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MINISTERIOS DE SEGURIDAD DEFORESTADOS

"Ni un tiro se escucha en la frontera de las cocaínas, el cripy, la marihuana y el hachís"

Mar, 27/10/2020 - 9:18pm
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¿Cuál era la misión de Sabrina Frederic al frente del Ministerio de Seguridad? Habría que recordarlo en voz alta porque ya se perdió. Luego, no olvidar que la gestión de Frederic habla más del concepto que tiene Alberto Fernández sobre la seguridad que de la propia Frederic, al fin de cuentas sólo una ministra. ¿Hay más eficiencia en la lucha contra el delito? (porque de eso se trata, ¿no?). Abunda la teoría y es escasa la práctica. Laura Etcharren recuerda: "Hay varios "megaplanes" a pesar de la cosecha de cadáveres compuesta por uniformados y no uniformados en manos de una delincuencia agradecida." Qué palabra peligrosa "megaplan" porque su cumplimiento se agota cuando se formula no cuando se ejecuta. Porque si esto sucede, ya no es un plan. En fin, vamos a la nota:

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Sabrina Frederich.
Contenido

CIUDAD DE BUENOS AIRES (SocLauraEtcharren). Sabina Frederic es la ministro que el Presidente Alberto Fernández eligió porque se asemeja a esa onda de cancionero de colegio secundario. 
De rondas de guitarra. 
De plataformas de idealismo. 
De amores perfectos. Y cuando imperfectos, disparadores de reflexiones emocionales para atesorar en los anales de la "huevada". 


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Atrapados en la teoría, sumergidos en el romance. Con la aplicación de formas criticadas pero hoy utilizadas, el Frente de Todos se consagra como un aparato reproductivo de errores con el agravante de considerar que la actividad delictiva debe ser comprendida por las víctimas.

La droga "enfriada", verso de los '80 reflotado por Cambiemos en la versión continuamos de la seguridad, hace la diferencia al momento de la estadística. Aunque es también, la droga "enfriada", la razón que tienen las improvisadas para ser ministros de seguridad. La justificación de ser. La constancia de que algo hay que secuestrar aunque sea pasto seco con algunas hierbas y algunos pocos gramos de cannabis. 

Se despliega, desde el Ministerio Rifado de Seguridad Nacional, una mirada freudiana. Un psicoanálisis de la criminalidad. Una contemplación absurda del delito. Aunque en ese absurdo, está la estrategia de la nada. La de la irresponsable ignorancia. Porque la realidad, en materia de seguridad, es que Argentina naufraga en la teoría. 

Asentada sobre las bases de la comprensión de los sujetos sujetados por un poder maléfico, la sociedad debe comprender que la delincuencia tiene sus derechos. Entre ellos, el derecho a robar. Y si mamá o papá no cumplieron con su rol de contenedores en la infancia y les pinta, los delincuentes también tienen derecho a matar por esa caricia que tal vez les faltó. 

Porque solo a través del disparate y la distorsión, se puede concebir que quieran reducir a la policía a su mínima expresión. 

Pasamos, del poder de gobierno que Patricia Bullrich le otorgó a las Fuerzas Federales, a la visión de Sabina Frederic de una policía desarmada cuando no está en funciones. Cuando un policía jamás deja de serlo. En todo caso, la portación de armas debería ser evaluada antes de otorgar los honores de ser parte de una fuerza de seguridad.

Un policía desarmado en servicio o fuera de servicio, es un policía entregado al delito. Así es, que si lo vas a desarmar, lo tenes que sacar de la calle. Pero el desconocimiento atroz del estado del tejido delictivo invita a la configuración de programas burros. Programas que constatan la cuarta rifa del Ministerio de Seguridad.

