La apertura económica impulsada por el Gobierno nacional comienza a mostrar, según el economista Ricardo Arriazu, profundas implicancias sobre la estructura productiva argentina. Habló de las consecuencias negativas sobre la pobreza y el desempleo durante su exposición en el Webinar de BlackTORO.
ECONOMÍA DUAL
Ricardo Arriazu alerta por bolsones de desempleo y pobreza en conurbanos
El economista Ricardo Arriazu advierte que la apertura económica generará bolsones de desempleo y pobreza en centros urbanos, exigiendo políticas específicas.
Uno de los analistas más escuchados por el presidente Javier Milei sostuvo que el nuevo escenario generará una redistribución de la actividad económica con efectos desiguales entre sectores y regiones, lo que podría traducirse en mayores niveles de desempleo y pobreza en algunos de los principales centros urbanos del país.
Arriazu explicó que la mayor integración comercial favorecerá a las actividades vinculadas a los recursos naturales, mientras que sectores industriales históricamente concentrados en el Gran Buenos Aires perderán participación relativa, algo que ya se ve hace meses y se refleja en los indicadores de actividad del INDEC.
Sin embargo, advirtió que esa transformación no será acompañada por un traslado inmediato de la población hacia las nuevas zonas de crecimiento. “La gente no se mueve”, afirmó, al señalar que los cambios demográficos suelen ser lentos y constituyen uno de los principales desafíos del proceso.
El desafío de la pobreza y el desempleo en centros urbanos
En ese contexto, el economista alertó sobre la posibilidad de que se formen “bolsones de descontento, bolsones de desempleo y de pobreza” en áreas de elevada densidad poblacional y fuerte peso político. A su juicio, ese fenómeno requerirá respuestas de política pública específicas y no podrá resolverse únicamente mediante el funcionamiento del mercado.
Más allá del impacto territorial de la apertura, Arriazu identificó al equilibrio fiscal como el principal elemento diferenciador del actual programa económico respecto de experiencias anteriores de estabilización.
“Lo único que es distinto es que hemos eliminado el déficit fiscal”, afirmó al ser consultado sobre las posibilidades de éxito del esquema vigente.
Según su análisis, la eliminación del déficit permitió alcanzar la coexistencia de superávit fiscal y superávit externo. De acuerdo con su proyección, el país cerrará el año con ambos indicadores en terreno positivo, un escenario que, sostuvo, no registra antecedentes en la historia económica reciente y que tampoco se observa actualmente en otros países de América Latina.
Otro de los ejes centrales de su exposición fue el comportamiento de la demanda de dólares. Arriazu recordó que durante el último año los argentinos compraron US$ 40.000 millones y estimó que el próximo año la demanda continuará siendo elevada debido al calendario electoral. En ese sentido, reiteró que Argentina mantiene una estructura bimonetaria, donde el dólar continúa funcionando como reserva de valor y unidad de cuenta.
El economista anticipó que podrían registrarse tensiones cambiarias durante el año próximo, aunque estimó que una eventual corrida cambiaria ocurriría en una etapa avanzada del proceso electoral. Esa dinámica, consideró, otorgaría al Gobierno una ventana para continuar acumulando reservas antes de que aumente la presión sobre el mercado de cambios.
Factores de crecimiento económico para Argentina
En su análisis de mediano y largo plazo, Arriazu estimó que el patrimonio de los argentinos equivale aproximadamente a cinco veces el Producto Bruto Interno, con un 80% concentrado en inmuebles y dólares depositados en el exterior. A partir de ese diagnóstico identificó siete factores que, a su entender, impulsarán el crecimiento de la economía: la estabilización macroeconómica, Vaca Muerta, la minería, un cambio en las condiciones del sector agropecuario, la industria del conocimiento, la apertura comercial y una baja permanente del tipo de cambio real.
Respecto de la minería, comparó su potencial con el desarrollo que comenzó a mostrar Vaca Muerta en 2013 y destacó la existencia de una franja cuprífera entre San Juan y La Rioja que calificó como potencialmente la más grande del mundo. No obstante, advirtió sobre importantes restricciones logísticas.
Calculó que la demanda de cemento alcanzaría 17 millones de toneladas, frente a una capacidad instalada de 13 millones, y estimó que serán necesarios 13.000 camiones adicionales y 20.000 choferes para abastecer el crecimiento de la producción minera y agropecuaria.
Para este año, Arriazu proyectó un crecimiento del Producto Bruto Interno cercano al 3,5%, impulsado por el arrastre estadístico, una mejor cosecha y el aumento de la producción de hidrocarburos. Sin embargo, aclaró que la evolución final dependerá de la demanda de dólares por parte del sector privado y reconoció que aún no encuentra una explicación convincente para la caída del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registrada en abril y mayo.
Finalmente, sostuvo que la evolución de la inflación, el salario real y la confianza social serán determinantes para consolidar la recuperación económica durante el año electoral.
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