Morales Solá puso la lupa colectiva sobre Fontevecchia

El cambio de opinión sobre Néstor Kirchner tan cuestionable en Eduardo Lorenzo, 'Borocotó'; Carlos Ruckauf o Alfredo Atanasof, es menos explicable en el caso de Joaquín Morales Solá, cuestionado en público por el Presidente, y recibido en secreto. Al menos el abrazo de Kirchner con Atanasof fue público y quedaron retratos del evento. En el caso de Morales Solá, el testimonio fue una columna que sus críticos siempre tendrán recortada para reprochársela. Morales Solá afirma que Kirchner le dijo que tenía un problema personal con un periodista que en Jorge Asis Digital se identificó, luego de verificarlo en fuentes kirchneristas, que es Jorge Fontevecchia. La pregunta es qué hará el fundador de la revista 'Noticias' y del periódico 'Perfil': si asumirá la condición de adversario elegido por Kirchner, o imitará a Morales Solá. El texto:

POR OBERDÁN ROCAMONRA
Analista de medios de comunicación

El domingo 26, en La Nación, la columna política tradicional avanza desde la portada.

Ocurre que Joaquín Morales Solá, acaso el periodista más influyente del país, refiere, aunque sin explicitarlo, que obtuvo el inusual privilegio de visitar a Kirchner, en la tarde del viernes 24.

Asístese entonces a una suerte de acordado reportaje indirecto. De tono narrativo, sin preguntas ni respuestas. Es el relato selectivo de una visita amena, que evoca los códigos del llamado oportunamente "nuevo periodismo", cuyo máximo exponente fue Tom Wolfe.

El texto sorprende por la amabilidad estética. Se titula "Qué piensa Kirchner después de la victoria". Un desborde inesperado de cordialidad analítica, que contrasta con la severidad de anteriores comentarios del mismo autor.

A pesar de la concesión diplomática, Morales Solá brinda, a partir de la escritura, una demostración de fuerza. Exhibe, sin mayor altivez, su envidiable capacidad de acceso profesional, que mortifica a colegas que no llegan, siquiera, a la privada de Alberto Fernández.

Sin embargo, el más lúcido entrevistador, Morales Solá, había sido públicamente vituperado, el día anterior, por Kirchner, el entrevistado.

Al menos, Kirchner se encargó de cuestionarlo a Morales Solá, en uno de los arrebatos de monologador minuciosamente incontinente.

Fue en el Auditorio del Salón Blanco, que suele convertirse, a menudo, en sala de espectáculos. Si hasta se asemeja, algunos viernes, a la Sala Cemento, la que regenteara Omar Chabán.

Entonces, en la mañana del jueves 23, en el Cemento colmado de aplaudidores pasivos del elenco estable, el presidente Kirchner calificó, en su desborde, justamente a Morales Solá, de periodista "de derecha".

Con saludable tendencia hacia las trasgresiones de la asociación libre, Kirchner también se dedicó a verduguear, esa mañana, al diario La Nación. Lo calificó como "un diario opositor", de escasa independencia.

Un largo paso atrás

La cronología sirve, entonces, para indicar que aquel jueves 23, Morales Solá había publicado un estupendo artículo. Incisivo y profundo, pausadamente demoledor, titulado "Un largo paso atrás".

El texto, filosamente crítico, dispara sobre las consecuencias institucionales de la aprobación de la reforma al Consejo de la Magistratura. Una votación que derivó en un escandaloso acontecimiento deportivo. Una goleada oficialista de 149 a 88, transcurrida en la noche del miércoles 22, en el revoltijo de la feria americana de la cámara de los diputados.

La lectura comparada de ambos textos joaquinistas, el del jueves 23 y el del domingo 26, debería ser tratada, como objeto de estudio, en los cursos más serios del aprendizaje del periodismo.

A los efectos de entender las relaciones sutiles entre la prensa y el poder.