Por mucho, y por poco, la Argentina lleva cuatro generaciones de un Ministerio de Seguridad Rifado. Con buenas intenciones pero sin luces, las últimas cuatro administraciones ministeriales, por poner una franja relativamente reciente que incluye la consagración del narcotráfico (2014), estuvieron rifadas. Ninguna estuvo a la altura de abordar al crimen organizado conforme al estadío en el que el mismo se encontraba. Y así, sus diversas vertientes fueron creciendo, se consolidaron, algunas se consagraron y otras emergen a partir de las nuevas células internacionales que hoy forman parte del escenario delictivo local.

La deforestación mental institucional es grave. La composición de las ingenierías intelectuales para abordar los problemas de seguridad es alarmante. Por eso, cuando aparecen incorrectos como Sergio Berni y Marcelo Sain, la deforestación nacional se repliega en el escándalo de las formas. Y no es porque Berni y Sain se destaquen en sus funciones. Es, porque ambos, se le plantan al Ministerio. Saben, que lo que se les envía, es apenas un souvenir del chocolate jack. 

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Como Cambiemos, los nuevos ya no tan nuevos, también dicen ir contra el narcotráfico pero ni un tiro se escucha en la frontera de las cocaínas, el cripy colombiano, la marihuana paraguaya y el hachís que arrima. 

Continuamos con una lucha sin derramamiento de sangre donde comienza la seguridad de un país, en sus fronteras. Donde se inician las alianzas para entrar en la fusión del narcocrimen. 

No disparan, ni siquiera, para disimular. Una lucha que no espanta ni a los perros de la calle. Una lucha que emula la búsqueda del tesoro. 

Es que las Fuerzas Federales o no están allí apostadas o bien, están desplegadas sin estrategia. También, algunos protones de las mismas que aún creen tener poder de gobierno, "se dedican a la rosca política" como cuentan algunos investigadores apostados en las zonas rojas. "Parece que le tomaron el gusto a operar liberando espacios". "Se trata de sectores descontrolados porque la seguridad de fronteras la manejan desde el escritorio de CABA con los pies sobre el escritorio".

Lo cierto es, que la mala distribución de Fuerzas Federales es una constante. Y cuando las Fuerzas Provinciales, conducidas por cojonudos gobernadores/as que no esperan de la providencia nacional para proteger a sus provincias abordan los territorios, y las armas dejan de ser un instrumento decorativo, los correctos de la seguridad se alarman. 

Los novelistas de la lucha se repliegan en el espanto. Y algunos periodistas acompañan la indignación con consejos a la humanidad.

Correctos que cuestionan por color político sin siquiera haber pisado el territorio de un balcón. 

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La toma de tierras, por ejemplo, es un delito minimizado y subestimado. 

Por momentos, en la rifa de seguridad, las tomas son analizadas como una aventura campestre que terminará por sí sola. Cuando en realidad, el tratamiento abúlico las forjará como ya sucede. Y con el delito de la toma aparecerán los delitos conexos. Y con los delitos conexos penetrarán los narcomenudistas. Y con los narcomenudistas se formarán las estructuras de la cadena de venta de estupefacientes. Y si es posible, se instalarán las estructuras de acopio. 

Y a la violencia de la toma se sumarán otros valores violentos.

A la fecha, el delito de toma de tierras se convirtió en un objetivo de la delincuencia frente a la inutilidad nacional en materia de seguridad. Una inutilidad que legitima.

Ocurre, que seguridad de Nación presta atención a lo que no debe y desatiende lo que debe. Así es que desperdicia Fuerzas Federales en centros urbanos para los que no están formadas, y deja vacíos aquellos espacios que sí necesitan de la formación federal.

Pero no se alarmen, hay varios "megaplanes" a pesar de la cosecha de cadáveres compuesta por uniformados y no uniformados en manos de una delincuencia agradecida. Esa delincuencia que las prefiere teóricas. 

"Megaplan" en Provincia de Buenos Aires. 

"Megaplan" en Santa Fe. 

"Megaplanes" gatopardistas. "Megaplanes" de cajita feliz para constar.