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Sin el filtro de Susan Segal, Cristina sudó ante los empresarios brasileños (francos, muy francos)

Cristina K no pasó un buen momento en Brasil. La inflación la siguió hasta esas tierras donde hubo buena química con Lula, pero la tensión con el empresariado brasileño la hizo sudar en su viaje relámpago. Tenía todo armado, pero los anfitriones se impusieron y debió enfrentar las dudas. Preguntaron por la inflación, el congelamiento tarifario, la falta de garantía para las inversiones y hasta la relación entre Argentina y Bolivia. Y encima, Cristina no contó esta vez con ningún filtro para las consultas, como el que aplicó en Nueva York Susan Segal, presidenta del Council of the Americas.

Tras desembarcar de un avión de la Presidencia argentina, la senadora almorzó con Lula da Silva y luego se reunió en la sede de la Cancillería brasileña con una docena de representantes de empresas brasileñas con intereses en el país. Ambas reuniones fueron a puerta cerrada y la senadora, fiel a su costumbre, no respondió preguntas de los periodistas antes ni después de los encuentros. Sobre el almuerzo con Lula, en el cual Cristina estuvo acompañada por el canciller, Jorge Taiana; el ministro de Economía, Miguel Peirano; el vocero presidencial, Miguel Núñez, y el embajador en Brasil, Juan Pablo Lohlé, Marco Aurelio García, asesor de Lula para asuntos internacionales, aseguró que el clima del encuentro fue cordial, y la comida liviana acompañada del protocolar vino brasileño. Sin embargo, aseguró que en el encuentro con representantes de empresas el clima no fue tan distendido. Las compañías que enviaron representantes fueron Vale do Rio Doce, Grupo Gerdau, AmBev, Itaú, Marfrig, Andrade Gutierres, Braskem, Friboi, Coteminas, Odebrecht, Apex, Petrobras, BNDES, Embraer, Marcopolo y Camargo Correa. El discurso original de la senadora giró en torno de la defensa del modelo económico "industrializador" vigente en la Argentina y la necesidad de "profundizar la integración regional". Habló de un Mercosur parecido, en un futuro cercano, a la Unión Europea (UE) y dijo que el crecimiento que registra la economía argentina "es diferente al que se vivió en otras etapas" porque antes "vino aparejado un gran caos social y la desocupación llegó a 24%". Repitió además la intención oficial de "negociar" la deuda con el Club de París, pero "sin condicionalidades", asegurando que esta posición "no es por una cuestión dogmática, sino pragmática", ya que "no nos parece lógico adoptar programas del FMI que fracasaron en otra época". Finalmente garantizó el superávit fiscal en un eventual gobierno suyo. Hubo aplausos, bastante efusivos, de parte de los empresarios, y la senadora amagó con saludar, despedirse y terminar con la reunión. Sin embargo, los anfitriones locales, encabezados por el asesor presidencial Marco Aurelio García, la frenaron y aclararon que habría una ronda de preguntas. Y así fue como comenzaron los cuestionamientos. "Algunos (empresarios) transmitieron preguntas respecto a la inflación. Algunos mencionaron que habría una cifra de inflación muy elevada en Argentina y ella corrigió esa cifra", dijo García, confirmando que la polémica local sobre la presunta manipulación de los índices oficiales persiguió a la candidata hasta la capital brasileña. Ante el desmentido de la candidata, "algunos empresarios hablaron de 17% (y de hasta un 20%), y ella corrigió diciendo que la inflación es inferior al 10%, según un relevamiento hecho de agosto –de 2006– a agosto –de 2007–", agregó el asesor, que actuó como vocero del encuentro. Además culpó a los bancos por decir que la inflación es de más de un dígito. Hubo repreguntas insistiendo en el problema, lo que llevó a la primera dama a explicar su estrategia para que los precios no sigan subiendo. Aparentemente, su idea es que el tratamiento sea gradual "porque involucra algunas cuestiones que afectan tarifas públicas y demandas de salarios". Fue allí cuando apareció la pregunta sobre la demora oficial en aclarar el panorama sobre los aumentos de los costos de los servicios públicos. Cristina, ya molesta, dijo que "no se puede pedir control de inflación y al mismo tiempo doblar o triplicar tarifas, porque habría demanda de doblar o triplicar aumentos salariales que los sindicatos harían inmediatamente". Sólo deslizó, sin profundizar, que el tratamiento tarifario sería "gradual". La otra pregunta apuntó, en caso de vencer en las elecciones del 28 de octubre, a cómo piensa encarar la crisis energética. Hubo un primer reflejo de la visitante, señalandoa la prensa como la culpable del problema por los titulares "catastróficos" que anticipaban grandes apagones "que no se produjeron". Los empresarios aclararon que sus consultas se dirigían a saber si continuarían los cortes a las industrias. Allí la senadora cedió: reconoció los cortes pero dijo que fueron causados "por la tensión del crecimiento". Sobre la solución del problema dijo que "la ecuación energética de América del Sur" sólo cierra con el aporte de los Estados que tienen recursos, y aclaró que el aumento en la generación propia se verá en 2009, con lo que hasta ese momento la estrategia argentina es que Brasil, Uruguay, Bolivia y Venezuela le sigan exportando energía y combustibles. El canciller Celso Amorim, que presenció el encuentro junto a su vicecanciller y al asesor García, confirmó la impaciencia que mostraron los ejecutivos reunidos con la primera dama. Consultado sobre si los asistentes habían sido muy duros con la senadora, Amorim aseguró que "más que duros, fueron francos". ¿La recepción del gobierno brasileño puede ser entendida como un apoyo explícito a la candidata?, se le preguntó también al asesor internacional de Lula. -No se debe entender así. Fue una evaluación intelectual y política.