ANTES QUE LLEGUE EL OTOÑO

Esperando mayo, escepticismo por el verano del plan Primavera 2

"Cualquier agente económico mínimamente informado sabe perfectamente que el resultado final —también llamado financiero— sigue agravándose mes tras mes", afirma el economista-socio del estudio Massot & Monteverde, que no es ni peronista ni K sino que tiene una visión desapasionada del devenir de la macroeconomía. Agustín Monteverde agrega: "Desde diciembre de 2015, la única “solución” a la que atinó el gobierno fue mantener las tasas de interés altas —desde octubre pasado, por las nubes— generando una fenomenal deuda en pesos." Y algo más: "Con un crecimiento de $ 130.000 MM cada 30 días, en algún momento de mayo las Leliq deberían superar la base monetaria, lo que nos devuelve al punto de partida: una masa monetaria inferior a los pasivos financieros de corto plazo del BCRA."

Está claro que transitamos, tal como dijimos, la etapa dulce de la nueva bicicleta montada en septiembre.

Alentado por la calma cambiaria, ahora vemos al Banco Central en un ciclópeo esfuerzo por implementar bajas milimétricas de las altísimas tasas de interés reales.

En línea con la tasa de referencia, las tasas de los depósitos a plazo fijo también han caído.

Tal como es natural, los rendimientos ofrecidos para depósitos de más de $ 20 MM calcaron prácticamente la caída de la tasa de referencia (y en algunos casos, la reducción ha sido aun mayor).

Por otro lado, el BCRA cambió la forma de remunerar los encajes, lo que elevó el costo de los depósitos.

> El organismo redujo a 13% la parte de encajes integrables con Leliq.

> Al obtener menos remuneración por el mismo nivel de encajes, tomar depósitos se vuelve más gravoso para los bancos.

La baja del dólar fue acompañada de una caída del riesgo–país a comienzos de enero que podría sugerir un retorno de la confianza respecto a los activos locales.

> Sin embargo, una lectura cuidadosa y contextual del descenso de la prima de riesgo indica otra etiología.

** El arranque del año fue favorable para Argentina, pero en consonancia con lo ocurrido en el resto del mundo.

** Wall Street se recuperó y volvieron los flujos de capitales a países emergentes.

** En definitiva, la mejora de nuestro riesgo-país, ocurrida a partir de los últimos días de 2018, no ha hecho otra cosa que imitar la de otras naciones en similar situación de stress.

(…) El regreso al atraso cambiario es una realidad, si consideramos que la inflación asegurada hasta abril será, al menos, del orden del 2,5% mensual.

(…)

>  A falta de soluciones de fondo, este retraso es la frágil base en que se apoya la estabilidad.

Las autoridades son conscientes que el clima cambiario se tensionará con anticipación a las PASO.

> A medida que se acerquen las elecciones se dará inicio a un proceso característico en la Argentina: una prudente dolarización de portafolios para ponerse a cubierto de lo que pueda venir, sea que haya cambio de gobierno o, incluso (y muy especialmente en esta oportunidad), que se diera una reelección.

> Si vale como muestra, en Brasil —un país con mucho mayor apego a la moneda local, el tipo de cambio trepó más de 20% antes de las elecciones.

> Para atender esas tensiones, el gobierno quiere asegurarse suficiente poder de fuego de intervención.

> Distintos funcionarios han salido a afirmar que el Tesoro venderá hasta US$ 10.000 MM en el 2do. trimestre.

> Según ellos, en 2018 el Tesoro acumuló un “excedente” —un término vacuo para un fisco deficitario y endeudado— de unos US$ 8.000 MM para aplicar a esos fines.

El presidente del BCRA se ha sumado a la movida comunicacional declarando que están en estudio nuevas ampliaciones a los rangos de intervención cambiaria.

> (…)

> El gobierno también negocia con el FMI una ampliación de los límites de ventas de divisas del Tesoro.

