NICARAGUA

Ortega perdió el control de la calle y es difícil que lo recupere

2 meses de violencia y el luto envolvió a Nicaragua otra vez el domingo 17/06 por la atroz muerte de 6 miembros de una familia (6 personas, entre ellas un niño de 2 años y un bebé murieron luego que un grupo armado incendió su casa en Managua), como parte del drama que vive el país desde que iniciaron las protestas contra el gobierno de Daniel Ortega, que dejan 178 muertos. El sandinismo ha perdido el control de la calle, y eso es un problema muy importante para la continuidad de Ortega.

"Daniel Ortega fue al diálogo político porque no podía dejar de estar, pensando sobre todo en la opinión internacional, pero tengo la impresión de que desconocía lo que iba a ocurrir ese día. Llegó viendo la agenda oficial, protocolaria, que había preparado el cardenal Brenes. Él no se suponía que iba a ser un asistente permanente al diálogo, sino que llegaba a inaugurarlo; hablaba él, hablaba Brenes, y se iba. Debe de haberse sorprendido de que no fuera aquí, de que comenzaran increpándolo, leyéndole la lista de los muertos, que tomaran la palabra otros miembros de la sociedad civil... Eso lo sacó de balance. Pero eso es incluso anecdótico. La clave es que en la mesa de diálogo nunca hubo un punto de contacto entre lo que la sociedad civil pretende, que es la salida de Ortega, y lo que Ortega piensa: que él está ahí porque fue electo, que tiene un periodo que cumplir, y que cuando ese periodo expire ya se verá. Es una situación muy parecida a la de 1979. Es lo mismo que alegaba Somoza: que él había sido electo hasta 1981 e iba a cumplir el periodo para el que había sido electo. (...) Piensa que puede dominarlo, ahora con represión selectiva. Para él es una pérdida sentimental y política haber perdido las calles, porque la apropiación de las calles es un símbolo: aquí solo el Frente Sandinista se podía manifestar; pero eso no amenaza su poder; el hecho de que la gente salga por miles a las calles él lo afronta como un mal necesario. Perdió las rotondas, perdió las calles, la gente sale con las banderas... pero son marchas pacíficas que él siente que no disminuyen los mecanismos de poder que controla, que son todos. Y es cierto que sigue dominando los mecanismos estatales de poder, y los paraestatales: Policía, fuerzas paramilitares, jueces, magistrados electorales, fiscales, procuradores, contralores... Asamblea Nacional. Todo eso sigue intacto. Pero pasó algo más, algo sin retroceso posible, que dentro de esa burbuja en la que viven no sé si reconocen: que la atmósfera de la sociedad cambió, que la correlación social de fuerzas cambió. (...)".
Sergio Ramírez,
a José Luis Sanz (ElFaro.net)

 

Cuando se cumplen 2 meses del inicio de las protestas en Nicaragua contra del Gobierno del presidente Daniel Ortega, la violencia se recrudece. Desde que comenzó la ola de protestas y la represión el 18/04 el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) ha registrado al menos 178 muertos y más de 1.000 heridos.

El 18/04, las protestas comenzaron después del anuncio de una reforma del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), impuesta por decreto por el presidente Ortega, que aumentaba las contribuciones de trabajadores y empresarios e imponía una retención del 5% a los jubilados. La institución estaba al borde de la quiebra por mala gestión. Esta imposición fue el detonante de un descontento que se ha ido fraguando después de 11 años del presidente sandinista que ha gobernado Nicaragua a golpe de decretos, con un férreo control del Ejército y la Policía, y ayudado por el derroche de la cooperación venezolana.

Grupos de jubilados, empresarios y universitarios que salieron a protestar contra el paquete reformista fueron amedrentados por miembros de la Juventud Sandinista, simpatizantes del Frente Sandinista de Liberación (FSNL) y grupos de desconocidos en moto —algunos con camisetas con logos gubernamentales— atacaron a los civiles. Ocho personas resultaron heridas, incluidos varios periodistas.

Organismos internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) han alertado de posibles ejecuciones extrajudiciales y han instado al Gobierno de Ortega a cesar la represión contra los manifestantes. La Iglesia Católica está mediando en un diálogo para encontrar una salida pacífica a la crisis política. Mientras, los nicaragüenses siguen saliendo a las calles para pedir el fin de la violencia y una nueva etapa en el país.

"Rebelión cívica"

“Lo que está sucediendo es Nicaragua es que después de 10 años de Gobierno absoluto de Daniel Ortega, de usar formas de represión contra el pueblo, de corrupción galopante de todas las instituciones del Estado, de acumulación de riqueza y poder de la familia gobernante, finalmente la gente de Nicaragua estalló como sucede con los volcanes, que están acumulando energía y estallan cuando uno menos lo espera”, dijo el exministro de Educación de Nicaragua, Carlos Tünnermann, a Euronews.

