DISCURSO DE UN PRESIDENCIABLE

De Pichetto a Unamuno: “Vencerán pero no convencerán”

A las 18:30 del jueves 09/08, el abogado nacido en Banfield (Provincia de Buenos Aires), hoy senador nacional por Río Negro, Miguel Ángel Pichetto, jefe del interbloque Argentina Federal, avanzará en su ambición presidencial que depende su posibilidad de recuperar un Partido Justicialista en crisis profunda. Antes, durante la madrugada, Pichetto realizó un vibrante discurso en el recinto legislativo, crítico de las religiones que cerraron filas contra la despenalización del aborto. Él habló justo después que su adversaria ex jefa Cristina Fernández de Kirchner realizara una intervención curiosamente intrascendente, más allá de coincidir con él en el voto a favor de la despenalización. Es interesante recordar el contenido de la oratoria de Pichetto, que incluyó un error histórico (en el Monte Sinaí, las tablas de la Ley le fueron entregadas a Moisés, no al rey David, un personaje muy posterior) pero también un oportuno recuerdo de aquella frase de Miguel Unamuno, desafiante ante el franquismo triunfante: “Vencerán pero no convencerán.”

Sra. Presidente.- (...) Tiene la palabra el senador Pichetto.

Sr. Pichetto.- Muchas gracias, presidenta.

Realmente es importante reflexionar sobre algunos acontecimientos de la vida reciente de la Argentina.

Es cierto que en la última década hemos votado por una ampliación de derechos realmente importante. Cualquier ciudadano que mire de afuera la Argentina podrá ver que hemos votado el matrimonio igualitario. ¡Es una instancia casi superadora, superior a la interrupción del embarazo! La verdad es que la interrupción del embarazo –el IVE– debería haber sido previo, incluso. Yo digo que este tema se nos pasó. Debemos hacer una autocrítica.

Tal vez, tambiénle tuvimos miedo a estructuras dominantes y viejas que permanecen siempre en posiciones totalmente retrógradas en la Argentina, como ha sido el rol y el comportamiento de la Iglesia Católica en nuestro país; y otros credos, presidenta; otros créditos evangélicos que también gravitan en términos de la construcción y también juegan –muchos de ellos o algunos de ellos– con la inocencia de la gente, como dice la canción de León Gieco; esa canción que es un verdadero himno en contra de la guerra.

¿Qué quiero decir con esto? Cuando uno analiza la historia argentina, presidenta; cuando uno mira que en el año '53 Perón hace votar por el Congreso la ley de divorcio vincular, inmediatamente, en el '55, lo primero que hace la Libertadora –nacionalista, católica– es derogar la ley de divorcio vincular.

No me quiero remontar más atrás, porque hay acontecimientos de la historia que nos remontan a la fundación estructural del Estado argentino con Roca, que tuvo interrumpidas las relaciones con el Vaticano trece años porque puso en marcha la verdadera estructuración del Estado argentino y la definición de que las leyes que regulan las relaciones de los seres humanos son del Estado, del Estado; no tiene que ver con las creencias religiosas, que son respetables.

Montesquieu, ese pensador extraordinario que definió prácticamente los lineamientos de la Revolución Francesa, ¿qué decía? Que las leyes cambian con la evolución del ser humano, con la comprensión de nuevas sociedades, con la mirada siempre hacia adelante; y, entonces, las leyes deben cambiar las veces que resulte necesario para adaptarse a las nuevas realidades, circunstancias y demandas de la sociedad.

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Invitación de Miguel Pichetto a La Plata

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Y las leyes religiosas son rígidas, dogmáticas, permanentes. David las había escrito en la piedra; y la religión católica tiene una estructura dogmática…

Sr. Mayans.- Era Moisés…

Sr. Pichetto.- Le pido que no me interrumpan. Yo escuché, los vi por la televisión. He escuchado al senador Mayans atentamente. Así que, por favor, le pido que me dejen y no me interrumpan. Porque ¿sabe qué pasa? Este no es un debate de menor cuantía. Este es un debate estructural que tiene que ver con la Argentina moderna o con la Argentina del atraso. Entonces, pido que me respeten.

Nos remontamos al '80, con la construcción de las normas que hicieron al Estado laico: el matrimonio civil; las partidas no las hacía más la Iglesia, ni la de nacimiento ni la de defunción. Pasamos por Perón. Volvemos nuevamente con la recuperación democrática con Alfonsín; y el doctor Alfonsín vuelve a poner un tema que era central, porque también la estructura del matrimonio era para siempre; y si dos seres humanos, un hombre y una mujer –o en este caso, personas del mismo sexo– no se quieren, tienen derecho a separarse. El derecho a la felicidad también es uno de los grandes temas de la sociedad moderna.