El Fondo no quiere que se usen sus divisas para intervenir, destinadas exclusivamente para cubrir el déficit y la deuda.

Sin embargo, todo indica que, por enésima vez, dilapidaremos el capital que nos falta en sostener una ruinosa fantasía.

(…)

El supuesto éxito del programa se plasmó en un salto de los plazos fijos a partir de octubre.

> En apenas cuatro meses, las imposiciones a plazo crecieron más de $ 300.000 MM.

> El fenómeno no debiera sorprender: las tasas superaron largamente la evolución esperada del tipo de cambio en el corto plazo.

> La expansión de los depósitos a plazo refleja, por un lado, un éxito en disuadir a los agentes económicos de fugar al dólar; pero siembra, a la vez, las semillas para un final que la historia económica y la lógica de los mercados persisten en señalar.

Por ahora, en plena etapa alegre del modelo, la rentabilidad del sistema financiero se dispara y crece bien por encima de la inflación, colocando liquidez fácilmente en las Leliq, sin mayor estudio del crédito.

Sin embargo, las acechanzas a esta fragilísima bonanza son múltiples y las restricciones de maniobra que tienen las autoridades son importantes.

> En primer lugar, el esfuerzo que realiza el Central bajando lentamente las tasas de interés acelera el ciclo de vida del carry trade.

> Lo mismo ocurre con la recompra de reservas y su consiguiente expansión de base, erosionando los beneficios de seguir montado en la bicicleta y acortando su vida.

> Si el Central buscase sostener a capa y espada el tipo de cambio, debería emitir pesos, violando la consigna de emisión cero e incrementando el riesgo de detonación de esta frágil bicicleta.

La mayor amenaza al modelo es su propia arquitectura.

>  Se abandonó por insustentable y explosiva la bicicleta financiera de las Lebac para ser reemplazada por una nueva bicicleta —esta vez, a turbina— conformada por las Leliq, tanto menos sostenible como más peligrosa.

Este nuevo esquema es más inestable e insostenible por cuanto se trata de títulos de deuda de apenas siete días de plazo y a tasas que aún hoy —luego de sucesivos recortes— siguen duplicando las tasas que pagaban las Lebac al momento de su explosión, en abril del año pasado.

Pero también es mucho más dañino y pernicioso: no sólo la deuda cuasifiscal se agranda a ritmo de vértigo —se duplicó en menos de cuatro meses— sino que ahora el centro de gravedad de la próxima crisis se ha desplazado a los bancos.

> Con un crecimiento de $ 130.000 MM cada 30 días, en algún momento de mayo las Leliq deberían superar la base monetaria, lo que nos devuelve al punto de partida: una masa monetaria inferior a los pasivos financieros de corto plazo del BCRA.

> Sólo en los primeros cuatro meses, en concepto de intereses a pagar las Leliq devengaron más de $ 120.000 MM.

> (…)

Tal como se dijo, esta vez —y por decisión del propio gobierno— los bancos quedarán en el medio de la pulseada.

Si bien las entidades financieras pueden ser dóciles y manipulables a la hora de renovar sus Leliq, los titulares de los depósitos a plazo y en cajas de ahorro no deben ni practican otra obediencia que a sus propios intereses.

En la medida que el tipo de cambio se abarate en términos reales y las tasas resulten menos atractivas, el incentivo a realizar ganancias y dolarizar tenencias primará.

> En tales circunstancias la emisión cero se volvería una quimera, con la gente rescatando depósitos en busca de la seguridad que sólo provee la moneda dura.

> Por mucho que el Central presione a los bancos, en ese escenario las Leliq deberían ser rescatadas para poder hacer frente al retiro de depósitos.

** La base se disparará (por tan sólo un instante, que el balance del organismo no alcanzará a reflejar), para pasar a convertirse en dólares.

** Eso es precisamente lo que sucedió en abril, cuando el masivo desarme de Lebacs —tan insistentemente anticipado por nosotros— derivó en el recurso desesperado de un salvataje del FMI.