La escalada de la crisis sociopolítica en el país centroamericano, según organismos humanitarios, ha dejado entre 178 a 200 muertos, la más sangrienta desde la década de 1980, cuando Ortega también era presidente.

Tünnermann representa a la sociedad civil en la mesa de diálogo nacional, una iniciativa del Gobierno para apaciguar el malestar social.

“La chispa que provocó el estallido fue una reforma inhumana de la Seguridad Social”, indicó este jurista, quien criticó que, además de subir las cuotas, el Gobierno de Ortega quería establecer un impuesto a las pensiones, "ya de por sí raquíticas".

Ortega dio marcha atrás en la reforma, pero “como el Gobierno reprimió esa protesta con una violencia brutal en la que se dieron los primeros muertos”, el descontento se extendió, sobre todo entre los universitarios, precisó Tünnermann.

El movimiento, a su juicio, se ha convertido una “rebelión cívica” del pueblo "desarmado" de Nicaragua. “Abarca casi todos los sectores de la población”, con los jóvenes “a la vanguardia”, añadió.

Evitar una catástrofe mayor

"Es un avance, porque el objetivo final de este diálogo es iniciar un proceso de democratización y que se haga justicia por las víctimas de esta represión salvaje", declaró Ernesto Medina, rector de la privada Universidad Americana (UAM).

Medina lamentó que mientras se busca una solución pacífica a la crisis en el dialogo, aumente la represión.

"El gobierno no asume su responsabilidad" cuando "son ellos los que han armado, financiado a estas fuerzas criminales que se han convertido en una seria amenaza", dijo. "Son una máquina para matar a un pueblo desarmado".

Los obispos, sin embargo, están convencidos de que si no se insiste en el diálogo no habría "una montaña de muertos (..) sino ríos de sangre", afirmó el obispo Rolando Alvarez durante una misa en la norteña ciudad de Matagalpa.

El diálogo es lo único que puede evitar "una catástrofe mayor", advirtió.

El presidente debe irse "para facilitar la reforma, la transición y elecciones libres", dijo en un tuit Carlos Fernando Chamorro, periodista e hijo de la expresidenta Violeta Barrios.

Nicaragua vive un clima permanente de protestas desde que comenzaron las manifestaciones contra una fallida reforma de pensiones, que se extendieron luego por inconformidad con la pareja presidencial.

Sandino

Muy interesante regresar a la entrevista de José Luis Sanz (ElFaro.net) a Sergio Ramírez:

"-(...) Hay un video muy lindo, pero muy doloroso para mí , en el que cinco muchachos enmascarados, en una calle, tienen en el suelo una bandera del Frente Sandinista y al lado una bandera de Nicaragua. Y dicen “vamos a cumplir con este ritual de pegar fuego a esta bandera”. La del Frente Sandinista. Y hay un muchacho con un violín al lado, y como en una película de Fellini, cuando la bandera ya está ardiendo, comienza a tocar “Nicaragua, Nicaragüita”, la música del güegüense.

Y yo pensaba en que esos muchachos la queman porque no saben qué es esa bandera, quién la creó. No saben que esa bandera la creó el general Sandino. No saben ni quién es Sandino, o que luchó seis años de su vida con pocas armas, con gente descalza, para sacar al ejército gringo. Esa fue la bandera de las trincheras del 79. Pero esa bandera hoy para esos muchachos no vale nada. Porque es la bandera del poder que los ha mandado asesinar. Es una contradicción terrible.

-¿Habrá reacción, un alzamiento dentro del sandinismo?

-Es muy difícil predecir eso. Yo creo que hay mucha gente, en las filas de la Policía y del Ejército, en el Estado, que a la menor oportunidad se va a manifestar en contra, gente que estará pensando que hay sandinismo sin Ortega pero no se atreve a decirlo en público o tiene miedo a perder su puesto. Hay una teniente de policía a la que destituyeron porque puso en su facebook “vivan los estudiantes”.

Yo supongo que en el futuro habrá un sandinismo en el que van a recomponerse otra vez todas las corrientes, porque en un partido democrático pueden convivir las corrientes. Y las hay. Los que se han ido pueden en un determinado momento regresar, los que están inconformes adentro... El sandinismo siempre ha sido una fuerza variada, y no se puede prescindir de ella. Pero cada día que pasa es peor para el sandinismo. Si no surge un movimiento pronto, si no se reivindica la bandera de la revolución y de Sandino, se agotarán las oportunidades de que nadie vaya a votar en un futuro por un partido que se llame sandinista. Quién sabe... puede que la del sandinismo ya sea solo la bandera de los viejos combatientes panzones."

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