POSADAS (
El Territorio). Camaleón miraba al techo de la celda cuando se preguntaba por centésima vez en el día qué era lo que había ocurrido. El narcocandidato a intendente de Dos de Mayo, un silencioso pueblo de casas bajas y techos de zinc que se encuentra a unos 150 kilómetros de la capital de Misiones, no entendía cómo es que la policía brasileña lo había pescado mientras llevaba en su camioneta unos 400 kilos de marihuana. La preocupación de Carlos Da Costa no estaba puesta en su esposa ni en su hijo de tres meses, tampoco le perturbaba la idea de saber que había perdido la oportunidad de convertirse en un respetable alcalde. Lo único que lo desconcertaba era no saber quién lo había vendido. En una de las cuatro oportunidades en que su esposa, Mirta Márquez, fue a visitarlo a la prisión estatal del distrito brasileño de Tres Passos, a unos 200 kilómetros de El Soberbio, él le había confesado que no sabía qué era lo que había pasado y que tenía miedo de seguir permaneciendo ahí. De todas maneras confiaba en que tarde o temprano sus abogados lo iban a sacar de la misma manera que lo habían hecho en otras oportunidades. Camaleón ya había estado detenido dos veces, al menos en Misiones, siempre por amenazas y por tenencia de armas de fuego. "Realmente no sé qué paso… por ahí fue una trampa porque él era una persona muy cuidadosa, pero vos podés decir que era una excelente persona y eso nadie te lo va a negar", decía Abel mientras se agarraba la calva cabeza con las dos manos. Desparramado en un desgastado sillón, el ex boxeador y guardaespaldas de confianza del hombre que soñaba con ser intendente, remarcaba lo extraña que había sido la detención. "Yo te digo, si él no hubiese sido candidato, seguía para adelante y nadie lo iba a voltear". Abel, grandote como el hombre de piedra del film La historia sin fin, tiene más calle que un taxi viejo y antes de hablar de su vecino, compadre, amigo y jefe, lo piensa mil veces. "A Camaleón le gustaba la plata, vos sabes cómo es esto", decía mientras con uno de sus enormes dedos intentaba sacarse un resto de carne que se había quedado atascado entre sus muelas. Da Costa estaba entusiasmado con su nuevo papel de candidato a intendente por el Frente de Todos, agrupación política que impulsa la candidatura a gobernador del actual intendente de Posadas, Jorge Brignole. No hubo barrio ni picada por la que no haya pasado Camaleón regalando mercaderías, útiles escolares, y hasta dinero en efectivo. "Yo sé que por ahí se andan diciendo cosas, pero a quién le importa de dónde sale la plata si la plata va al pueblo", dijo el narcocandidato durante un improvisado discurso en el barrio Macuco. No hubo cuestionamientos, sólo aplausos. Para reforzar su campaña política, cosa que venía planeando y estudiando desde hacía tiempo, compró una radio por $ 20.000. La FM Cultural era de su amigo y ex intendente Oscar "Koki" Lorenzo, con quien había compartido tertulias de micrófono en un programa que se llamaba "Con razón o sin razón". "Koki" tiene más de una docena de causas en su mochila; malversación de fondos públicos fue la última. En algunos de los expedientes, Da Costa fue testigo de su amigo el ex alcalde. Pero los compañeros de locución terminaron distanciándose por razones políticas, ambos querían quedarse con la intendencia de Dos de Mayo. El nombre del programa de radio en el que se escuchaba cumbia, cachaca, y las arengas políticas de Camaleón sintetizaba su propio pensamiento. Aunque no tuviese razón, él la imponía aunque fuera a tiro limpio. Da Costa aprendió a usar armas durante su instrucción como agente de policía y después de aprobar el curso fue enviado a la comisaría de Dos de Mayo. Sus días en la fuerza fueron tan vertiginosos como los de candidato a intendente; tuvo que dejar el uniforme al ser exonerado "por delincuente", aseguró un oficial que lo conoce con mañas y todo. Camaleón era un apodo más ligado al mundo del hampa, poco atinado para sus propósitos políticos. Es así que decidió cambiárselo y estampó con pintura su nuevo alias en el frente de la radio: "El Pibe de Oro". También lo incluyó en la artística de la programación: "Con ustedes el Pibe de Oro". "A él le gustaba figurar y mostrar las cosas que tenía. Siempre llevaba a la radio una notebook, la abría y la cerraba cuando se iba, no sabía usarla", comentaba un ex empleado del hombre más famoso de Dos de Mayo. Todos los que lo conocían coincidían en que siempre fue bondadoso pero en los últimos años se volvió regalón y hacía una excesiva demostración de sus bienes. Una simpática secretaria de la Municipalidad recuerda que un día llegó Camaleón y pagó de un saque toda la deuda de un aserradero, "decían que se dedicaba a la venta de madera". "No sé de dónde sacaba tanta plata, él era un seco, le debía a medio mundo", relató un quinielero que hace algunos años no había dudado en pegarle un