Por Michèle Laseur (*)
El barrio residencial de Montecito, en Santa Bárbara, acaba de birlarle a Palm Beach, en Florida, el privilegio de ostentar el mayor número de grandes fortunas por metro cuadrado.
El rey dólar reina en Santa Bárbara, perla de la riviera californiana y meca del culebrón del mismo nombre, la más bella ciudad balneario de la costa oeste, rodeada al sur por el océano Pacífico, al este por las siete colinas de Montecito y a 114 kilómetros de Los Ángeles.
En estas tierras ancestrales de los indios Chumash, hoy desaparecidos, paisajes y edificios conservan la influencia de españoles y mexicanos.
Fundada en 1542 por el descubridor portugés Juan Cabrillo para el reino de España, Santa Bárbara perteneció a éste hasta que fue conquistada en 1822 por México. De aquella época en la que albergó numerosas misiones queda una bella iglesia, un monasterio y un cementerio, huellas históricas más accesibles a los turistas que las innumerables mansiones que ahora pueblan su geografía.
Poseedora de un clima privilegiado y de hermosas playas, en esta localidad de California se dan cita mandamases de las finanzas internacionales, gerifaltes de la industria del espectáculo, estrellas de cine, especuladores de altos vuelos y magnates de todo tipo. Un muestrario más representativo del sueño americano que el que puebla Beverly Hills, a la que los cronistas de sociedad dan por muerta.
Los estudios de Hollywood están a dos horas por la autopista. En la época del cine mudo se construyeron platós y hasta Chaplin tenía su hotel, el Montecito Inn, para que sus colegas descansaran entre rodaje y rodaje.
El lujoso establecimiento continúa funcionando, utilizando como reclamo el slogan, "Lo mejor del mundo en el hotel que Charlot creó", y una filmografía completa del personaje a disposición de los huéspedes que se alojan en él por precios que van desde los US$ 200 de una habitación sencilla a los US$ 695 de un departamento privado.
Robert Mitchum y Glenn Ford vivieron aquí. Michael Douglas, John Travolta, Michael Jackson y Paul McCartney –Linda McCartney falleció en la villa donde solían pasar largas temporadas–, son algunos de sus vecinos. Y eso sin contar el trasiego de nuevos ricos que compran y venden sus propiedades a precios astronómicos, según triunfen o fracasen en sus negocios. De hecho, la zona es una de las más caras del estado de California: la cifra media para adquirir una casa es de un millón de euros.
Tras las estrellas del cine mudo y en la efervescencia económica de la posguerra, banqueros y barones de la industria de Chicago llegaron en invierno, en un tren directo y privado, hasta Montecito, atraídos por su clima y dispuestos a crear un elitista barrio en el que el único requisito era tener una más que saneada cuenta corriente y un afán de hacer ostentación de ella. Sus mansiones fueron edificadas por los más eminentes paisajistas, decoradores y arquitectos, como Frank Lloyd Wright, Washington, Richard Neutra o Mizner, al que le pagaron su peso en oro para que se trasladara desde Florida.
En aquellos años locos, se atrevieron a construir las mayores excentricidades imaginables. Por ejemplo, Lolita Armour, hija del magnate de la carne J. Odgen Armour y célebre por las sonadas fiestas que celebraba junto a su marido, John J. Mitchell, transformó durante su construcción un palacio neoveneciano en una réplica del castillo Margaux, dándole por todo modelo a su arquitecto una botella vacía que había cogido en un banquete.
Son incontables las combinaciones de granjas toscanas, casas solariegas normandas, mansiones provenzales o castillos renacentistas. Pero estos estrafalarios engendros arquitectónicos conservan la memoria de los cinco últimos siglos y la modifican a medida que aterrizan en sus mansiones nuevos propietarios encaprichados con puertas lombardas, bastidores góticos o artesonados de madera.
Seguir el rastro de este fabuloso vecindario es complicado. Celosos de su intimidad, las mansiones están invariablemente protegidas de los curiosos. Es un universo que, como todos, posee sus manías, sus círculos cerrados y sus sitios para citarse, sus fiestas privadas, sus organismos de caridad y sus clubes de golf.
La única oportunidad de toparse con algún famoso quizá sea acercarse a desayunar, no antes de las 10:00, al San Ysidro Pharmacy de Montecito.
"En este local se comen los mejores huevos mexicanos del hemisferio norte", afirma Jean-Jules Moreau, el jardinero de las estrellas, que llegó a Santa Bárbara en 1960 con US$ 5 en el bolsillo y que hoy tiene 52 villas, cuyo alquiler administra su mujer.
A sus 76 años, descansa de su tumultuoso pasado y levanta los hombros cuando el actor Richard Widmarck le dice: "Eh, French, ¿sigues sin querer asociarte conmigo para plantar un viñedo?".
Vive en una bonita mansión estilo Bahamas, concebida por Joseph Plunkett, arquitecto del hotel Biltmore y de la Court House de Santa Bárbara, valorada en US$ 2.500.000 y de estilo español. La enorme puerta de nogal da paso a un gran salón con una colosal cristalera, desde la que se contempla el océano.