Para colmo, en la cambiante tonalidad bastante amigable del domingo, Morales Solá se detiene para reflejar aquella expresiva metáfora del dramatismo de López Murphy. Alude, como emblema de la humillación, a la "oposición rendida descalza, y en calzoncillos".

¿Puede decirse que Kirchner le aplicó, a Morales Solá, el estilo del verdugueo?

Aplicado, con eficacia, en su oportunidad, al supermercadista Coto.
El "Estilo Coto", manera grosera del verdugueo de Kirchner, consiste en atacar fuertemente a un objetivo individual, para sentarse después a aguardar la rendición.

Trátase del escrache virtual de una condena pública, lanzada desde el abusivo pináculo del poder. Una extorsión que obliga, al atacado con el escrache, a "irle al pié", para componer.

Después de todo, el Estilo Coto, utilizado en su momento con los ganaderos, puede caberle también al prestigio centenario de La Nación. Y hasta intentarlo -por qué no- con Morales Solá.

Sin embargo, el Estilo Coto representa, apenas, la vulgarización de un sistema metodológico de acercamiento y captación. Iniciado, acaso, con el banquero Jorge Brito.

Consiste, el Estilo Coto, en atacar para atraer. Una especie de "te pego porque te quiero".

Como si el escrache de la reprimenda fuera, en cierto modo, un acto de amor.

Entre aquel demoledor "largo paso atrás" del jueves 23, y la explicable condescendencia componedora del domingo 26, media simplemente la aplicación violenta, por parte del presidente, del Estilo Coto.

Es para discutirlo en sobremesas distendidas. Aunque, sin elevada dosis de mala fe, puede percibirse que el domingo Joaquín baja, en el tenor de las valoraciones, mucho más que un cambio.

Por su parte, a Kirchner le va espléndidamente bien con el "estilo Coto" de conducción política. ¿Para qué cambiar de métodos de castigo?

Si nadie le resiste, a Kirchner, en sus recitales ofrecidos en el Cemento del Salón Blanco, dos minutos de catilinaria.

Fontevecchia y la cuestión personal

Sin embargo, en la nutritiva columna sentimental del domingo, de Joaquín Morales Solá, puede encontrarse otra perla.

La complacencia generalizada del periodismo residual, con su pasivismo congénito, logra que la perla haya pasado casi inadvertida.
Dice Morales Solá, en su texto Wolffiano, que dice Kirchner:

"No tengo nada personal contra nadie, ni siquiera contra los periodistas más críticos".

Pero aclara más adelante Joaquín: "...sí tiene (el Presidente) una cuestión personal contra un periodista porque siente que lo calumnia. Lo nombra. No pertenece a la prensa gráfica diaria ni a los medios audiovisuales".

Tranquilidad salarial entonces para los periodistas de diarios. Alivio para los colegas de radio, sosiego espiritual para los comentaristas televisivos. Digitales, en cambio, abstenerse.

Sin embargo Morales Solá no cuenta quién es el nominado, el depositario del rencor presidencial.

Según nuestras fuentes irreprochables, el periodista nominado es Jorge Fontevecchia.

Trátase del periodista empresario, máximo responsable de Editorial Perfil, que mantiene lícitas ambiciones de ensayista.

Mantiene, el pensador Fontevecchia, dos productos. Dos semanarios que suelen atormentar la animosidad del Presidente, con la colección de viles "calumnias".

Las saludables "calumnias" de Fontevecchia pueden encontrarse en las temáticas irritantes que suelen abordar, en soledad casi marginal, las publicaciones mencionadas.

Temas vedados para el 95% de la prensa prebendaria.

La misma prensa que bastardea, con incierta arrogancia, la concepción enaltecedora del "periodismo independiente".

Al margen del rigor discutible, en los dos semanarios de Fontevecchia se encaran producciones periodísticas sobre la apasionante tentación. Sobre aquello que tácitamente no se debe escribir. Porque, si se escribe, se demuele una estructura basada en la complicidad de silencio.