tiro en la pierna a Camaleón porque no podía cobrarle una deuda. Hasta el viento que levanta polvo a lo largo de la Avenida del Colono cuenta que Da Costa se volvió un verdadero Pibe de Oro de la noche a la mañana, envuelto en una red de narcotráfico que llegaría hasta las más altas esferas del poder político de la provincia. "Andaba en cosas raras", dicen los más prudentes. Sus horas de ocio las despuntaba en el casino de la localidad de San Vicente. Le gustan las carreras de caballos, pero por sobre todas las cosas es un fanático de las riñas de gallo. "Lo de las riñas no sé, pero sí que gastaba mucha plata en el casino. A mí me gustaba ir y siempre me lo encontraba… hasta le pedía cuando me quedaba seco", comentó risueño uno de los consultados. Lo cierto es que todos en Dos de Mayo sabían que el Camaleón no caminaba por una línea recta. Hombre de armas Da Costa también se jactaba de ser un hombre de acción y cuando se enojaba con alguien podía llegar a ser muy violento, sobre todo cuando sacaba su arma. La poca paciencia de Camaleón la padeció un grupo de empleados de la empresa que había contratado el municipio para controlar la velocidad de los automóviles. "Nosotros habíamos contratado a la empresa Syteco para operar los radares. Y una vez Da Costa disparó a los empleados a quemarropa", destacó un funcionario de la Municipalidad que se animó a hablar con este diario sólo off the record. Por ese incidente, el Pibe de Oro tiene una causa en el juzgado de Instrucción de San Vicente, a cargo del juez Juan Carlos Cantero. En ese mismo juzgado tiene un expediente por usurpar un terreno municipal. La denuncia fue hecha por el municipio, pero Da Costa ganó el juicio. Una fuente policial que conoce buena parte de los movimientos de Camaleón ilustró algunas de sus resignaciones. "En la causa por los disparos a los radares encontramos vainas de 9 milímetros, pero nunca le pudimos encontrar el arma. Y después hubo otra por dispararle a una persona, en un allanamiento le encontramos un revolver .38 y lo detuvimos, pero después él mismo contó que pagó $ 80.000 para salir". Escuchar a los policías que le seguían la pista echa por tierra todo el concepto que tienen los vecinos de los barrios más humildes de Dos de Mayo sobre el Pibe de Oro, al que ven como una especie de Robin Hood. Camaleón se movía con la impunidad que sólo le podía ofrecer "alguien de arriba" dedujo un avispado oficial de la policía con varios años de trayectoria en el arte de perseguir delincuentes. De una u otra manera, Da Costa siempre sabía cuándo alguien estaba por hacerle un allanamiento. Cuando se le incautó el revólver calibre .38 con el que había tiroteado a un tal Paco Carlloto, el jefe de la comisaría de Dos de Mayo, Evualdo Katz, había tomado el recaudo de sólo informar a un grupo de policías con los que iba a realizar el operativo. La tomada de pelo vino cuando después de estar unos días detenido, Camaleón decidió irse en moto de la comisaría. Para eso, decidió comprarle la moto a uno de los policías: el oficial principal Jorge Bigalki aceptó los $ 13.000 al contado. "A él lo que más le mataba era la lengua que tenía", explicaba un oficial que no dudaba en restarle entidad a Camaleón y sostenía que alguien más había detrás de él. Esa misma fuente agregó: "Yo sé que para salir pagó $ 80.000, lo sé porque él mismo lo contó". El abogado Orlando Nass era el encargado de sacar a Da Costa de los aprietos en los que se metía. Se cuenta en la Policía de Dos de Mayo que un día el jefe de la comisaría decidió echar al letrado porque habría intentado extorsionarlo. El mismo letrado patrocinó al boxeador que cuida las espaldas de Camaleón en un pedido de amparo para que no lo echaran de la planta permanente de la Municipalidad. La investigación que levantó Gendarmería Camaleón vive en un modesto búnker que parece una casa: el muro que rodea su intimidad supera holgadamente los 2 metros al igual que los 2 portones de acceso, el del frente y el de atrás. Al menos 1 cámara lo mantiene atento a los movimientos de afuera. De todas maneras y por las dudas, 1 de sus vecinos es el fiel boxeador que cada tanto espía por la ventana. Pero lo que el guardaespaldas y Da Costa no sabían es que durante casi todo el 2004 un grupo de gendarmes de la sección Jardín América había estado viviendo en una de las casas de al lado. La residencia había sido prestada por las autoridades municipales. No era casualidad, los hombres de la fuerza habían recibido órdenes de vigilar todos los movimientos del cada vez más próspero Pibe de Oro. Sin vestir el clásico uniforme verde oliva, los centinelas se desplazaban en un Renault 12 que se caía a pedazos. Pero de buenas a primeras los vecinos de Camaleón desaparecieron sin siquiera despedirse. Ya no tenían nada que investigar. Algunos oficiales de la policía de la seccional de Dos de Mayo y la de El Soberbio