CLAVES

Cayó un almirante, nació un referente

Paradojicamente, la caída del ex jefe del Estado Mayor General de la Armada, almirante Carlos Alberto Paz, ha venido a insuflar una cierta dignidad y amor propio a los hombres de la fuerza; valores que casi había agotado el anterior jefe Jorge Godoy, quien a lo largo de 8 años, solo ejecutó con éxito la sumisión más absoluta en favor de sus intereses personales y su subsistencia en el cargo.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24).- Sumisión no es lo mismo que subordinación. La permanencia de un jefe castrense tantos años en la conducción solo se explica por la ausencia de toma de la menor decisión que implicara el menor desgaste 'político' (la política del mal jefe Jorge Godoy fue conocida como de “Riesgo Cero”, y que los problemas se acumularan hacia adelante cuando, algún día, él ya no estaría. Despreciable como actitud, y despreciado el tal Godoy).

Su reemplazo, Carlos Alberto Paz, evidentemente asumió un riesgo (muy menor a comparación con el que toman a diario las fuerzas marinas del mundo, en especial aquellas que enfrentan algún tipo de conflictos) pero todo un logro en la pusilánime Argentina 2012.

¿Qué hizo Paz? Le ordenó al secretario general de la Armada, contraalmirante Luis María González Day, que difundiera una declaración intentando explicar la complejidad de la toma de decisión sobre el itinerario a seguir por el buque-escuela fragata Libertad.

Hay que ser muy cínico para argumentar que el periplo puede ser decidido por la fuerza militar, sin participación del poder político, en especial en una Administración que se enorgullece de despreciar a los militares y reducirlos a su mínima expresión institucional.

El tal Paz observó, con preocupación, que la difusión acerca de la situación de la fragata había quedado en manos de profesionales del mar y organizaciones no gubernamentales muy ligadas a la Armada, las que, a pesar de sus buenas intenciones, no representaban la voz oficial.

La respuesta del poder político ante la aparición en escena de González Day fue inmediata: el 'vocero' fue pasado a disponibilidad. Por las dudas, probablemente como mensaje a propios y ajenos a disponibilidad a otro oficial, que ya lo estaba en una suerte de “lo que abunda no daña”.

La ceremonia de cambio de mando, fue fría en lo formal, un ministro que en ningún momento pudo mirar a Paz a la cara mientras este pronunció sus palabras de despedida. Un discurso breve, sencillo pero una verdadera pieza de oratoria para quien supo leer entre líneas.

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Lo primero que agradeció Paz, fue la confianza de la Presidente y del Ministro “hasta el día de hoy” en su persona.  Aquí Paz dejó claro que se iba por las suyas. En esa línea de pensamiento continuó expresando: “Me voy con la conciencia tranquila y serena”. Tal vez el desafío más grande de Paz fue hacer eso que la Presidente le prohíbe a sus funcionarios: Él renunció, no lo echaron.

Las paredes del salón Libertad del tercer piso del Edificio Libertad se colmaron de aplausos sostenidos largamente por parte de los más de 400 presentes al acto. Un almirante del área de personal sentenció: “Estamos asistiendo al nacimiento de un verdadero jefe el mismo día en que pasa a retiro”.

En los tres minutos que duraron sus palabras el jefe saliente además hizo público el compromiso que habría asumido el ministro Arturo Puricelli de garantizar, que el próximo cobro de sueldos por parte del personal será sin asimetrías que generen malestar.

La fragata no fue nombrada pero la sombra de sus velas desplegadas se proyectaba en el imaginario colectivo.

Finalmente, mientras el almirante Paz, ya despojado en el fondo y en las formas (se quitó la espada de mando segundos después de entregar el cargo) pudo hacer lo que hace un año Godoy no pudo y lo que ayer el ministro no se animó a hacer. Se quedo con sus ex subordinados hasta que el último invitado al acto se retiro. Se emocionó, sonrió, compartió recuerdos y -en especial- recibió una larga muestra de admiración y respeto.