El derecho al reconocimiento, lo que Charles Taylor, un pensador canadiense, señala como uno de los grandes temas de la sociedad moderna; que lo reconozcan, que no es lo mismo que la tolerancia. ¡No es lo mismo que la tolerancia! El reconocimiento significa ponerse en el lugar del otro.

Y el siglo XXI es el siglo de la mujer. El que no comprenda esto va a quedar afuera de la historia.

Entonces, estamos hablando concretamente de temas que tienen que ver con la estructuración de normas que regulan relaciones humanas en el Estado. Aquellos que sientan, piensen y asuman la religión, seguramente no van a realizar ningún tipo de acción que vulnere las normas religiosas; pero la religión no puede imponerle al conjunto del país y del Estado el pensamiento, la visión religiosa, sobre normas que son de naturaleza derechos humanos, de derechos fundamentales, de reconocimientos importantes en términos del debate ciudadano. En el gobierno anterior se dieron estos temas importantes.

¿Qué digo? ¿Qué vengo a sostener acá? Que estamos hablando de un tema que fundamentalmente implica la libertad y el derecho de la mujer, como un nuevo reconocimiento social; pero también, en un país como el nuestro, con profundas desigualdades, con grandes asimetrías sociales, donde la mujer que tiene recursos puede hacerse un aborto o una interrupción del embarazo –me gusta más este concepto; el primero es estigmatizante– en una clínica y pagar, y la pobre tiene que ir a una situación en la clandestinidad, con alguna curandera, en el peor de los casos, o con algún médico con pocos recursos en un consultorio oscuro, y que a lo mejor termina con lesiones graves o permanentes, o con la pérdida de su vida. Esto es lo que hay que reparar. No es una cuestión únicamente de derechos: es una cuestión, en nuestro país, de Salud Pública, de políticas de Salud Pública.

Yo quiero rescatar esta noche, porque me parece que además se lo merece, porque fue un hombre valiente, al doctor Ginés González García, que era ministro de Salud de Néstor Kirchner. El doctor Ginés González García luchó contra la ignorancia, contra la incomprensión, contra la brutalidad de algunas manifestaciones. Había un obispo castrense que lo quería tirar al río, frente al silencio de toda la conducción de la Iglesia en la Argentina. ¿Por qué? Porque al doctor Ginés González García se le ocurrió hacer una ley de reproducción; se le ocurrió implementar planes que tenían que ver con dar a las mujeres humildes formación, capacitación, anticonceptivos y repartir preservativos. Casi lo excomulgan en la sociedad argentina. Fue hace poco menos de ocho o diez años. Esto es lo que hemos vivido. Lo hemos vivido de esta manera.

Cuando discutimos el matrimonio igualitario hubo un obispo de La Plata que llegó a sostener –no lo quiero nombrar porque está retirado y porque además no me interesa ofender en lo personal– que llegó a decir que el demonio andaba caminando por las calles de Buenos Aires. La verdad, votamos la ley y ampliamos derechos.

El derecho a la felicidad, el derecho a elegir, la opción de la vida me parece que es un tema central en una sociedad moderna, plural y abierta, como ha sido el diseño de la Constitución del '94. Porque a nuestra Constitución liberal de origen del año '53, la del '94 –con un fuerte componente y una ideología socialdemócrata– le incorpora el debate de los derechos. Esto lo dice el doctor Gargarella, en un artículo realmente de alto nivel.

Lógicamente, esto abre un conjunto de tensiones, en una sociedad que está discutiendo estos nuevos derechos.

Y quiero también decir y manifestar claramente que es totalmente falaz el argumento de que la Constitución y el bloque constitucional, con la incorporación de los tratados internacionales y todos los pactos de derechos humanos, bloquean la posibilidad de la interrupción del embarazo. Es una gran mentira. La Constitución cuyo debate planteó el doctor Carlos Menem en Santa Fe debatió la cuestión fundamentalmente del derecho a la vida y a la familia como un bloque de ideas de la seguridad social, que no bloquea la posibilidad de interrumpir el embarazo. Es una mentira.