tenían a Camaleón bajo la lupa. Durante este año, las autoridades policiales de Brasil tomaron conocimiento en 16 oportunidades cuando Da Costa estaba por cruzar la frontera, pero nunca pudieron arrestarlo. Gendarmería también era informada cuando "el vecino de Dos de Mayo" se preparaba para cruzar al otro lado. Un oficial de Gendarmería -al que la última vez en que se lo vio enfundado en uniforme fue el día de su graduación- no dudó en asegurar que en la fuerza sabían sobre las andanzas del narcocandidato. "Era un perejil, la verdad es que no sé quién lo bancaba. Ojo que por ahí andaban atrás de él buscando algo más groso", señaló en la más absoluta reserva. El día que cayó Camaleón El sueño político de Da Costa terminó el jueves 19 de abril cuando la policía de la fronteriza localidad brasileña de Porto Soberbo lo detuvo con 388 kilos de marihuana distribuida en 426 ladrillos. La droga estaba escondida en la camioneta Ford Ranger modelo 2006 que él mismo conducía. Camaleón habría comprado la droga en Paraguay para luego venderla en Brasil. La misma versión fue confirmada por Alexandre Augusto Wegner, delegado del destacamento policial que lo arrestó cuando Camaleón intentó huir después de advertir que lo estaban siguiendo. Daniel "Fonchi" Duarte, dueño del diario gratuito 'Noticias de la Calle' y principal operador político del saliente gobernador Carlos Rovira, aprovechó la detención de Camaleón para abrir fuego contra uno de sus enemigos favoritos: el intendente de Posadas y candidato a gobernador, Jorge Brignole. El alcalde no hizo más que llamar a una conferencia de prensa para sacudirse de sus hombros al narcocandidato que tenía en Dos de Mayo. Además alertó que a partir de la detención de Da Costa iba a comenzar una campaña de desprestigio en su contra. "Y sí, creo que fue una semana después de que cayó Camaleón cuando lo atraparon al hermano con una carga", explicó una ex familiar de Da Costa. Alguien intentaba desarticular los negociados de Camaleón. Según publicó el diario 'Atos e Fatos', del distrito brasileño de Tres Passos, no era la primera vez que Da Costa ingresaba droga a Brasil. De hecho el argentino habría estado bajo la lupa de la policía porque suponían que pertenecía a una red de narcotraficantes que operaba en la región de Porto Alegre. El narcocandidato terminó detenido en el presidio estadual de Tres Passos. Pero no pasó más de 2 meses bajo la sombra de la cárcel brasileña. En la madrugada del viernes 1º de junio, el Camaleón se escapó con la complicidad de la propia policía que lo había apresado. Paulo Do Nacimento dijo llamarse el guardia cárcel con el que se contactó Territorios en un "lanchonete" del otro lado de la frontera. Después de un par de cervezas, el encargado de cuidar a Da Costa pidió sólo US$ 500 para contar con lujo de detalles cómo fue que el narcocandidato argentino dejó su lugar de detención. "Su amigo no se escapó, lo vinieron a llevar", eso fue lo único que dijo el brasileño después de acordar un nuevo encuentro con una grabadora y US$ 800. Los US$ 500 era sin la grabadora. El sábado 2 de junio, alrededor de las 13:30, un colono de El Soberbio encontró a Da Costa en la ribera del río Uruguay, agonizante y con una herida de arma de fuego a la altura de la costilla. Ese mismo día, cuando todos en la zona ya sabían del hombre baleado, el titular de la Unidad Regional Ocho de San Vicente, comisario mayor Miguel Blanco, recibió órdenes de no informar nada a la prensa, mantener el secreto y colocar custodia a Da Costa. Las instrucciones partieron de la Jefatura de la policía provincial. "Nosotros tenemos tres hipótesis. Una es que alguien de acá fue con la plata para que lo dejaran libre y para que lo mataran de este lado por arreglo de cuentas. Otra es que él inventó que tenía la plata de este lado para pagar la coima y cuando llegó acá no tenía la plata que había prometido en el momento y ahí se puso fea la cosa. La tercera es que se escapó con otros y algo pasó de este lado. Me inclino por la primera", confió una fuente policial. Un íntimo amigo de Da Costa aconsejó a Territorios no preguntar más sobre el tema. Y advirtió al cronista: "Camaleón está jodido y vos muerto, acá hay gente grande". Nunca antes se había visto tanta custodia policial en el hospital Samic de la ciudad de Oberá, adonde fue llevado Camaleón de urgencia. Nunca antes la policía de Misiones había custodiado a alguien con tanto empeño. Cuando ya estaba fuera de peligro, al menos clínicamente hablando, fue trasladado a un sanatorio médico privado de la ciudad de Posadas. El miércoles 13 de junio, Carlos Alberto "Camaleón" Da Costa fue liberado por disposición del juzgado Federal en lo Criminal y Correccional de Posadas, a cargo del magistrado Ramón Claudio Chávez, debido a que la Cancillería de Brasil no había solicitado el pedido formal de extradición a la Justicia argentina.
