ELIGIENDO 1 DE LOS 2 CULTIVOS

¿Soja o maíz? Esa es la cuestión

A medida que avanza la cosecha de soja y maíz, sería lógico que se aceleren los envíos al exterior pero en esta campaña la sequía impone un ritmo cansino. En el caso del maíz, el tonelaje a embarcar se encuentra 16% por debajo del registrado a igual fecha 1 año atrás, y todavía hay incertidumbre respecto a la calidad del grano cosechado. En el caso de la soja, a igual fecha el año pasado, el volumen de embarques programados casi cuadruplicaba el actual. El rinde promedio obtenido es de 24 quintales por hectárea, una caída del 32,6% respecto de la campaña pasada. En el caso del maíz, las expectativas se mantienen bajas. En el caso del sur de la provincia de Buenos Aires, la falta de precipitaciones y las heladas registradas durante el final del llenado de granos mantienen las expectativas de rinde por debajo de los recolectados las últimas 5 campañas. De pronto, aparece la dicotomía: hacia adelante, ¿es mejor volcarse a la soja o al maíz? Y otro interrogante más de corto plazo: ¿qué sembrar en la campaña próxima?

En toda unidad de explotación agrícola se aconseja realizar lo que se denomina rotación anual de cultivo, es decir, combinar un cultivo de invierno (trigo, por ejemplo) con uno de verano. Dentro de este último grupo, existen dos tipos de cultivos que se disputan el podio para que las familias productoras brinden en año nuevo por las lluvias estivales: soja y maíz.

Y es aquí cuando surge la pregunta: ¿Qué cultivo resulta más rentable?

Si nos dejáramos influenciar por el boom de los últimos años, la respuesta pareciera predecible. El efecto conocido como sojización ha llevado a un avance sin igual de la frontera agrícola, con la soja como estandarte, debido a sus altos rindes pero sobre todo, a sus bajos costos.

Para materializar este fenómeno, en el año 2017 la cosecha de soja cerró en 57 millones de toneladas en todo el país, según informe de INTA de Marcos Juarez, Córdoba.

A pesar de lo abultado que resulten esos valores, la realidad nos dice que la superficie destinada a ese cultivo disminuyó unas 600.000 hectáreas en ese mismo año, en detrimento de la del maíz, que manifestó una suba del 18% de área cultivada.

Estos datos fueron suministrados por la Sociedad Rural de Jesús María, quienes estimaron además condiciones climáticas favorables para la producción de maíz durante el año pasado, a pesar de ciertas desventajas de precios en comparación con su rival directo.

El escenario para la producción maicera se vuelve propicio, si tenemos en cuenta además el fuerte avance de MAIZAR (Asociación Maíz y Sorgo Argentino) con el Ministerio de Agroindustria, en materia de biotecnología, manejo de cultivo y mejoramiento genético.

Gracias a esto, se lograron mayor productividad (aumento de cantidad cosechada por unidad de superficie), y menores costos productivos.

Tengamos en cuenta además, que sería erróneo caer en la mera elección de un cultivo u otro en virtud de “cuál da más”, o cuál está mejor pago en el mercado local o extranjero. El éxito productivo en el sector agrícola estará garantizado si, además de las variables económicas, se consideran las cuestiones agronómicas.

Imaginemos, por ejemplo, que somos propietarios de la unidad de explotación agrícola del primer párrafo y elegimos sembrar trigo. Sembramos en otoño/invierno, y cosechamos en primavera/verano obteniendo rindes deseados. Llegó ahora el momento de preparar el colchón de siembra para el siguiente cultivo, el de verano, nuestra duda existencial.

Si nos decidimos por la combinación trigo/maíz, debemos tener en cuenta que la aparición de malezas durante la siembra maicera será mayor que si optamos por soja. Esto se debe principalmente, a la poca compatibilidad del maíz (por cuestiones genéticas propias de la semilla) con el rastrojo del trigo.

Si, además, consideramos la aparición de plagas, la situación es similar al análisis de malezas. La rotación trigo/maíz (familia de gramíneas), genera un escenario favorable para la continuación de plagas provenientes del trigo, propias de las gramíneas, mientras que si hiciéramos soja (oleaginosa), eso no ocurriría.

En conclusión, no existe una linealidad al momento de evaluar qué cultivo es el adecuado. Esto puede fluctuar de acuerdo a los precios internacionales, a costos, márgenes brutos, o cualquier otra cuestión económica.

Paradójicamente, mientras intentamos responder qué cultivo resulta más rentable, los efectos provocados por el fenómeno Niña al inicio de este año generaron sequías que dispararon los precios de los granos de maíz y soja, hubo reducción fortísima de sus rindes y hasta significó una caída previsional del PBI del 0,7% (Ecolatina, en base a la Bolsa de Cereales de Buenos Aires).

Por esto, es necesario comprender al sector agrícola en su totalidad. Entender que a diferencia de cualquier otra actividad, tiene cuestiones climáticas, edáficas y agronómicas, muchas de ellas imposibles de controlar en su totalidad, capaces de determinar el éxito o fracaso productivo, indistintamente del cultivo que se haya elegido.