La posición mayoritaria de la Convención fue precisamente cerrarle el camino a algunas ideas retrógradas que estaban planteadas desde la minoría de la Convención, que sostenían que era imposible interrumpir el embarazo en cualquier circunstancia. Ganó el pensamiento mayoritario, con la conducción y el liderazgo de importantes actores como el doctor Maqueda, y como muchos de los que han integrado la Convención, como la propia senadora que me antecedió en el uso de la palabra, la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Ganó esa corriente de pensamiento.

Estuvo el doctor Rodríguez Saá y el propio doctor García Lema, a quien luego escuchamos aquí sosteniendo lo contrario. Pero uno entiende las posiciones; y la gente tiene también derecho a cambiar.

Lo que digo es que en Santa Fe se instaló la corriente mayoritaria que sostiene la defensa de los intereses de la familia, fundamentalmente como un bloque ligado a la seguridad social, y que de ninguna manera eso significa un impedimento para poder interrumpir el embarazo en la circunstancia que prevé el Código del año 21, o frente a una ley como ésta que queríamos votar hoy y que significaba la posibilidad de interrumpir cualquier embarazo, en cualquier circunstancia, hasta la semana doce. Lo digo claramente. ¿Sabe por qué? Porque la Corte Suprema de Justicia ratifica este concepto fuertísimo. Lo acaba de decir el senador Martínez, a quien es una lástima que no veo; pero él también ha sostenido esta idea.

Y en el caso “F.A.L.”, la Corte Suprema de Justicia ratifica claramente esta estructura de pensamiento que tuvo el constituyente, de que estaba habilitada la posibilidad de una interrupción del embarazo, fundamentalmente frente a casos como los que analiza dicho fallo en caso de violación o de riesgo de la vida de la mujer. Son los dos conceptos que son totalmente definidos, claramente, con algunos lineamientos fundamentales que tienen que ver con que el Estado debe responder rápidamente y los médicos tienen que estar al servicio de la persona que solicita la interrupción del embarazo cuando ha sido violada.

La Corte define en su protocolo en el caso “F.A.L.” que es importante que con la mera declaración jurada se habilite todo el trámite dentro del sanatorio o del hospital público para resolver la cuestión de la mujer". Esto también está definido claramente en diversas resoluciones de la Convención de Derechos Humanos de los Derechos del Niño, organizaciones internacionales que le han pedido a la Argentina que resuelva rápido este problema.

El juez Gallardo, de la Ciudad de Buenos Aires, frente a la estructuración que había hecho la ciudad –que había armado un equipo interdisciplinario para evaluar el caso de la mujer violada– dijo: Señores, éste no es un debate libre de un equipo interdisciplinario; hay que habilitar rápidamente los mecanismos para poner en marcha el derecho de la mujer.

Por lo tanto, ¿qué quiero decir con esto? Que de ninguna manera esta norma que estamos discutiendo es inconstitucional; de ninguna manera. Tengo respeto por muchos de los que han opinado. Coincido con el doctor Rodríguez Saá en que tenemos que respetarnos. Esta es una cuestión también de visión y de convicciones. Pero me parece que la verdad constitucional, los lineamientos del último fallo de la Corte definen claramente cuál es el bloque de ideas de la estructura constitucional de la Constitución del año 94.

Quiero hacer algunas referencias históricas, señor presidente, sobre este tema, que tienen que ver con los países modernos. Hubo un diputado, en un discurso interesante – fue un debate importante el que se realizó en la Cámara de Diputados, de buen nivel– que mencionaba que los países modernos, que todos envidiamos y que siempre ponemos como ejemplo de libertades públicas, de garantías, de democracia, de República, bla, bla –como les gusta a algunos hablar desde algunos medios–, todos han optado por garantizar mediante el mecanismo legislativo, mediante la ley, que se pueda interrumpir el embarazo en un tiempo determinado.

Y yo quiero en este tema remontarme fundamentalmente a un debate extraordinario, que fue el debate francés producido en los años 1973 y 1974. Quiero analizar también cómo el presidente Valéry Giscard d´Estaing, que fue un presidente de perfil liberal que había heredado el gobierno de Pompidou con el debate ya iniciado sobre la cuestión también del aborto no punible, de religión católica, pone en marcha el debate de la ley y dice: tenemos que buscar una solución más justa para este tema, fundamentalmente para atender el problema de las mujeres sin recursos.

Y luego Valéry Giscard d´Estaing se reúne con Pablo VI. Entonces, el Papa en ese momento le pregunta: ¿Por qué habilitó el debate siendo usted un católico? Y aquél le respondió: Su Santidad, soy católico y como católico no estoy de acuerdo con el aborto, pero como presidente de Francia lo considero imprescindible, porque tengo que legislar para todos, por encima de las creencias.