El Pibe de Oro volvió a brillar cuando salió caminando de la Unidad Regional Uno de la Policía. En ese lugar se notificó de su liberación luego de que a la Cancillería de Brasil se le venciera el plazo para solicitar a la Argentina que sea llevado al Estado vecino. También fue dado de alta de la clínica en la que estaba internado.
La pista Rademacher Un abogado de Dos de Mayo jugaba con una lapicera mientras explicaba su indignación por la liberación de Camaleón. "Este tipo se maneja con impunidad y ahora lo van a guardar". "Si vos querés meterte más en el tema seguí la ruta de la plata y de los contactos de él, y ahí vas haber quién está detrás de todo", agregó el letrado. Habría sido la presidente del Concejo Deliberante de Dos de Mayo, según relató una fuente de ese cuerpo, quien alertó a Brignole sobre la clase de persona que era Da Costa. Pero el alcalde posadeño no hizo caso a las versiones. El silencio fue la estrategia que utilizaron los asesores de Camaleón, camino que también siguieron las autoridades judiciales. Desde que el Pibe de Oro quedó en libertad el silencio se profundizó. Con ese sospechoso silencio sería imposible llegar a la cumbre de la organización en la que estaría envuelto Camaleón, según las diferentes fuentes policiales y de gendarmería consultadas para esta investigación. A pesar de la ostentación que hacía el ex narcocandidato, la mayoría de sus bienes no está a su nombre. Cada uno de los pasos que da el custodiado Da Costa es asesorado por su abogado, Orlando Nass. Diferentes abogados del foro de Posadas y Oberá aseguraron que el hábil abogado formaría parte del selecto clan de letrados que rodean a Fonchi Duarte. Nass, a la hora de patrocinar a Da Costa, no trabajaría solo. Según se indica en un protocolo notarial de junio de 2006, firmado ante la escribana pública Mariela Amarilla de Toledo, Da Costa otorgó poder a dos abogados para que le manejaran no sólo las cuestiones legales, sino también las administrativas. La escribana dio fe y puso la firma en el instrumento legal en que Camaleón "otorga poder general para juicios y asuntos administrativos a favor de los abogados doctores Orlando Enrique Nass, matricula 1.537, F° 145, T° 5; y/o Ramón Oscar Camargo, matricula 808, para que actuando conjunta, separada o alternativamente en sus nombres y representación, intervengan en todas sus causas, asuntos, cuestiones judiciales y administrativas". En el documento se puede leer una larga lista de ítems. En definitiva Da Costa puso hace 1 año todo en manos de estos 2 abogados integrantes del circulo íntimo del arquitecto político de la renovación: Daniel "Fonchi" Duarte. El Negro, como se lo conoce a Camargo en los pasillos de Tribunales y en el mundillo renovador, tiene una llegada familiar a algunos funcionarios de las más altas esferas de la nueva Justicia misionera. Además de ser amigo de Duarte es el cuñado de una de las ex socias del dueño de 'Noticias de la Calle': la ministra del Superior Tribunal de Justicia, Cristina Leiva. Más allá de las relaciones familiares del apoderado de Camaleón, es sabido que Camargo es un influyente asesor de diferentes municipios de la renovación, entre ellos el de la localidad de Santa Ana, donde se construirá la Cruz de Rovira, que administra la intendente Mabel Pesoa. Carlos Alberto Da Costa todavía sigue sin saber cómo fue que cayó con una carga de casi 400 kilos de marihuana. Sus amigos siguen insistiendo en que fue víctima de una cama. Tal vez el Pibe de Oro tampoco sepa quiénes son sus verdaderos jefes.
