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Lula y el costo de llegar al Poder

POR GUSTAVO FRANCO (*) Los líderes petistas reconocen, entonces, que impidieron, en el Parlamento, en el Poder Judicial o en las calles, manifestando en contra de las privatizaciones, el avance de las reformas Previsional y del Sistema Tributario, que ahora –6 ó 7 años después- considera prioritarias y urgentes para restaurar el crecimiento.

Cuando el PSDB era gobierno, el PT hizo una oposición que hoy sus propios líderes reconocen haber sido agresiva y hasta destructiva. Todo era acusado de "entreguismo", sumisión a los banqueros y al capital especulativo, o motivo para crear CPIs (comisiones parlamentarias investigativas). ¿Reformas? Imagine, ni pensarlo, la Constitución ciudadana era una conquista y, entonces, intocable. Hoy se percibe que todo, o casi todo, era teatro, y que el objetivo consistía en atrapar el proyecto de poder del PSDB (Partido Social Democrático Brasileiro), aunque para eso se perjudicara Brasil. Así es la política. La dirigencia petista cándidamente admite la situación, digna de las grandes tragedias del pasado, e hizo su ‘Mea Culpa’, entre sonrisas, como si fuese una leve travesura sin mayores consecuencias. Al fin de cuentas, en el plano estrictamente político, la estrategia fue exitosa, los líderes petistas maximizaron el desgaste del PSDB al dificultar las reformas (que fueron buenas para Brasil y que nadie hoy piensa deshacer), y ganaron las elecciones. Los líderes petistas reconocen, entonces, que impidieron, en el Parlamento, en el Poder Judicial o en las calles, manifestando en contra de las privatizaciones, el avance de las reformas Previsional y del Sistema Tributario, que ahora –6 ó 7 años después- considera prioritarias y urgentes para restaurar el crecimiento. O sea: todo eso que el presidente Luiz Inácio da Silva se encuentra proponiendo hoy para el Régimen Previsional, y mucho más, podría haber sido hecho hace 6 ó 7 años, y no fue hecho, en gran medida, por causa del PT (Partido dos Trabalhadores). Sí, la administración tuvo errores, sin los cuales podría haber logrado aprobar las reformas atropellando la postura negativa del PT. Pero de ahí a decir que la culpa de los perjuicios provocados por el atraso en las reformas es del gobierno de entonces, hay una enorme distancia, tan grande como la que separa a los puntos de vista que el PT tiene hoy acerca de las reformas, y los puntos de vista que tenía, o fingía tener, en la época en que las combatió. Pues bien, ¿cuánto costó a Brasil atrasar en 6 ó 7 años la secuencia de reformas que comienza con lo previsional y tributario, y debe continuar con lo laboral y otras reformas? Cotizado en miles de millones de dólares, o en puntos porcentuales del PBI, resulta inmenso el perjuicio al país provocado por la elección ‘pragmática’ que hizo el Partido dos Trabalhadores, aún cuando la cuenta se limitara exclusivamente a los efectos financieros directos de la nueva legislación que hoy propone. Para lograr un detalle preciso del perjuicio basta preguntar al ministro Versión cuántos beneficios provocará al Régimen Previsional la reforma en sus 7 años iniciales. La respuesta seguramente vendrá en miles de millones de dólares y tiene 11 dígitos. Es el costo en dinero de hoy. Los efectos indirectos son más difíciles de estimar: la deuda pública no habría crecido tanto, los intereses no necesariamente tendrían que haber sido tan elevados, el crecimiento hubiese sido mayor, el país hubiese estado más robusto y competitivo cuando ocurrieron las crisis externas posteriores a 1997. ¿Cuál sería la tasa de desempleo hoy, o la tasa de interés, si la Reforma Previsional hubiese sido hecha 7 años atrás? Todo el mundo sabe que todo hubiese sido mejor, tan mejor que el gobierno de Fernando Henrique Cardoso habría sido más exitoso y, probablemente, el PT no ganaba los comicios de 2003. Esto comprueba tres tesis: ** la urgencia y relevancia de las reformas, ahora con consenso absoluto; ** el PT deliberadamente perjudicó a Brasil para llegar al poder; y ** El PT no tenía (y no tiene) un "modelo de crecimiento alternativo", ya que el PT se encuentra apropiándose de una agenda de desarrollo que nunca fue suya y el propio PSDB dejó de lado por creer que era una "agenda neoliberal". Esto no le quita brillo a la victoria política del PT, que sacrificó su proverbial coherencia revolucionaria, abandonó sus ideas fundadoras, disminuyó su capacidad de hablar acerca de la ética en la política, igualándose así a otros partidos. El PT perjudicó a la economía buscando atrapar al enemigo, pero esto le permitió ganar los comicios. En política importa ganar, y el PT es un proyecto de poder bien talentoso, Y lo que comienza luego de los festejos de los 100 días iniciales en el Poder, con indulgencia máxima, es todavía una experiencia novedosa, inédita. ¿Cuál es el gobierno que hemos elegido? Sabemos que no es más el mismo partido que votó contra absolutamente todo lo que hoy afirma que es prioritario. Y sabemos también que el PT no es un partido con capacidad de formulación de políticas públicas dentro del programa que acostumbraba llamar "neoliberal". ¿Qué gobierno es éste, al fin de cuentas? ¿Cuáles son sus ideas, sus objetivos? Al despedirse de su pasado, ¿qué nueva ideología adoptará? Al respecto vale la pena recordar una vieja historia que pertenece al folklore del recordado profesor Mario Henrique Simonsen. Frente a una tesis presentada por un alumno aspirante a un título cualquiera, su veredicto fue salomónico: "la tesis tiene ideas nuevas y buenas, pero las tesis nuevas no son tan buenas, y las buenas no son tan nuevas". ----------------------------- (*) Economista. Columnista de O Estado de Sao Paulo, San Paulo, Brasil, 2003.