútbol en Chile. Uno de esos es el Valdivia, que era el rival de la ciudad de él. Ya no importa nada. Antes los narcos entraban al fútbol para darse el lujo de ganar, pero no lo hacían como negocio sino como hobby. En cambio los casos como el de Salas son para hacer negocio. Y en eso se ha convertido el fútbol. Boca tiene un contrato con el Barcelona, que todos los años selecciona los seis mejores jugadores y se los trae. Por eso, cerró la Masía en Buenos Aires, porque no le salía a cuento. Los jugadores son moneda de cambio. Y ese es el tema que este libro trata de poner sobre la mesa. Muchos me dicen que me faltó hablar de tal caso o de tal otro, y qué pasa con las leyes. Y yo les digo, bueno, eso viene a partir de ahora. Siempre saldrán más jugadores. Juan Cruz, en El País de España, escribió una columna pidiendo que se legisle sobre el tema. En México hay muchas muertes de niños futbolistas por apuestas. De repente, llegan camiones con tipos con metralletas y matan a un equipo de niños. Hay muchas cosas que no se saben y que yo intento mostrarlas en el libro. Presentar los niveles a los que se está llegando, pero rescatando siempre la esencia del fútbol. Maradona dijo: la pelota no se mancha. Yo digo: la pelota ya está manchada.
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-¿Y los padres? ¿Dejaría a su hijo participar de ese universo?
-¿Pero y las mamás que llevan a sus hijas a los concursos de belleza? La cuestión es transversal. El fútbol muchas veces termina siendo una caricatura del mundo. La gente llora cuando el equipo desciende o cuando el equipo gana. A los que nos gusta el fútbol sabemos que ha pasado mucho. Sin embargo, aprovechando los lanzamientos del libro en Madrid y en Barcelona, se me ha criticado que considero que los dos grandes monstruos del fútbol actual, el Madrid y el Barcelona, han desvalijado el fútbol de Latinoamérica. ¿Cómo descienden River, Independiente, Palmeiras, América? Eso tiene una explicación: ya no tienen cantera. Los buenos jugadores se los llevan a Europa antes de los 15. Los chicos ya no quieren jugar en esos equipos. Cuando hablaba en Cali con los niños, decían que no querían jugar ni en el América ni en el Cali, sino en el Barcelona.
La velocidad que ha tomado la industria es tan brutal, que cuando Maradona vino en los años '80 después de pasar por Argentinos y Boca, era un jugador joven de 21 años. Después empezaron a llegar a los 18 con campeonatos juveniles. Después bajó a los 14, que es como llega Messi. Y seguirá bajando, porque cuando un chico firma sube mucho el sueldo y el precio. Por eso toca agarrarlo cuando no ha firmado nada. Hay un bebé de 18 meses fichado en Holanda. O como el hijo del Kun Agüero con la hija de Maradona, al que que ya Independiente le había ofrecido contrato antes de nacer.
Se dice que a Neymar le pusieron a Denilson para protegerlo de la noche. Como cuando se dice que Boca contrató a un detective para evitar que Riquelme jugara fútbol con los amigos.
Antes el jugador iba a la noche para poder rendir al otro día. Hoy hay una inversión tan alta que hay que proteger esos bienes. El fútbol ha llegado al extremo de que mucha gente me dice que el libro es un manual de cómo comprar un niño futbolista. En Argentina está el club Che Guevara, que dice que no vende a sus jugadores, sino que quiere formar hombres. Pero la dueña me dijo que igual todo dependía de si llegaba una buena oferta. Porque el fútbol ahora se comercializa en los torneos para menores de edad. Allí, a un lado están las familias, y al otro, los empresarios.