El Territorio). Camaleón miraba al techo de la celda cuando se preguntaba por centésima vez en el día qué era lo que había ocurrido. El narcocandidato a intendente de Dos de Mayo, un silencioso pueblo de casas bajas y techos de zinc que se encuentra a unos 150 kilómetros de la capital de Misiones, no entendía cómo es que la policía brasileña lo había pescado mientras llevaba en su camioneta unos 400 kilos de marihuana. La preocupación de Carlos Da Costa no estaba puesta en su esposa ni en su hijo de tres meses, tampoco le perturbaba la idea de saber que había perdido la oportunidad de convertirse en un respetable alcalde. Lo único que lo desconcertaba era no saber quién lo había vendido. En una de las cuatro oportunidades en que su esposa, Mirta Márquez, fue a visitarlo a la prisión estatal del distrito brasileño de Tres Passos, a unos 200 kilómetros de El Soberbio, él le había confesado que no sabía qué era lo que había pasado y que tenía miedo de seguir permaneciendo ahí. De todas maneras confiaba en que tarde o temprano sus abogados lo iban a sacar de la misma manera que lo habían hecho en otras oportunidades. Camaleón ya había estado detenido dos veces, al menos en Misiones, siempre por amenazas y por tenencia de armas de fuego. "Realmente no sé qué paso… por ahí fue una trampa porque él era una persona muy cuidadosa, pero vos podés decir que era una excelente persona y eso nadie te lo va a negar", decía Abel mientras se agarraba la calva cabeza con las dos manos. Desparramado en un desgastado sillón, el ex boxeador y guardaespaldas de confianza del hombre que soñaba con ser intendente, remarcaba lo extraña que había sido la detención. "Yo te digo, si él no hubiese sido candidato, seguía para adelante y nadie lo iba a voltear". Abel, grandote como el hombre de piedra del film La historia sin fin, tiene más calle que un taxi viejo y antes de hablar de su vecino, compadre, amigo y jefe, lo piensa mil veces. "A Camaleón le gustaba la plata, vos sabes cómo es esto", decía mientras con uno de sus enormes dedos intentaba sacarse un resto de carne que se había quedado atascado entre sus muelas. Da Costa estaba entusiasmado con su nuevo papel de candidato a intendente por el Frente de Todos, agrupación política que impulsa la candidatura a gobernador del actual intendente de Posadas, Jorge Brignole. No hubo barrio ni picada por la que no haya pasado Camaleón regalando mercaderías, útiles escolares, y hasta dinero en efectivo. "Yo sé que por ahí se andan diciendo cosas, pero a quién le importa de dónde sale la plata si la plata va al pueblo", dijo el narcocandidato durante un improvisado discurso en el barrio Macuco. No hubo cuestionamientos, sólo aplausos. Para reforzar su campaña política, cosa que venía planeando y estudiando desde hacía tiempo, compró una radio por $ 20.000. La FM Cultural era de su amigo y ex intendente Oscar "Koki" Lorenzo, con quien había compartido tertulias de micrófono en un programa que se llamaba "Con razón o sin razón". "Koki" tiene más de una docena de causas en su mochila; malversación de fondos públicos fue la última. En algunos de los expedientes, Da Costa fue testigo de su amigo el ex alcalde. Pero los compañeros de locución terminaron distanciándose por razones políticas, ambos querían quedarse con la intendencia de Dos de Mayo. El nombre del programa de radio en el que se escuchaba cumbia, cachaca, y las arengas políticas de Camaleón sintetizaba su propio pensamiento. Aunque no tuviese razón, él la imponía aunque fuera a tiro limpio. Da Costa aprendió a usar armas durante su instrucción como agente de policía y después de aprobar el curso fue enviado a la comisaría de Dos de Mayo. Sus días en la fuerza fueron tan vertiginosos como los de candidato a intendente; tuvo que dejar el uniforme al ser exonerado "por delincuente", aseguró un oficial que lo conoce con mañas y todo. Camaleón era un apodo más ligado al mundo del hampa, poco atinado para sus propósitos políticos. Es así que decidió cambiárselo y estampó con pintura su nuevo alias en el frente de la radio: "El Pibe de Oro". También lo incluyó en la artística de la programación: "Con ustedes el Pibe de Oro". "A él le gustaba figurar y mostrar las cosas que tenía. Siempre llevaba a la radio una notebook, la abría y la cerraba cuando se iba, no sabía usarla", comentaba un ex empleado del hombre más famoso de Dos de Mayo. Todos los que lo conocían coincidían en que siempre fue bondadoso pero en los últimos años se volvió regalón y hacía una excesiva demostración de sus bienes. Una simpática secretaria de la Municipalidad recuerda que un día llegó Camaleón y pagó de un saque toda la deuda de un aserradero, "decían que se dedicaba a la venta de madera". "No sé de dónde sacaba tanta plata, él era un seco, le debía a medio mundo", relató un quinielero que hace algunos años no había dudado en pegarle un tiro en la pierna a Camaleón porque no podía cobrarle una deuda. Hasta el viento que levanta polvo a lo largo de la