Hay coincidencia en la impericia de las autoridades de Virginia Tech y la policía del condado

Hay consenso en que resulta inadmisible que habiendo mediado 2 horas entre ambas matanzas en Virginia Tech, las autoridades no hayan evacuado preventivamente el predio. En cualquier caso, había sospechas de que el asesino aún no había salido del amplio terreno y de hacer un rastrillaje existía un obvio peligro de tiroteo.

Al menos 2 latinoamericanos (1 puertorriqueño y 1 peruano, se encuentran entre las 33 personas asesinadas en la Universidad de Virginia, USA.
En la matanza atribuida al estudiante surcoreano Cho Seung Hui aparecieron los nombres de Juan Ramón Ortiz, de 26 años y natural de Bayamón (Puerto Rico) y el peruano Daniel Pérez Cueva, de 21.
Para Ortiz era su 1er. año en la Universidad, donde acudió a realizar un curso en compañía de su mujer, Liselle Vega, quien también estudia en la Universidad, y quien ni siquiera ha podido ver el cuerpo.
Daniel Pérez Cueva estudiaba Relaciones Internacionales y residía en Virginia junto a su madre, Betty Cueva.
Según datos facilitados por estudiantes, los de origen latinoamericano representan "algo menos del 2%" del total de 26.000 alumnos, es decir, unos 400: en su mayoría mexicanos, pero hay también brasileños, colombianos, argentinos, peruanos...
Estudiantes y familiares de las víctimas de la masacre de la Universidad Técnica de Virginia, en la que murieron 33 personas incluido el asesino, han acusado a la dirección del centro universitario y a la Policía del Estado de haber tardado demasiado en avisar a los alumnos de la presencia de un tirador en el campus.
"Hubo un lapso de tiempo de más de 2 horas entre el 1er. tiroteo y el 2do., en el que no se desalojó a los alumnos. No hay excusas para esta falta de información", explicó Erin Mabry, uno de los estudiantes de la universidad.
El 1er. tiroteo, en el que murieron 2 personas, se produjo alrededor de las 7:15 del lunes en el edificio de dormitorios West Ambler Johnston. Y 2 horas más tarde, mientras la policía investigaba este incidente, se produjo el siguiente, en el edificio Norris Hall, al otro lado del campus. Fue entonces cuando ocurrieron la mayoría de las muertes.
En ese periodo de tiempo ningún alumno fue evacuado o informado de la situación. No fue hasta las 9:26 cuando se empezó a explicar a los alumnos lo que sucedía (a muchos de ellos a través de e-mail), aunque se les instó a que permanecieran en las aulas y dormitorios alejados de las ventanas.
El director de la universidad, Charles Steger, ha explicado que "ante la poca información que poseía el centro y las autoridades, se hizo todo lo posible". Mientras, el jefe de Policía del campus explicó que no se cerró el acceso al recinto tras el 1er. tiroteo porque se pensó que se trataba de un suceso aislado.
Según ha informado la Policía, el asesino bloqueó con cadenas las puertas del edificio para que las víctimas no pudieran salir. El asesino, un joven de origen asiático con capucha negra, medía alrededor de 1,80 y, según han relatado algunos testigos, fue de habitación en habitación sin decir palabra y disparó con calma a los estudiantes y empleados.
"Las víctimas tenían múltiples heridas de bala, incluso el herido más leve", declaró Joseph Cacioppo, médico de urgencias.
"Sé que hicieron lo que pudieron, pero si la Policía hubiera llegado antes se podrían haber salvado muchas más vidas", lamentó Savannah McReynolds, una estudiante en Biología de 18 años.
Para Lorraine Watkins, madre de una estudiante, las autoridades tendrían que haber informado masivamente a los alumnos desde que ocurrió el primer ataque. "Cuando el asesino mató a los 2 primeros estudiantes en su dormitorio, la Policía tendría que haber informado inmediatamente al resto del campus. Tendría que haber bloqueado los accesos y preventivamente evacuado", afirmó Watkins.