Y le voy a decir algo más: yo rescato la decisión del presidente Macri de poner este debate en la sociedad. Me parece que fue una decisión importante. Había una demanda fundamental. Estaba ahí. Estaba en la calle. Y está en la calle. Tal vez, lo quiero decir sin lastimar a nadie ni que nadie se sienta mortificado, los grandes cambios, cuando se producen, es porque hay un fuerte decisionismo, y porque fundamentalmente en un país de naturaleza presidencial como la Argentina, la opinión del presidente no puede ser abierta frente a la instalación de un tema de esta naturaleza. Debería haberse comprometido con todo en la decisión de que esta ley saliera, porque la Argentina iba a ser un poquitito más justa, presidente, un poquitito; porque hubiéramos atendido problemáticas sociales, que yo no las quiero enumerar acá como un contable, como un contador de esos de pueblo con visión aldeana. No sé cuántas muertes son; pero son muchas. Y si son pocas, también son importantes.

Quiero rescatar algo, porque tiene que ver con el debate que hicimos aquí, en la comisión, presidenta, que fue un debate, en general, respetuoso. Y yo quiero hacer también un reconocimiento al senador, el presidente de la Comisión de Salud, a Mario Fiad, al senador Guastavino y al senador Mera. Estuvieron al pie del cañón durante todo el mes. No salieron de vacaciones. Estuvieron ahí desde la primera hora hasta la última.

El debate, en líneas generales, fue bueno. Algunas visiones, quizás, muy fanatizadas; pero, bueno, fue un debate importante.

En este sentido, yo también quiero reivindicar acá la tarea del Senado. Hubiera sido bueno, hubiera sido importante, como lo logró Francia. Valéry Giscard d'Estaing la puso a Simone Veil, que era la única mujer de su gabinete a cargo de este tema. ¿Y sabe cómo la calificaron a Simone Veil, una mujer que era de origen judío, cuya familia había muerto en los campos de concentración de Auschwitz y de Ravensbrück, y había quedado solamente ella sobreviviente y una hermanita? La calificó también de genocida una parte de la sociedad francesa. Justamente a ella, que le habían gaseado a la familia en los campos de concentración nazi.

El documento de Simone Veil que hoy mencionó también el senador Pais es una pieza extraordinaria, desde el punto de vista del reconocimiento a la mujer, a la salud pública, a la instancia del debate en una sociedad abierta y plural, como es la sociedad francesa.

Simone Veil acaba de ingresar, por decisión del presidente Macron, en el Panteón de los Héroes. Está al lado de uno de los héroes de la Resistencia, Jean Moulin, que era un maquis, uno de los jefes de la Resistencia francesa, que murió asesinado en los calabozos de la Gestapo en París. Ahí está Simone Veil, en el Panteón de los Héroes, y reconocida en la historia de Francia como una mujer de trascendencia histórica importante. Tal vez, era el lugar del presidente. Yo creo que está a tiempo. Creo que hay que ir a fondo y decidirse.

Me parece importante –repito– haber abierto el debate. Lo que creo es que estos debates deben tener un resultado. Esto es lo que yo pienso. Un resultado positivo de que la ley se hubiera podido sacar.

Quiero también hacer una breve reflexión sobre el fallo de la Corte Suprema americana en el año '72. Ha pasado casi más de medio siglo. Los americanos lo resolvieron por la Corte. 'Caso Roe contra Wade': era una mujer del Estado de Texas, una mujer pobre, soltera, embarazada, que había pedido interrumpir el embarazo; y la Corte Suprema, en un fallo también contundente y ejemplar definió siete a dos a favor de la mujer de que tenía derecho a interrumpir el embarazo en el Estado de Texas, que se lo negaba. Es como algunas provincias que ni siquiera hoy todavía cumplimentan el protocolo fijado en el caso “F.A.L.” por la Corte Suprema de Justicia.

No quiero hacer cargo a ningún gobernador. Creo que también, a veces, hay estructuras burocráticas muy pesadas que, a veces, impiden avanzar en estos temas. Pero creo que estamos a tiempo, porque me parece que, más allá de lo que pase esta noche, lo que hay en la calle es una sociedad viva, aun en las dos veredas, en los dos lados. Hay gente que está comprometida con este debate.