Jean-Jules fue el jardinero de los millonarios que viven en la zona, a donde llegó en 1960. Este modesto campesino de Perne (Vaucluse) de 76 años cumplidos, confiesa haber pasado más tiempo en el ejército que en los bancos de una escuela. "¡Cuando pienso que Michael Douglas sigue sin pagarme los cipreses que le planté en su jardín me da algo!", dice entre carcajadas. Cresta de la Barranca, a la derecha, la mansión de Jean-Jules.
Otro de los lugares al que acuden con asiduidad es el Club Olímpico de Natación, el más elitista de USA. Si quiere aventurarse a darse un chapuzón, tendrá que pagar US$ 100.000 por un pase anual. Eso sí, como la piscina es ahora propiedad del hotel Four Seasons Biltmore, si se hospeda en él tiene acceso libre a ella.
# Kennedy
También puede alquilar un bungaló en San Ysidro Ranch, construido en i893 –el mismo en el que John y Jackie Kennedy pasaron su luna de miel y, tras la que, según cuentan, hubo que cambiar la cama–, siempre que esté dispuesto a pagar US$ 600 por noche.
Si lo hace, quizás pueda ver a alguna estrella de Hollywood en compañía de una escultural top model. El rancho pertenece a Claude Rouas que, al igual que sus clientes, sabe cómo hacer dinero.
A sus 57 años, esbelto y seductor, Rouas es un punto de referencia para la gente adinerada en cuanto a restauración se refiere. Además del histórico San Ysidro Ranch, es propietario de la cadena de restaurantes Piatti y del Auberge du Soleil en el Valle de Napa, uno de los complejos hoteleros más célebres de toda América.
Nacido en Orán y ex marido de la malograda actriz Bella Darvi, descubierta por Darryl Zanuck, se ha casado cuatro veces en los últimos i2 años. En su rancho organiza bodas, siguiendo el ejemplo de Vivien Leigh y Laurence Olivier, que eligieron darse el sí entre sus frondosos naranjos. Rouas sólo tiene una queja: "Aquí los ricos no rechistan jamás por el servicio. Pueden dejar tranquilamente US$ 500 de propina, pero les cuesta enormemente pagar más de 2US$ 9 por un plato de buena comida".
Generosos o avaros, el caso es que el vecindario se pirra por los actos benéficos, como la feria que anualmente se celebra en San Ysidro Ranch. "Los ricos rivalizan en generosidad en los mercadillos caritativos, una moda importada de Palm Beach, porque queda bien dejarse ver en estos lugares", explica Bob, un vagabundo alcohólico, antiguo soldado de Vietnam.
Los sin techo de Santa Bárbara, la aristocracia de los vagabundos californianos, están encantados con esta generosidad. Sentados en el césped que da al mar, al abrigo del sol bajo las palmeras, ese día beben cerveza gracias a la caridad de Bruce Johson, el antiguo cantante de los Beach Boys y de Mike MacDonald, uno de los integrantes del grupo musical The Doobie Brothers.
"¿Sabe dónde terminarán todos? En un templete neogriego de mármol blanco al borde del océano, en el cementerio de Montecito, donde una tumba cuesta tanto como cualquiera de sus mansiones", concluye Bob.
# El decorador de Hollywood
Park Lane es una de las obras maestras de Mizner, el arquitecto de los millonarios. Tardó cinco años en construirla, de 1927 a 1932, con un costo de 150.000 euros, una suma astronómica para la época.
Su actual propietario, Bob Woolf, de 78 años, fue uno de los más célebres decoradores de Hollywood, amén de un rico heredero. En su oficina-biblioteca, donde arde la leña en una fastuosa chimenea, dos Chagall rarísimos y un Picasso miran a las estatuillas descuidadamente colocadas sobre dos preciosos aparadores.
Mientras los perros corren por la mansión, Bob asegura que le gustaría vender su palacio por US$ 11 millones para construirse otro nuevo, todavía más espectacular. Arnold Schwarzenegger, un "tipo muy guapo", ya había firmado la compra, pero después se volvió atrás porque no tenía garaje para su helicóptero. Park Lane, conocida como El Palacio Veneciano, es propiedad de Woolf, que posa con su hermanastro y uno de sus perros.
# El dispendioso
Arthur, hijo de un honorable barón austriaco, es célebre en Santa Bárbara por las fiestas que organiza en Pool House, su mansión al borde del océano. Consultor de una empresa de aguas minerales embotelladas, se queja de comer demasiado bien, lo que le obliga a hacer ejercicio diariamente.
Se dice que la incalculable fortuna que le dejó su madre, viuda del riquísimo barón Van Weisenberger, no le durará lo suficiente, porque la dilapida a marchas forzadas. Pero Arthur se ha casado bien, lo que le permite continuar con su tren de vida, en el que las fiestas benéficas encabezan su lista de preferencias. En Pool House, esta Gioconda es la obra favorita de Van Weisenberger.
