CIUDAD DE BUENOS AIRES (
La Nación).- Esta elección nos dejó, entre otros, dos asuntos de vital importancia para el futuro de la ciudad y sus ciudadanos, y la calidad de nuestras instituciones. El primero, en relación con lo que pasó, y el segundo, vinculado con lo que tenemos por delante.
En el primer caso, esta elección permitió que se planteara la imperiosa necesidad de reclamar la autonomía plena de la ciudad. Se avanzó de manera contundente en la discusión acerca de la potestad de las autoridades gobernantes de la ciudad sobre el transporte, la seguridad, el puerto, entre otros temas que hacen a la defensa de los intereses de los porteños.
Asimismo, quiero rescatar un tema de crucial importancia como fue el de la definición de la fecha de esta elección. Hay allí dos aspectos valiosos para tener en cuenta.
Por un lado, los procesos de transición nunca han sido de 15 días en la ciudad, sino de varios meses. Cuántas veces hemos visto gobiernos que consumen la primera parte de su mandato en el proceso de aprendizaje. En ese sentido, el modelo de transición que proponemos apunta a que el gobernante tome decisiones que permitan iniciar la gestión de manera ordenada desde su primer día.
Por otro lado, la determinación de esa fecha estuvo íntimamente relacionada con mi convicción acerca del necesario reclamo de autonomía. Por primera vez un gobierno en funciones reclama los poderes plenos para la ciudad de Buenos Aires, tema que hacía más de una década era utilizado por la oposición como estrategia de campaña.
Fijar una fecha desligada de las elecciones nacionales era imperioso en ese debate que habíamos planteado. Sin esa distancia de las elecciones nacionales, ese gran beneficio que trajo esta campaña de que se estableciera en la agenda la discusión acerca de la autonomía no habría sido posible. Además, la discusión nacional habría opacado o neutralizado la discusión sobre la ciudad.
En el segundo caso, los desafíos que implicará la transición entre un gobierno saliente y uno entrante. Tenemos la convicción y la voluntad de poner todo el esfuerzo republicano para llevar adelante un traspaso de mando ejemplar.
No sólo porque es mandato constitucional, sino porque, además, debemos dejar atrás las formas turbulentas de las transiciones del pasado. Esas que dejaron como damnificados, más que a los dirigentes, a la sociedad.
Sobre todo en un país como el nuestro, en el que la calidad de las instituciones republicanas aún tiene mucho por mejorar, tanto en su cabal funcionamiento como en su vulnerabilidad ante los cambios de gobierno.
Es mi voluntad y la de mi gobierno que el proceso sea transparente y que haga pública la información. Que comience a borrar la idea de propios y enemigos.
El diálogo entre el gobierno saliente y el entrante demostrará a la sociedad que una elección no es un asunto de vida o muerte.
El diálogo entre dos fuerzas políticas llevará a la cordura y racionalidad que la sociedad le reclama a la comunidad política.
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Hay que borrar la idea de propios y de enemigos
Jorge Telerman ya habría decidido desplazar a la ministra de Derechos Humanos, Gabriela Cerruti, y discute el futuro de otros dos funcionarios de primera línea, más algunos de segundo orden. Los cambios, en parte, apuntarían a quienes se inclinaron por Filmus en el balotaje; a la vez, se mostró conciliador con el gobierno entrante e intentó rescatar sus últimos frutos:
25 de junio de 2007 - 11:02