Viene bien para uno de los pensadores de Cambiemos, el Laclau de Cambiemos, el que también construye la grieta, que dice que este Congreso discute estupideces y los senadores no leen libros de historia. Sí, para Durán Barba. Es para él esto. Que este Congreso tiene nivel intelectual y discute cosas importantes. Y, Durán Barba: lamento decepcionarlo, leemos libros de historia y creo que tenemos formación. No hay que seguir degradando la política en la Argentina. No hay que seguir destruyéndola, porque después de eso no hay más nada. Miren lo que pasa en Brasil: se destruyeron las empresas, se destruyó el sistema político, se restableció el poder militar y el que viene es un militar de ultraderecha.

Entonces, analicemos las cosas; pensémoslas. Reflexionemos sobre los temas.

Esto no significa, de ninguna manera, justificar absolutamente nada que se deba investigar en la Argentina.

Quería terminar de analizar el tema de la Corte Suprema de Justicia americana, porque los americanos tienen un fuerte sentido ligado al derecho privado, al derecho individual: el derecho a la libertad. La mujer tiene derecho a hacer lo que realmente quiera hacer. No está enfocado desde el punto de vista que en la Argentina se planteó este debate, que es un debate también de salud pública, en donde el Estado tiene que garantizar a las mujeres pobres y humildes, que muchas veces terminan en el cementerio por prácticas clandestinas; tiene que garantizarle que la práctica va a ser en un sanatorio, en un hospital, se va a hacer con todas las condiciones de higiene y la mujer va a poder sobrevivir a un hecho muy duro, muy tremendo en la vida de la mujer.

Escuchamos al médico mexicano que vino a hablar de la experiencia mexicana, al doctor Sanhueza. Dijo: “Cuando una mujer decide hacerse un aborto o una interrupción del embarazo que tiene, no entra taconeando al consultorio.” No entra taconeando al consultorio, una frase de una sabiduría y de una profundidad extraordinaria. Está sufriendo esa mujer. Está viviendo una situación altamente traumática. Esto es lo que quiso decir Sanhueza en esa frase tan rica desde el punto de vista del lenguaje.

Me parece, presidente, que si el Senado hoy no está a la altura de las demandas sociales, seguramente este tema en el futuro se va a tratar o, tal vez, la Corte que ha tenido una visión progresista; yo creo en esta Corte Suprema que tiene la Nación. Tiene dos hombres que han estado en la Convención Constituyente, los doctores Rosatti y Maqueda.

Tiene un presidente que ha hecho una gran reforma del Código Civil. Tiene un hombre que viene del derecho privado y que es un liberal. Si lo tuviéramos que definir al doctor Rosenkrantz, y lo digo calificándolo con positividad, es un liberal casi de perfil americano. Creo que esta Corte, en cualquier momento, nos sorprende con un fallo integral que va a marcar el camino definitivo y que luego el Congreso va a tener que hacerle el seguimiento. Yo creo que ante el primer caso en cuestión, la Corte puede llegar a terminar de resolver lo que el Congreso no se atrevió a resolver.

Quiero, presidenta, para ir concluyendo, decirles que seguramente, porque los números están cantados y nadie los ignora, el no seguramente va a ganar esta noche; pero el futuro no le pertenece. Más temprano que tarde, en un día seguramente más luminoso que este día gris, triste, de lluvia, las mujeres van a tener la respuesta normativa que necesitan: salir de la brutalidad del Estado, de la penalización sobre la base de un hecho dramático.

Quiero decirles que, recordando a un gran pensador español, un hombre de una cultura extraordinaria, como Miguel Unamuno, en el momento en que los fascistas entraron a la Universidad de Salamanca, Unamuno dijo: “Vencerán pero no convencerán.” Vencerán pero no convencerán.

Quiero decirles que estoy convencido de que la Argentina, cuando se pueda votar este tema, va a entrar definitivamente en la modernidad. Va a entrar en un proceso de justicia y de equidad, un poco más de lo que hoy todavía se vive.

Y este no es un mensaje en contra de la iglesia ni en contra de los credos.

En realidad, la Constitución del '94 también le bajó el precio a la estructuración religiosa.

Uno de los grandes temas de la reforma del '94 es que no se exige más la religión católica para ser presidente de este país.

La visión y la cosmovisión de los constituyentes tienen un claro componente de laicismo, de la vigencia de las normas del conjunto del Estado, presidenta.

Repito, más temprano que tarde, el sí va a ganar este debate.

Muchas gracias, presidenta.

Sra. Presidente.- Gracias a usted, senador.