ARGENTINA 2019
El gobierno. entre la coalición, la alianza política y el espectro K
La gestión del país es mala pero el ejercicio de la política electoral de Mauricio Macri es muy eficiente: él está consiguiendo sus objetivos reelectorales, hasta ahoraa. Falta muchísimo pero el saldo hoy día le resulta positivo. Aquí algunas consideraciones a tener en cuenta:
12 de abril de 2018 - 19:00
Dicen en el peronismo "sin Cristina no se puede, con Cristina no alcanza".
Piensan en el PRO, "sin el radicalismo no se puede, con el radicalismo ¿hasta dónde nos conviene?".
Algunos responderían: "Hasta el día siguiente de las elecciones."
Ésta es la cuestión del partido del balotaje o de esa frágil coalición electoral que se llama “Cambiemos”.
Jorge Luis Borges decía que el espanto podría ser factor de unión y a esta altura de los acontecimientos, no cabe duda que el espanto que amalgama a “Cambiemos” y a una parte importante de sus votantes es el espectro político de Cristina.
Tal como se dice, los fantasmas no existen, pero que los hay, los hay....
Hasta ahora con eso fue suficiente para ganar elecciones y el “espectro Cristina” es cuestión inversamente proporcional en el peronismo que, hasta ahora, lo llevó a perder elecciones.
La ecuación que deben resolver “Cambiemos” y el “peronismo” es la misma: buscar su identidad política y cómo liderar un imprescindible proyecto político de reformas sustanciales que necesita de sólidos consensos.
El lastre de “Cambiemos” es la política económica, que lenta -pero firmemente- va desgastando a un sector de sus votantes que, por el momento, no tiene alternativas válidas; y su falta de acción política, que no debemos confundir ni con la gestión ni con las acciones partidarias y militantes, como los ya gastados timbreos.
La política, por supuesto, necesita de la buena gestión, pero la buena gestión sin política no despierta entusiasmo ni adhesión.
De todos modos creería que el escepticismo le jugaría en gran parte a su favor.
El lastre del peronismo es Cristina quien, además, seguiría teniendo un piso electoral suficiente para que el peronismo vuelva a perder.
Por eso, no debería llamar la atención que varias encuestas que se están realizando tienen la siguiente pregunta: “¿Usted cree que el apoyo de Cristina a algún político, lo favorece o lo perjudica?”.
Por el lado del peronismo, no parecería que para las próximas elecciones se pudiera pensar en un triunfo a nivel nacional. Su objetivo de máxima seria llegar a un balotaje que, seguramente, perdería, pero por el solo hecho de llegar a esa instancia le daría una sólida presencia que nos hace presumir que, al día siguiente de tener los resultados, comenzaría la campaña para el 2023.
Esta posibilidad convertiría a un Mauricio Macri reelecto en un joven pato rengo y que lo que pretendió ser nuevo en la política argentina, según explicaba Antonio Gramsci, o bien no pudo superar el morbo de la transición, el llamado gradualismo; o en verdad sólo fue una apariencia de un fenómeno político novedoso que paradójicamente careció de un novedoso contenido. Una suerte de macripardismo para que lo viejo luzca como nuevo.
Pienso que esta cuestión, la de los “contenidos” de “Cambiemos”, es la que pretende introducir la Unión Cívica Radical, con el argumento de tener una mayor participación en cargos electivos.
La postulación de Alfredo Cornejo, gobernador de Mendoza, para la Vicepresidencia de la Nación, es un pedido para participar en la elaboración de las decisiones políticas fundamentales sobre bases programáticas previamente acordadas.
El objetivo de la UCR es convertir a esta frágil coalición o “partido del balotaje” en una alianza política. Este objetivo apunta a mantener la identidad del viejo partido y a la vez situarlo en una perspectiva moderna de la política. Ya no basta con los énfasis y los eufemismos de los viejos comités, es necesario ir a las cosas.
Parecería que el objetivo del PRO es mantener, por lo menos hasta el 2019, el partido del balotaje como mera coalición electoral, partiendo de la base que al peronismo fatalmente se le restarán los votos “K”.
La ecuación política del “Pro Cambiemos” seria: “El peronismo sin Cristina no puede y con Cristina puede menos”.
Ésta sería la idea fuerza para que nada cambie en “Cambiemos”.
El radicalismo entonces estaría frente a otro dilema:
> conformarse con participar en las “patéticas miserabilidades” o las migas de la política para mantener la ficción del “partido del balotaje”, y asi evitar un triunfo del peronismo; o
> dejar la coalición y correr el riesgo de quedar como el gran responsable de un inesperado triunfo del peronismo, con o sin los “K”.
Es evidente, solo con el PRO no alcanza y sin la UCR no se puede, pero nadie se atreve a prescindir del “espectro K”, el espanto que une en el miedo a unos y otros.










