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DEUDA

El FMI dejó con las ganas a Alberto y Guzmán

El Presidente y su ministro de Economía apostaban a una autocrítica del FMI que nunca llegó que pudieran utilizar como herramienta de negociación.

Alberto Fernández tuvo que corregir a Gabriela Cerruti para disimular. La portavoz de la Casa Rosada había establecido como posición oficial calificar de "tímido" el informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre el crédito concedido al gobierno de Mauricio Macri.

El Presidente elevó el tono y lo definió como "lapidario" contra la gestión anterior. Para Fernández lo central fue que el Fondo reconoció, además del fracaso del programa que llevó adelante Macri, que hubo fuga de capitales.

"La única traducción posible de 'capital flight' es fuga de capitales", remarcó el Presidente.

Sin embargo, Fernández sabe que el sentimiento general en el gobierno está más cerca de la definición de Cerruti.

Es que si bien tanto el Presidente como Martín Guzmán podrán utilizar las observaciones de la auditoría conducida por el noruego Odd Per Brekk para sus rencillas internas con Juntos por el Cambio, lo cierto es que se quedaron con las ganas de una autocrítica por parte del mismo Fondo que pudieran luego usar como herramienta de negociación para la reprogramación de la deuda de US$44 mil millones.

El que fue explícito en ese punto fue el ministro de Economía al señalar lo corto de las apreciaciones del FMI -si las hubo- sobre su propio papel en el fallido plan económico. “Creo que debió haber más autocrítica (del Fondo) pero reconoció que se pagó (con su crédito) deuda a acreedores que habían entrado en el 2016 a hacer una apuesta a Argentina, y la formación de activos externos”, señaló.

Puertas adentro reconocen que el contenido de la auditoría no servirá como ancho de espadas frente a los funcionarios del Fondo para conseguir alguna ventaja. Aunque eso parecía improbable desde el inicio, así como las ideas más extravagantes de Cristina Kirchner de conseguir un programa a 20 años o -más recientemente- que sea el Fondo el que se ponga a cazar los dólares "fugados" para pagar la deuda.

Mientras tanto, las negociaciones en Washington siguen. Alberto Fernández les dijo a los gobernadores peronistas que habrá fumata blanca con el Fondo en la 2da mitad de enero. Guzmán ubica esa fecha más cerca del fin de ese mes, circula ahora más específicamente.

No obstante, hay cierto escepticismo dentro del mismo Gobierno. Pasó desapercibido, pero en el mismo día en el que se conocía la nueva fecha en la que el Presidente prometió un acuerdo, trascendió que el jefe de Gabinete, Juan Manzur, supeditó su continuidad en el cargo a la firma de la paz con el Fondo.

El dato relativiza la confianza con la que el Presidente y el ministro de Economía se expresan sobre la inminencia de un acuerdo.

Después de todo, el Presidente prometió el envío al Congreso de un "plan plurianual" en "la primera semana de enero" que incluirá un principio de acuerdo con el Fondo.

Con el Año Nuevo golpeando la puerta, parece que ni Papá Noel traerá ese proyecto antes de 2022.

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