Avenida del Colono cuenta que Da Costa se volvió un verdadero Pibe de Oro de la noche a la mañana, envuelto en una red de narcotráfico que llegaría hasta las más altas esferas del poder político de la provincia. "Andaba en cosas raras", dicen los más prudentes. Sus horas de ocio las despuntaba en el casino de la localidad de San Vicente. Le gustan las carreras de caballos, pero por sobre todas las cosas es un fanático de las riñas de gallo. "Lo de las riñas no sé, pero sí que gastaba mucha plata en el casino. A mí me gustaba ir y siempre me lo encontraba… hasta le pedía cuando me quedaba seco", comentó risueño uno de los consultados. Lo cierto es que todos en Dos de Mayo sabían que el Camaleón no caminaba por una línea recta. Hombre de armas Da Costa también se jactaba de ser un hombre de acción y cuando se enojaba con alguien podía llegar a ser muy violento, sobre todo cuando sacaba su arma. La poca paciencia de Camaleón la padeció un grupo de empleados de la empresa que había contratado el municipio para controlar la velocidad de los automóviles. "Nosotros habíamos contratado a la empresa Syteco para operar los radares. Y una vez Da Costa disparó a los empleados a quemarropa", destacó un funcionario de la Municipalidad que se animó a hablar con este diario sólo off the record. Por ese incidente, el Pibe de Oro tiene una causa en el juzgado de Instrucción de San Vicente, a cargo del juez Juan Carlos Cantero. En ese mismo juzgado tiene un expediente por usurpar un terreno municipal. La denuncia fue hecha por el municipio, pero Da Costa ganó el juicio. Una fuente policial que conoce buena parte de los movimientos de Camaleón ilustró algunas de sus resignaciones. "En la causa por los disparos a los radares encontramos vainas de 9 milímetros, pero nunca le pudimos encontrar el arma. Y después hubo otra por dispararle a una persona, en un allanamiento le encontramos un revolver .38 y lo detuvimos, pero después él mismo contó que pagó $ 80.000 para salir". Escuchar a los policías que le seguían la pista echa por tierra todo el concepto que tienen los vecinos de los barrios más humildes de Dos de Mayo sobre el Pibe de Oro, al que ven como una especie de Robin Hood. Camaleón se movía con la impunidad que sólo le podía ofrecer "alguien de arriba" dedujo un avispado oficial de la policía con varios años de trayectoria en el arte de perseguir delincuentes. De una u otra manera, Da Costa siempre sabía cuándo alguien estaba por hacerle un allanamiento. Cuando se le incautó el revólver calibre .38 con el que había tiroteado a un tal Paco Carlloto, el jefe de la comisaría de Dos de Mayo, Evualdo Katz, había tomado el recaudo de sólo informar a un grupo de policías con los que iba a realizar el operativo. La tomada de pelo vino cuando después de estar unos días detenido, Camaleón decidió irse en moto de la comisaría. Para eso, decidió comprarle la moto a uno de los policías: el oficial principal Jorge Bigalki aceptó los $ 13.000 al contado. "A él lo que más le mataba era la lengua que tenía", explicaba un oficial que no dudaba en restarle entidad a Camaleón y sostenía que alguien más había detrás de él. Esa misma fuente agregó: "Yo sé que para salir pagó $ 80.000, lo sé porque él mismo lo contó". El abogado Orlando Nass era el encargado de sacar a Da Costa de los aprietos en los que se metía. Se cuenta en la Policía de Dos de Mayo que un día el jefe de la comisaría decidió echar al letrado porque habría intentado extorsionarlo. El mismo letrado patrocinó al boxeador que cuida las espaldas de Camaleón en un pedido de amparo para que no lo echaran de la planta permanente de la Municipalidad. La investigación que levantó Gendarmería Camaleón vive en un modesto búnker que parece una casa: el muro que rodea su intimidad supera holgadamente los 2 metros al igual que los 2 portones de acceso, el del frente y el de atrás. Al menos 1 cámara lo mantiene atento a los movimientos de afuera. De todas maneras y por las dudas, 1 de sus vecinos es el fiel boxeador que cada tanto espía por la ventana. Pero lo que el guardaespaldas y Da Costa no sabían es que durante casi todo el 2004 un grupo de gendarmes de la sección Jardín América había estado viviendo en una de las casas de al lado. La residencia había sido prestada por las autoridades municipales. No era casualidad, los hombres de la fuerza habían recibido órdenes de vigilar todos los movimientos del cada vez más próspero Pibe de Oro. Sin vestir el clásico uniforme verde oliva, los centinelas se desplazaban en un Renault 12 que se caía a pedazos. Pero de buenas a primeras los vecinos de Camaleón desaparecieron sin siquiera despedirse. Ya no tenían nada que investigar. Algunos oficiales de la policía de la seccional de Dos de Mayo y la de El Soberbio tenían a Camaleón bajo la lupa. Durante este año, las autoridades policiales de Brasil tomaron conocimiento en 16 oportunidades cuando Da Costa estaba por cruzar la frontera, pero nunca pudieron arrestarlo. Gendarmería también