En realidad, esta cuestión de las calumnias, dista de ser una condena profesional, privativa de Fontevecchia. Deriva en una condena directamente tangencial hacia el resto de los empresarios de medios de comunicación. Los que se abstienen, por explicables prebendas, por atendible decisión empresarial, o por carencia de arrojo, de ingresar en la zona editorialmente incorrecta.

Los medios serios, encuadrados en la degradación de pertenecer a la "propia tropa", no abordan aquellos temas irritantes para la sensibilidad presidencial.

Del mismo modo que en los años del proceso no se podía escribir sobre los desaparecidos, resulta de suicidario mal gusto, hoy, introducirse en el amplísimo campo de las ceremonias explícitas de corrupción.

Sin embargo, con suerte relativa, tales temas de ruptura suelen merodearse, sobre todo, en la vanguardia efectista de la revista Noticias. Y ahora también en el dominical Perfil.

De acuerdo a nuestro relevamiento, la densidad de las "calumnias" se encuentran vinculadas a distintos aspectos irregularmente gerenciales de Santa Cruz.

La provincia se convierte en el manantial de informaciones que demuelen, en la práctica, la arbitraria construcción ideológica de una nueva personalidad. Forjada a partir de inconvincentes imposturas presidenciales.

Ocurre que los lectores de ambos semanarios pueden acceder a los aspectos sombríos de los más descalificantes latrocinios.

Pueden conocer, por ejemplo, detalles de las vinculaciones, de los entrelazamientos que se perciben en la precariedad del universo empresario, con la dependencia o asociación, acaso con la subordinación total al poder político.

Las calumnias entonces de Fontevecchia tienen que ver con la consagratoria santacrucificación total de la Argentina.

Y con el desfile de perfiles, no precisamente ideales, de un serial creciente de nominados por el dedo de la irregularidad.

En definitiva, por las ceremonias explícitas de corrupción que, en la primera de cambio, para sobrevivir y continuar los ciclos, tendrá que tratar el resto de la prensa especulativamente complaciente.

La prensa prebendaria que acepta, para autodegradarse, la existencia del muro de las problemáticas vedadas.

Para ser exactos, en cuanto Kirchner comience a perder el control de las riendas del poder, y cuando ya no le alcance con los atributos ejemplares de la Caja, los conspicuos aliados comunicacionales de hoy se le van a abalanzar. Sobre la yugular, como Drácula.

Después de todo, es conveniente dejar de hacerse los otarios. Porque las causas que motivan las "calumnias" de Fontevecchia, sólo puede desconocerlas aquel periodista que manifieste una fervorosa pasión por el desconocimiento.

Resulta innecesario convertirse en iniciado, para conocer determinados aspectos de la gestión de Kirchner, que se originan en la provincia que lo catapultó hacia la presidencia.

Aspectos que se trasladan, acaso con mayor prolijidad, al ámbito nacional.

Por ejemplo, en el número actualmente en venta de "Noticias", puede leerse un convulsionante despacho de Franco Lindner, desde Santa Cruz.

Con información sumaria, nada novedosa para el iniciado, aunque describe con solvencia un patetismo estructural, del que ningún otro medio habla.

Nadie levanta nada, porque a nadie, por ahora, le conviene ver.

Es saludable, para terminar, que el adalid de la televisión impresa, entregado a la aventura del pensamiento con sus Entretiempos, persista en la firme divulgación de las problemáticas transitoriamente vedadas. Zonas rojas que, por mera referencia, se convierten en verdades insosteniblemente calumniosas.

Es de esperar también que Jorge Fontevecchia resista, en todo caso, la contundencia implacable del "estilo Coto".

Y que no acuda de inmediato, vestido con sobria elegancia y con los botines lustrados, a ofrecer la capitulación en el Auditorio Presidencial.