EXCLUSIVO 24

1ER AÑO DE GESTIÓN

Un matrimonio, en su peor momento, ¿y otra crisis en puerta?

Este 2020, signado por la pandemia, la relación entre el presidente y la vicepresidente terminó transformándose en uno de los temas de mayor relevancia política.  Un año de "matrimonio" arrasó como si hubieran sido 40 y hoy la puja dentro del Ejecutivo merece la duda: más allá de la crisis económica y social, ¿podremos terminar en un seria crisis institucional?


El Gobierno atravesó su primer año de gestión con serias dificultades en el "matrimonio" entre Alberto Fernández y Cristina Fernández. Ahora, cierran el año distanciados, pese a que no ha pasado tanto tiempo desde que la exmandataria lo eligiera para el cargo. 

Ni una foto conjunta, ni una charla sincera. "Tenemos que empezar a acostumbrarnos a esto", dijo hace poco un estrecho colaborador presidencial.

Ni la coincidencia fugaz en el velatorio de Diego Maradona, hoy nada es suficiente para revertir la frialdad que se instaló entre ambos.  Porque la lista de diferencias es larga y nada desdeñable:

- la gestión judicial fue todo un capítulo

- existen diferencias ideológicas en torno a Venezuela

- también las hay en cuanto a varios ministros que fueron elegidos por el Presidente

- el ministro de Economía, Martín Guzmán, quien pasó de ser bienvenido a estar en la mira por el tema del ajuste

En efecto, la cuestión de los ministros quedó plasmada en la carta que publicó Cristina por el aniversario de la muerte de Néstor Kirchner, en la cual habló de "funcionarios que no funcionan".

Fueron fuertes las críticas a Marcela Losardo, las denuncias del kirchnerismo duro en su contra, y los significativos portavoces de esa pelea como el diputado Leopoldo Moreau y Oscar Parrilli.

Pero desde hace tiempo también cuestionan al ministro de Desarrollo Productivo Matías Kulfas, a quien lo critican por la falta de interlocución con los empresarios. El funcionario, del Grupo Callao, es una pieza importante para Alberto.

Luego, la ministra de Seguridad, Sabina Frederic, y su par de la provincia de Buenos Aires, Sergio Berni, un funcionario que reconoce a Cristina como su única jefa política.

Se suma a ello que la vicepresidente se fue quedando con cada vacante que se liberaba: en el ministerio de Vivienda y Hábitat, entró Jorge Ferraresi por María Eugenia Bielsa; en la Anses con la salida de Alejandro Vanoli, ingresó una referente de La Cámpora, Fernanda Raverta; y en la secretaría de Energía, Sergio Lanziani fue reemplazado por Darío Martínez, de buena aceptación en el entorno de la vicepresidenta.

Pero fueron muchos más los episodios que condicionaron a la gestión de Fernández en una variedad de asuntos, además de erosionar su autoridad y poner en evidencia una cruda puja por el poder entre ambos.

La cuestión judicial merece todo un capítulo aparte, dado que al asumir, Cristina tenía una decena de procesamientos y a sus dos hijos investigados por los negocios familiares. 

Con el "lawfare", la vicepresidenta avanzó entonces contra quienes habían complicado su situación durante el macrismo: desde la llamada "mesa judicial" de Mauricio Macri y los jueces Pablo Bertuzzi y Leopoldo Bruglia, hasta el Procurador General interino Eduardo Casal, y más allá hasta el proyecto de reforma judicial.

Las diferencias en lo económico también fueron notables entre Alberto y Cristina. Diferencias respecto a los empresarios, a Guzmán, quien llegó a sentir el rigor kirchnerista al intentar avanzar con el ajuste fiscal de cara a la negociación con el FMI. 

Los cambios de Cristina en la fórmula jubilatoria enviada por el Poder Ejecutivo provocó más rispideces. Fue cuando Fernández debió borrar de un plumazo el trabajo técnico de varios meses que se había desarrollado en el Palacio de Hacienda: "Vamos a volver a la fórmula original de Cristina", terminó anunciando el Presidente. 

Cierto es que a largo de este crudo 2020, marcado por la pandemia de coronavirus, la relación entre presidente y vicepresidente se hizo un espacio importante para terminar transformándose en uno de los temas de mayor relevancia política este año. 

Cuando asumieron aquel 10 de diciembre fue una de las pocas veces que se lo vio en público juntos. Pasó un año y unos pocos días y ya se han transformado en un matrimonio de 40 años, sin amor, sin ilusión, sin nada que hablar, cargados de reproches que ya ni siquiera vale la pena mencionarlos.

Probablemente hoy Cristina se pregunte por qué lo puso dónde está, mientras Fernández apuesta al tiempo para evitar la pelea, algo que por ahora le costó mucho: le costó con la fórmula para las jubilaciones que había pactado con el Fondo y el proyecto de no hacer las PASO, con las elecciones truchas en Venezuela, le costó con la justicia, le costó con... la lista es bien extensa.

Pero lo peor es que mientras esa relación se enfría, la crisis económica y social se recalienta en medio de una pandemia que, por ahora, no parece ver la luz.

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