# Otros vecinos ilustres
Stewart Abercrombie. Meeker, un avispado hombre de negocios edificó Villa Constancia después del crac de 1929 para su mujer, con un costo de US$ 1 millón. El actual propietario, Stewart Abercrombie, se instaló en esta mansión de estilo Dutch Colonial, copia de la Cecil Rhodes House de Ciudad del Cabo (Sudáfrica). Está rodeada de ocho hectáreas de jardines, césped y bosquecillos y tiene un estanque Luis XV con 24 cisnes blancos. Este octogenario, que ordena echar colorante en los surtidores de sus fuentes, cuenta que su fortuna procede de un agudo sentido de la especulación, así como de los ingresos de un rancho de 200 acres, vecino del que posee John Travolta. De su pasado de ranchero y de presidente del exclusivo club de Los Rancheros Visitadores, conserva fotos a caballo y profundas amistades republicanas. Entre ellas Ronald Reagan, al que solía visitar al volante de su Jaguar 1950, un modelo único, o a bordo de su Mercedes de 1933.
Stephen Hahn. Marchant de arte, posee una galería en Nueva York. Habla inglés con acento francés, pero no ha olvidado el magiar, que aprendió en Hungría durante su juventud. Refugiado político, en el París de 1950 comenzó su relación con el arte, época en la que se hizo amigo de Dubuffet y por ello posee la mejor colección de sus cuadros, así como otros de Mattise y Miró. Retirado, sólo trabaja para su propia colección. De hecho, una llamada desde Londres le confirma que acaba de conseguir otro Dubuffet. "Desgraciadamente, el dinero, los honores y la gloria no sirven de nada al lado de la juventud que se va dulcemente". Stephen juega al tenis todas las mañanas, para evadirse de las tensiones sentimentales con su ex mujer, "demasiado joven y bella", porque problemas materiales no tiene. Sus hijas pasan la Navidad con él. En el sótano les esperan sus más de 7.000 juguetes.
Michael Forbes. A sus 32 años, acompañado de su joven esposa, de las pocas de Santa Bárbara que todavía no se ha hecho un lifting, parece salido de una novela de Scott Fitzgerald. En una de las zonas más prestigiosas de Montecito, El Mirador, está construyéndose una locura veneciana a la medida de su gusto por las fiestas y por las mujeres, por la que va a pagar US$ 12 millones. Quiere superar la lujosa mansión Sotto il Monte, de Andy Granatelli.
Paul Scott. Dicen que, entre sus 20 y 40 años, ganó US$ 1.000 millones con la ropa. Hoy, a los 75, juega al billar y prepara el cumpleaños de su modelo favorita, Carole, ex estrella de Vogue, convertida en su quinta esposa. Sus hijos son los seis perros que guardan su mansión, situada al lado del exclusivo campo de golf de Gelinda. Beau Rêve, valorada en más de US$ 4 millones, fue construida hace siete años en un estilo que Scott define como "castillo rural francés", a medio camino entre el normando y el confort americano del "todo en madera".
Eric Frieden. Tiene 48 años y dilapida lentamente la fortuna heredada de su padre: 20 hoteles de enorme prestigio, de los que sólo le quedan 12. Pasa su tiempo entre Bagatelle, el club de polo de Santa Bárbara, y las fiestas que organiza en su histórico hotel El Encanto, valorado en US$ 30 millones. Preside el club de polo de Santa Bárbara y adora las Harley Davidson. Apasionado de los caballos, dice que su casa es Bagatelle, el elitista Club de Polo.
Andy Granatelli. En su mansión todo es desmesurado: su gusto por el lujo, los adornos y hasta su oronda figura. Quizás porque, según confiesa, de niño vivió miserablemente en las calles de Chicago. Para ganarse unos cuantos céntimos, calentaba los coches de los ricos durante los fríos inviernos. En esa época vio por primera vez un Duesenberg y se prometió que, algún día, tendría uno. Tuvo que esperar 40 años, pero su sueño se hizo realidad. Mientras tanto, fue piloto de carreras, batió varias veces el récord de velocidad del circuito de Indianápolis, y dirige de su propia compañía relacionada con los automóviles. En la actualidad se dedica a cuidar su fastuosa colección de coches antiguos, entre los que, lógicamente, el rey es un Duesenberg valorado en US$ 1,7 millón, que conduce todos los días para ir a comprar el periódico. La mansión Sotto il Monte es una de las más lujosas de Santa Bárbara. De estilo toscano, fue construida en 1928 por un ejército de obreros. El gigantesco garaje está climatizado y parece un museo listo para abrir al público. En él conserva 32 impecables automóviles.
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(*) Magazine, El Mundo, Madrid, España.
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Montecito, el oscuro objeto del deseo (Bervely Hills ya fue)
Montecito, en Santa Bárbara, USA, tiene a la mayor concentración de millonarios por metro cuadrado. Atraídos por su clima y hermosas playas, magnates de las finanzas y estrellas de cine han construido sus mansiones, ostentosas edificaciones que rivalizan en suntuosidad y que se valoran en más de US$ 10 millones. Michael Douglas, Paul McCartney y Michael Jackson son algunos de sus vecinos, pero también hay herederos preocupados por gastar su capital y nuevos ricos.