era informada cuando "el vecino de Dos de Mayo" se preparaba para cruzar al otro lado. Un oficial de Gendarmería -al que la última vez en que se lo vio enfundado en uniforme fue el día de su graduación- no dudó en asegurar que en la fuerza sabían sobre las andanzas del narcocandidato. "Era un perejil, la verdad es que no sé quién lo bancaba. Ojo que por ahí andaban atrás de él buscando algo más groso", señaló en la más absoluta reserva. El día que cayó Camaleón El sueño político de Da Costa terminó el jueves 19 de abril cuando la policía de la fronteriza localidad brasileña de Porto Soberbo lo detuvo con 388 kilos de marihuana distribuida en 426 ladrillos. La droga estaba escondida en la camioneta Ford Ranger modelo 2006 que él mismo conducía. Camaleón habría comprado la droga en Paraguay para luego venderla en Brasil. La misma versión fue confirmada por Alexandre Augusto Wegner, delegado del destacamento policial que lo arrestó cuando Camaleón intentó huir después de advertir que lo estaban siguiendo. Daniel "Fonchi" Duarte, dueño del diario gratuito 'Noticias de la Calle' y principal operador político del saliente gobernador Carlos Rovira, aprovechó la detención de Camaleón para abrir fuego contra uno de sus enemigos favoritos: el intendente de Posadas y candidato a gobernador, Jorge Brignole. El alcalde no hizo más que llamar a una conferencia de prensa para sacudirse de sus hombros al narcocandidato que tenía en Dos de Mayo. Además alertó que a partir de la detención de Da Costa iba a comenzar una campaña de desprestigio en su contra. "Y sí, creo que fue una semana después de que cayó Camaleón cuando lo atraparon al hermano con una carga", explicó una ex familiar de Da Costa. Alguien intentaba desarticular los negociados de Camaleón. Según publicó el diario 'Atos e Fatos', del distrito brasileño de Tres Passos, no era la primera vez que Da Costa ingresaba droga a Brasil. De hecho el argentino habría estado bajo la lupa de la policía porque suponían que pertenecía a una red de narcotraficantes que operaba en la región de Porto Alegre. El narcocandidato terminó detenido en el presidio estadual de Tres Passos. Pero no pasó más de 2 meses bajo la sombra de la cárcel brasileña. En la madrugada del viernes 1º de junio, el Camaleón se escapó con la complicidad de la propia policía que lo había apresado. Paulo Do Nacimento dijo llamarse el guardia cárcel con el que se contactó Territorios en un "lanchonete" del otro lado de la frontera. Después de un par de cervezas, el encargado de cuidar a Da Costa pidió sólo US$ 500 para contar con lujo de detalles cómo fue que el narcocandidato argentino dejó su lugar de detención. "Su amigo no se escapó, lo vinieron a llevar", eso fue lo único que dijo el brasileño después de acordar un nuevo encuentro con una grabadora y US$ 800. Los US$ 500 era sin la grabadora. El sábado 2 de junio, alrededor de las 13:30, un colono de El Soberbio encontró a Da Costa en la ribera del río Uruguay, agonizante y con una herida de arma de fuego a la altura de la costilla. Ese mismo día, cuando todos en la zona ya sabían del hombre baleado, el titular de la Unidad Regional Ocho de San Vicente, comisario mayor Miguel Blanco, recibió órdenes de no informar nada a la prensa, mantener el secreto y colocar custodia a Da Costa. Las instrucciones partieron de la Jefatura de la policía provincial. "Nosotros tenemos tres hipótesis. Una es que alguien de acá fue con la plata para que lo dejaran libre y para que lo mataran de este lado por arreglo de cuentas. Otra es que él inventó que tenía la plata de este lado para pagar la coima y cuando llegó acá no tenía la plata que había prometido en el momento y ahí se puso fea la cosa. La tercera es que se escapó con otros y algo pasó de este lado. Me inclino por la primera", confió una fuente policial. Un íntimo amigo de Da Costa aconsejó a Territorios no preguntar más sobre el tema. Y advirtió al cronista: "Camaleón está jodido y vos muerto, acá hay gente grande". Nunca antes se había visto tanta custodia policial en el hospital Samic de la ciudad de Oberá, adonde fue llevado Camaleón de urgencia. Nunca antes la policía de Misiones había custodiado a alguien con tanto empeño. Cuando ya estaba fuera de peligro, al menos clínicamente hablando, fue trasladado a un sanatorio médico privado de la ciudad de Posadas. El miércoles 13 de junio, Carlos Alberto "Camaleón" Da Costa fue liberado por disposición del juzgado Federal en lo Criminal y Correccional de Posadas, a cargo del magistrado Ramón Claudio Chávez, debido a que la Cancillería de Brasil no había solicitado el pedido formal de extradición a la Justicia argentina. El Pibe de Oro volvió a brillar cuando salió caminando de la Unidad Regional Uno de la Policía. En ese lugar se notificó de su liberación luego de que a la Cancillería de Brasil se le venciera el plazo para solicitar a la Argentina que sea llevado al Estado vecino. También fue dado de alta de la clínica en la que estaba internado.
