PROBLEMAS DE GESTIÓN

No es bueno pensar qué le conviene a Macri o al gobierno

La Administración Macri padece problemas importantes que hacen olvidar que hace un trimestre ganó los comicios. Es evidente que la Administración Macri se desenvuelve mejor en el escenario de la grieta pero es muy flojo en la gestión. El problema del marketing consiste en que, en algún momento, el producto o el servicio tiene que demostrar sus virtudes. A propósito de esto, el columnista realizó algunas reflexiones:

Es usual cuando escuchamos o leemos análisis políticos de la realidad partir de la hipótesis de “Quev le conviene a (Mauricio) Macri” y a partir de allí se suceden distintas posibilidades, tales como:

> Le conviene Cristina presa o libre;

> le conviene un peronismo y gremialismo atomizado o unido;

> que el Papa venga o no venga...

y asi las alternativas podrían multiplicarse al infinito.

Plantear las cosas asi, es partir de la base que el gobierno de Mauricio no solo es mediocre en cuanto a su idoneidad sino que además no tiene un rumbo para proponer a la sociedad. Sería un gobierno a la deriva expresión genuina de lo que llamamos “vieja política”.

También se muestra mediocridad de análisis dado que la responsabilidad de gobernar debe partir de la realidad que se debe gobernar, valga la redundancia, no es la realidad la que gobierna, en este supuesto estaríamos en el límite de la anarquía.

Pasa que ante la falta de ideas sobre lo que es la política y la tarea de gobernar, nos importan más las obstrucciones que se deben enfrentar y la negociación política se entiende más en como conformar a la oposición en vez de como conformar al bien común.

Un ejemplo es lo que se llama como eufemismo “Reforma laboral” que no es ni más ni menos que pequeños retoques no hacen al fondo de la verdadera ceustion y al poner en la mesa de negociación “pequeñeces”, solo agrandamos a los adversarios, y enemigos, es decir a los peronistas y kirchneristas respectivamente.

Lo que se debería haber puesto a consideración es un nuevo sistema laboral en el que la base de la negociación sea la productividad teniendo en cuenta las distintas actividades, las dimensiones de la empresa, una cosa es una gran empresa y otra muy diferente una PYME, una cosa es una fuente de trabajo ubicada en Córdoba o Buenos Aires y otra en la Patagonia o en provincias como La Rioja, Catamarca o Santiago del Estero, por poner ejemplos genéricos.

También se debe convenir la forma de participación del personal en al gestión. Al respecto nos llamo la atención el pensamiento viejo en cuanto a calidad del presidente de Aerolíneas Argentinas en cuanto dijo: “…Obviamente, la empresa tiene varios intervinientes; uno muy importante es el dueño de la empresa, que es el que pone la plata, en este caso los argentinos. Ese también tiene que hablar, y lo hace a través de la gerencia, porque las empresas de autogestión no son las que perduraron más en el tiempo, ¿no? Porque se confunden los roles. Cuando el dirigente gremial asume el rol de gestor de la empresa, es donde se pierde esa riqueza de la contradicción, la empresa se vuelve débil y generalmente muere.”

Realmente son ideas propias de edades oscuras de la historia. No se trata de autogestión, sino de participación en la gestión que es algo muy diferente.

También resulta anacrónica su afirmación referente al dueño de la empresa como “el que pone la plata” dado que los que no son dueños ponen su trabajo y sin éste no hay empresa posible.

Entonces, el personal no sólo también debe ser escuchado sino que debe tener participación. Lamentable lo del señor Mario Dell Acqua, quien menudo favor le hace a Aerolíneas Argentinas de quien es presidente. Se descalificó solo.

Luego dijo: “Estas paritarias fueron negociaciones largas y duras, pero cuando trabajé en Arabia Saudita me dijeron: “una buena negociación es aquella en la que las dos partes quedan igualmente enojadas”. La verdad poner a Arabia Saudita como ejemplo o referencia demuestra una cabeza con signos graves de desubicación cultural.

Puse este ejemplo porque creo que es más que la filosofía la sofistica cultural del gobierno y del análisis de la realidad con sus lógicas excepciones.

Quizás haya que trabajar mucho más sobre los convenios colectivos de trabajo con verdadero criterio político que sobre reformar la vieja ley de contrato de trabajo que en verdad hoy es más una pieza de museo que de la realidad.

Creo que la cosa pasa por el temor o miedo de que el Kirchnerismo como tal pudiera volver ya que pese a todo tiene una buena base que pesara al negociar en la intimidad del peronismo porque esa base es apetecible y en la Argentina imperan los apetitos más que los derechos.

Cambiar no es reformismo ni gradualismo es otra cosa que exige gradualidad, constancia, poder y capacidad de persuasión.

Por último, en política los enojos jamás puede producir algo bueno.