Karina Engelbert, una cordobesa que actualmente reside en Israel, habla por primera vez en la Cámara de Diputados argentina sobre el asesinato de su esposo y de su propio martirio —junto a sus hijas— cuando fueron tomadas como rehenes por Hamás aquel fatídico 7/10.
EN DIPUTADOS
Karina Engelbert, ex rehén argentina de Hamás: Rompió el silencio
La ex rehén argentina, Karina Engelbert, que estuvo 52 días bajo las garras de Hamás, habló este jueves ante Diputados de argentina: un crudo testimonio del calvario y un marido muerto.
La ciudadana argentina contó en primera persona su calvario ante los miembros de la Comisión de Derechos Humanos y Garantías, que preside la diputada Sabrina Ajmechet (PRO), y del Grupo Parlamentario de Amistad con el Estado de Israel.
Engelbert, quien estuvo por el grupo terrorista Hamás en la Franja de Gaza entre el 7 de octubre y el 27 de noviembre de 2023, agradeció públicamente a los diputados por recibirla y ofrecerle la oportunidad de brindar su testimonio.
“Es muy importante saber que ustedes están con nosotros”, afirmó. En tanto, precisó también que “para nosotros, el 7 de octubre no terminó, seguimos viviendo esa pesadilla cada día hasta que los 59 secuestrados vuelvan a su familia; los vivos a sus casas, pero también los que perdimos a nuestros familiares para poder terminar el infierno”.
Detalles del horror en carne propia: Bajo las garras de Hamás
La argentina-israelí Karina Engelbert y sus dos hijas, Mika y Yuval, fueron secuestradas aquel 7 de octubre cuando Hamás ingresó a las kibutz fronterizas a masacrar. Tras 52 días de cautiverio, sobreviendo a base de sopa y pedazos de pita, fueron liberadas en una de las treguas.
Su esposo fue asesinado el mismo dia del atentado y es uno de los cadáveres que Israel intenta repatriar.
“El 7 de octubre por la mañana, a las 6.29 exacto, comenzó un bombardeo masivo e intenso y que no era algo que habíamos escuchado con anterioridad, sino que nos dimos cuenta de que algo malo iba a pasar”, comenzó su testimonio, y luego anadió:
Su esposo, Ronen Engel, fue asesinado en tal batalla campal con los terroristas. Su cuerpo fue llevado a rastas a la Franja Gaza, probablemente a sabiendas de que lo usarían como moneda de cambio. “Tras casi un año y medio sigue allí”, expresó.
La cordobesa, quien emigró a Israel a sus 17 años, dijo que intentó cerrar la puerta de la pieza de seguridad, forcejeando con los terroristas.
“Tras varios intentos, luego de perder la fuerza, abren la puerta y me sacan arrastrada, me pegan, me ponen un cuchillo y así me llevan afuera de la casa, en pijamas y me suben a una moto”, narró y luego prosiguió.
En cuanto a sus hijas, detalló que en otro secuestro los terroristas “se llevan de mi casa a mis dos hijas de 18 y 10 años, descalzas y en pijamas, de una forma violenta con armas".
Sus hijas, secuestradas por otro grupo, sufrieron varias quebraduras en sus piernas por el accidente en el auto cuando los terroristas se daban a la fuga.
En un hospital de Gaza, según relata, “las atendieron, pero no de una forma humanitaria; no había remedios ni fármacos. Para limpiarles las heridas usaban agua y vinagre. Ellas, tenían prohibido llorar y gritar, lo único que tenían era la una a la otra”.
Con respecto a su estadía como prisionera de Hamás, dijo que recuerda que“estaba encerrada sin ventana ni luz, sin anteojos ni zapatillas, pidiendo permiso para ir al baño y miedo las 24 horas del día. Sólo sabíamos cuando empezaba el día por el rezo de los musulmanes”.
Durante su cautiverio, según precisó, “todos los días preguntaba donde estaban mis hijas y la respuesta que recibía era que se encontraban en Tel Aviv, porque estaba prohibido por el islam secuestrar niños. Y eso es lo que yo creí, que estaban a salvo”.
En un momento de su relato reveló que el 29 de octubre, unas semanas después del secuestro, la trasladaron a un hospital. Durante todo ese traslado, y en el hospital, estuvo vestida con el burka musulmán, donde sólo los ojos quedaban visibles.
La argentina informó que la volvieron a cambiar de cuarto y al salir del mismo vio a fotógrafos y cinco terroristas sentados al lado de sus hijas.
“A nosotros no nos pegaron, físicamente no nos tocaron, pero tuvimos muchos maltratos, manipulaciones, donde nos contaban cosas como que nadie hacía nada por nosotros, que nos íbamos a quedar ahí mucho tiempo y nadie nos iba a ayudar. Y así pasaron 52 largos días en cautiverio por terroristas inhumanos”, dijo.
Por último, Engelbert narró como fue el procedimiento para quedar en libertad: “El 26 de noviembre nos avisan que era nuestro turno de liberación. Nos dieron ropa típica musulmana y salimos en un auto. Llegamos hasta un lugar lejano donde la Cruz Roja nos estaba esperando, que para nosotros fue solamente un taxi. En los autos de la Cruz Roja viajamos por la Franja de Gaza durante un tiempo, donde tuvimos mucho miedo porque no sabíamos si era cierto que nos íbamos a ir. Recién cuando llegamos a un paso y vimos a los soldados israelíes pudimos relajarnos un poquito y respirar”.
Desde ese punto, tuvieron que ser trasladadas de urgencia en helicóptero a un hospital de Tel Aviv porque el pie de una de sus hijas tenía una infección. “Al otro día nos hicieron muchos exámenes médicos ya que estábamos en muy mala condición”, comentó.
"Estuvimos dos meses internadas donde tuvimos el abrazo de un grupo de médicos, psicólogos, amigos y familia que nos ayudó para salir de donde estábamos”, cerró.
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