ARGENTINA 2018

Mauricio Macri no enamora, el mundo tampoco

Profunda desesperanza tienen algunos votantes de Mauricio Macri 2015, en particular porque no avizoran alternativas en el escenario argentino 2018. Es posible que el autor resulte uno de ellos: "Ni Mauricio Macri ni casi nadie del gobierno muestra no solo sensibilidad sino nivel cultural para proponernos nuevas formas de gestión política, social y económica."

La primer parte de la expresión ("Mauricio Macri no enamora, el mundo tampoco") pertenece a Jorge Giacobbe, en mi opinión el más agudo de los observadores de la sociedad argentina, expuesta en el programa “La Mirada”, de Roberto García (Canal 26).

Pero, quizás, lo que dijo entre líneas es mucho más grave: es la Argentina la que no nos enamora.

Según el mismo Giacobe, el 42% del electorado cree que la cuestión de la corrupción no tiene arreglo y el 30% que la educación tampoco. Esto significaría que la mitad de quienes votamos no creemos en mostros mismos, somos una sociedad herida culturalmente. La incredulidad es una herida cultural.

Si miramos más al mundo veríamos que el hombre no tiene de qué enamorarse, más aún tiene más motivos para la indiferencia o el escepticismo.

Tal como lo escribí en otras notas no me gusta hablar de tiempos fáciles o tiempos difíciles ya que en la vida todo es difícil, vivir no es fácil.

Lo grave de nuestro tiempo es que parecería que no tenemos respuestas ni siquiera en las religiones, lo que significaría que también las religiones viven este tiempo que no enamora o de pleno agnosticismo.

No nos enamoramos porque nos agotamos en un presente que fue. La vida es futuro ya que se vive para adelante. Por eso vivir es una tarea diaria.

Traigo a cuento un muy serio artículo, lo que no quiere decir que comparta totalmente, publicado en la Revista Criterio Nº 2446 por Jose Emilio Burucúa que nos mete en el mundo de las “civilizaciones” y nos propone una tarea que sería la “…de explorar nuevas formas de organización económica y política, (invertiría las palabras) que dieran lugar a una civilización inédita, encargada de producir fenómenos nuevos y tolerables de interiorización del control emocional, nuevas maneras de producción de belleza o goce superfluo de la vida…”.

Si fuéramos incapaces de emprender esta tarea de búsqueda y creación, quedaríamos atrapados en la frustración, causal de nuestro aburrimiento de que el capitalismo es inevitable y terminará ahondando “…la crisis ambiental y espiritual de la humanidad”.

Sabe el lector que hace tiempo que vengo insistiendo en la necesidad de descubrir nuevas formas de gestión política y social y en especial de gestionar el capitalismo. Me parece una liviandad imputar al capitalismo por nuestros males o frustraciones, por la corrupción, la pobreza o los problemas ambientales, ello es una falla de las religiones y en especial del catolicismo. Las posibles malas consecuencias del capitalismo en verdad, son fallas de nosotros que somos los que lo protagonizamos. El capitalismo en si es abstracto.

Yo diría que uno de nuestros problemas es una cuestión de falta de sensibilidad no imputable al capitalismo ni al liberalismo, sea neo o viejo. Nuestra llamada izquierda también carece de sensibilidad y solo atina al brote demagógico y a la hipocresía intelectual.

Cuando Mauricio Macri nos habló desde Vaca Muerta expuso con corrección la cuestión de los costos que implican producir energía, pero lo hizo desde su lejanía como si se hubiera dirigido a “robots”.

No se puso en el lugar de aquellos que la energía le significaban un 5% o 6% de su ingreso y ahora le lleva más del 20%. No viene al caso comparar con el precio de la energía en Chile o en Francia, porque el problema lo tiene un argentino que habita en la ciudad o en el conurbano. Ese argentino no es responsable de que un gobierno haya dispuesto subsidiar la oferta, lo cierto es que tiene el problema.

Macri puede haber hecho buena docencia universitaria pero no hizo buena docencia política. En el fondo se notó una suerte de soberbia inconsciente, por eso es creíble cuando se dice anónimamente que “gobierna para los ricos”.

La gente del PRO que confunde “sensibilidad” con lástima se le hace difícil ponerse en el lugar del otro y más difícil aun creer que como dijo también Jorge Giacobbe que en 2015 lo votaron por él, lo votaron porque parte de la sociedad creyó con buen sentido que era el vehículo idóneo, no más que eso, para desterrar políticamente a Kristina y a los K.

Ni Mauricio Macri ni casi nadie del gobierno muestra no solo sensibilidad sino nivel cultural para proponernos nuevas formas de gestión política, social y económica. Una muestra cabal es el presidente de Aerolíneas Argentina, Mario Dell Acqua, que hizo gala del enojo como método para gestionar una empresa basándose en una enseñanza de un país árabe. (Sic)

Sin tanta grosería cultural, el resto del gobierno piensa que la sensibilidad es un vicio o un pecado o una muestra de debilidad.

Pienso que Maria Eugenia Vidal, podría ser una excepción pero en el fondo el gobierno la considera más que por sus virtudes, como medio para lograr la reelección.

En definitiva la insensibilidad no enamora, no atrae, no cautiva. Más aún, genera lejanía.

Por eso un 42% de quienes votamos pensamos que no tenemos solución, si bien la referencia lo es con relación a la corrupción, no es menos cierto que también ponemos en duda la honestidad de las dirigencias. Honestidad que no solo se refiere a la probidad en la administracion de recursos dinerarios sino también a la sensibilidad y a la idoneidad política.

Si algo faltaba para poner en evidencia su espíritu soberbio fue adelantar la campaña política lo que les hace creer que ya fueron reelegidos.

El gobierno puede seguir siendo una oportunidad, la cosa es que no se convierta en un “pudo haber sido…”

¿Estará a tiempo?

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