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El sexo sucio no altera la naturaleza genital (anímese)

¿Insiste en que su flujo vaginal sea ligeramente ácido, claro y sin olor? ¿se preocupa por la acumulación de secreciones en su pene no circuncidado? La higiene íntima se ha trasformado en un mito, pese a su obviedad. Incluso, hay quienes intentan acabar con el olor genital a toda costa. Pero cubrir los olores corporales puede no ser tan bueno.

La limpieza es una cuestión de hábitos, más frecuente para unos y menos, para otros, pero una cosa cultural al fin y al cabo. Pero lo cierto es que la limpieza en exceso no resulta muy ventajosa. Los olores que nuestros cuerpos expelen son producto de nuestras funciones físicas naturales y, por lo tanto, tienen que ver con ser mujer y hombre. Si sólo nos remitiéramos a nuestra función animal, este olor sería indispensable para el reconocimiento como especie y también para aparearnos. Pero como la civilización trae la pérdida de estas cualidades, nuestros olores no sólo son limpiados, sino que atenuados y confundidos con los aromas de cremas y perfumes. Por eso que hay ocasiones en que el trabajo de conexión que hacen las feromonas, se dificulta ante tanta intervención. Por eso que cubrir siempre los olores corporales puede no ser tan bueno. Hay quienes intentan incluso acabar con el olor genital a toda costa: para ello se han creado jabones, lociones, desodorantes especiales.  Pero hay opciones que pueden llegar a perjudicarte.  Los genitales exigen exactamente la misma higiene que el resto del cuerpo y para ellos el agua y el jabón son suficientes. Se recomienda no usar esponjas u otras similares en los lugares íntimos puestos que acumulan gérmenes y bacterias que pueden ser perjudiciales. Hay productos específicos, usados sobretodo por mujeres, los cuales se caracterizan tener un pH apropiado para las características de acidez de la vagina. Pero no es conveniente la obsesión por la limpieza y las excesivas duchas ya que pueden alterar la naturaleza genital. Los desodorantes ocultan los olores y eso es bueno si consideramos que una vagina sana y cuidada produce un flujo vaginal ligeramente ácido, claro y sin olor. Cuando alguna de estas condiciones se modifica es por una alteración a nivel hormonal, bacteriano o infeccioso. Por eso, ocultar los olores puede significar pasar por alto la alerta natural de olor distinto y no reparar en una irritación que precisa un tratamiento médico.  Los desodorantes no tienen ningún valor terapéutico. Son únicamente productos cosméticos de dudosa eficacia; hasta el punto que en algunos países su comercialización está prohibida. Usados de forma ocasional los peligros no son demasiado frecuentes, aunque en ocasiones causan enrojecimiento, inflamaciones o reacciones alérgicas. Existen también líquidos concentrados que ejercen un importante efecto detergente. El ginecólogo puede prescribir su uso cuando existan infecciones o alteraciones vaginales. Tampoco supone un peligro usar las irrigaciones vaginales una vez por semana. Pero abusar de estos compuestos químicos puede provocar la eliminación de algunas bacterias beneficiosas para la salud de la vagina y causar un descenso en la acidez. Para evitar todo tipo de infecciones en general, resulta imprescindible mantener una higiene genital diaria. Los fuertes olores provenientes de la zona genital suelen denotar infección. En los hombres, los penes no circuncidados deberán limpiarse con mayor atención en la zona del glande, echando hacia atrás completamente el prepucio, para evitar acumulación de secreciones. Cualquier secreción extraña debe ser consultada con el médico. Finalmente, otro mito para descalificar: Después del coito, un lavado vaginal no sólo es ineficaz anticonceptivamente hablando, sino altamente no recomendable, ya que se destruye la flora vaginal aumentando los riesgos de infección.