La pista Rademacher Un abogado de Dos de Mayo jugaba con una lapicera mientras explicaba su indignación por la liberación de Camaleón. "Este tipo se maneja con impunidad y ahora lo van a guardar". "Si vos querés meterte más en el tema seguí la ruta de la plata y de los contactos de él, y ahí vas haber quién está detrás de todo", agregó el letrado. Habría sido la presidente del Concejo Deliberante de Dos de Mayo, según relató una fuente de ese cuerpo, quien alertó a Brignole sobre la clase de persona que era Da Costa. Pero el alcalde posadeño no hizo caso a las versiones. El silencio fue la estrategia que utilizaron los asesores de Camaleón, camino que también siguieron las autoridades judiciales. Desde que el Pibe de Oro quedó en libertad el silencio se profundizó. Con ese sospechoso silencio sería imposible llegar a la cumbre de la organización en la que estaría envuelto Camaleón, según las diferentes fuentes policiales y de gendarmería consultadas para esta investigación. A pesar de la ostentación que hacía el ex narcocandidato, la mayoría de sus bienes no está a su nombre. Cada uno de los pasos que da el custodiado Da Costa es asesorado por su abogado, Orlando Nass. Diferentes abogados del foro de Posadas y Oberá aseguraron que el hábil abogado formaría parte del selecto clan de letrados que rodean a Fonchi Duarte. Nass, a la hora de patrocinar a Da Costa, no trabajaría solo. Según se indica en un protocolo notarial de junio de 2006, firmado ante la escribana pública Mariela Amarilla de Toledo, Da Costa otorgó poder a dos abogados para que le manejaran no sólo las cuestiones legales, sino también las administrativas. La escribana dio fe y puso la firma en el instrumento legal en que Camaleón "otorga poder general para juicios y asuntos administrativos a favor de los abogados doctores Orlando Enrique Nass, matricula 1.537, F° 145, T° 5; y/o Ramón Oscar Camargo, matricula 808, para que actuando conjunta, separada o alternativamente en sus nombres y representación, intervengan en todas sus causas, asuntos, cuestiones judiciales y administrativas". En el documento se puede leer una larga lista de ítems. En definitiva Da Costa puso hace 1 año todo en manos de estos 2 abogados integrantes del circulo íntimo del arquitecto político de la renovación: Daniel "Fonchi" Duarte. El Negro, como se lo conoce a Camargo en los pasillos de Tribunales y en el mundillo renovador, tiene una llegada familiar a algunos funcionarios de las más altas esferas de la nueva Justicia misionera. Además de ser amigo de Duarte es el cuñado de una de las ex socias del dueño de 'Noticias de la Calle': la ministra del Superior Tribunal de Justicia, Cristina Leiva. Más allá de las relaciones familiares del apoderado de Camaleón, es sabido que Camargo es un influyente asesor de diferentes municipios de la renovación, entre ellos el de la localidad de Santa Ana, donde se construirá la Cruz de Rovira, que administra la intendente Mabel Pesoa. Carlos Alberto Da Costa todavía sigue sin saber cómo fue que cayó con una carga de casi 400 kilos de marihuana. Sus amigos siguen insistiendo en que fue víctima de una cama. Tal vez el Pibe de Oro tampoco sepa quiénes son sus verdaderos jefes.