Por otro lado, yendo al plano fiscal, el ajuste comprometido para este año, aunque importante, es insuficiente para restaurar la sustentabilidad.

> Entretanto, el gobierno persiste en publicar datos fiscales con sobredosis de cosmética contable.

> Cualquier agente económico mínimamente informado sabe perfectamente que el resultado final —también llamado financiero— sigue agravándose mes tras mes.

> Lo que no todos conocen —pero que también hemos advertido reiteradamente— es que la supuesta mejora en los ingresos está constituida centralmente por recursos no tributarios: del devengamiento de intereses de las reservas y del fondo jubilatorio.

Se necesita una reformulación íntegra del Estado y años de superávit fiscal para llevar la deuda consolidada a un nivel razonable, compatible con la mala historia crediticia argentina.

> Sólo hasta el 15 de diciembre vencerán US$ 9.500 MM en Letes y otros US$ 8.200 MM de Lecaps en pesos.

> (…)
** (…)

** Se puede esperar que los tenedores de letras mantengan los pies en el plato mientras esté lejos la eventualidad de una reestructuración.

Un eventual incumplimiento o reestructuración —por muy amistosa que ésta fuere— de nuestra deuda no depende tanto de quién se alce con el triunfo en octubre/noviembre de este año sino de la incapacidad fiscal y financiera en que ha caído el Estado argentino.

> No son pocos los dirigentes que admiten que será necesario, aunque sea del modo más amistoso y voluntario posible, reestructurar la deuda.

> El problema no se reduce al fantasma kirchnerista sino que es de índole estructural.

> (…)

> Más adelante, el Tesoro deberá reconocer tasas paulatinamente más altas y lo mismo deberá hacer el BCRA con las Leliq.

Entretanto, con los depósitos a plazo ofreciendo una renta superior a la de la amplia mayoría de las actividades, no se puede esperar que la economía haga otra cosa que contraerse.

> Ni qué hablar de las astronómicas tasas activas, que están ahogando a empresas y familias endeudadas.

> En una economía real en contracción las acechanzas a la estabilidad no provienen sólo del flanco financiero: la inevitable caída real de los ingresos públicos agravará y acelerará los problemas de sustentabilidad.

Tanto la lógica financiera como la historia económica muestran con elocuencia que los programas centrados en reprimir con política monetaria los efectos de un desmadre fiscal terminan mal y convulsivamente.

> Desde diciembre de 2015, la única “solución” a la que atinó el gobierno fue mantener las tasas de interés altas —desde octubre pasado, por las nubes— generando una fenomenal deuda en pesos.

> El desarme de esa masa de deuda de forma más o menos abrupta está cantado.

** De los juicios y advertencias que formuláramos en octubre pasado sobre las consecuencias de este plan, algunos ya están a la vista, como el renovado atraso cambiario, el crecimiento explosivo de la bicicleta financiera, la caída de la demanda, la recesión de magnitud y el crecimiento del desempleo.

** El resto de aquellas apreciaciones no han perdido vigencia; por el contrario, si no median cisnes negros o cambios dramáticos de rumbo, están en curso de volverse realidad, unas más temprano, otras más tarde: un nuevo episodio financiero (cuanto más fondos atrae la bicicleta, más explosivo su final), más contracción de la economía, alto desempleo, y futura reestructuración de pasivos.

** En el camino, algunos mitos han sido refutados: calma cambiaria no significa confianza ni reactivación ni —mucho menos— reapertura de los mercados de deuda; a nuestros neokeynesianos de copetín también debiera quedarles claro que la inflación no es antídoto contra la recesión.

> Conviene insistir en señalar que las apreciaciones que hemos volcado no consideran —nunca podrían hacerlo— hechos o eventos imprevisibles, como una improbable asistencia del Tesoro estadounidense o el desembolso de fondos adicionales por parte del FMI.

(…) La lógica financiera —auténtica física de los mercados— tarde o temprano exhibirá su rigor: …e pur si muove.