"THE DISASTER ARTIST"
La bizarra película de James Franco
Este jueves 21/12 llega a todos los cines la película "The disaster Artist" que cuenta con el protagonismo del actor James Franco. La cinta funciona como el making of de The Room, un inclasificable film de 2003 que fue bautizado por algunos críticos como el peor de la historia. Como ocurre con muchas producciones bizarras o de baja calidad, el filme en cuestión se convirtió en objeto de culto y su director/productor/protagonista Tommy Wiseau se transformó en una celebridad.
21 de diciembre de 2017 - 20:35
James Franco ha apostado en buena medida por la excentricidad en su prolífica carrera como director, actor, productor, guionista, escritor y participante de muchas películas en cameos inesperados. Ha hecho mucha comedia como intérprete, por todo eso no sorprende que haya puesto los ojos y el corazón en la historia de Tommy Wiseau, un excéntrico digno de algún récord y un artista (al menos en su autoconcepción), sostenido más por su deseo y espalda monetaria gigante que por otra cosa.
La historia narra como Wiseau conoce a un joven aspirante a actor y se hacen amigos. Y se embarcan en una película llamada The Room, un delirante e inenarrable proyecto fílmico con destino de Titanic. Las historias de empeño artístico por encima de las capacidades habían tenido un pico con Ed Wood de Tim Burton, tal vez su mejor película. Con The Disaster Artist, Franco hace la mejor de las suyas hasta la fecha, y no solamente por ponerse en la piel de Wiseau e imitar los movimientos de cada plano de The Room sin perder jamás empatía ni prestancia.
Este jueves 21/12 llega a todos los cines la película "The disaster Artist" que cuenta con el protagonismo del actor James Franco.
Franco lleva al cine una película sobre la pasión, por eso incluso incurre en algún exceso de énfasis, como ese comienzo con las "citas de autoridad". Sin embargo, ese y algún otro defecto se diluyen ante una apuesta que apela otra vez, y con mucho humor -del incómodo muchas veces, el que llega incluso a la tristeza- a los cimientos míticos de los sueños puestos en Hollywood: convertirse en estrella, en director, permanecer en la memoria colectiva. Y por caminos que pueden probarse extraños, que pueden ser -a pesar de las intenciones de quienes los emprenden- impredecibles, hasta contrarios a los soñados.
El actor y director cuenta esto y más -celos, amores, asuntos no resueltos- sin enfatizar el ridículo: se planta firme ante la exageración y no se carga de música para reforzar lo que es ya de un trazo ya fuerte por necesidad de ser fiel a una historia real. Una historia real que ha recomenzado con The Disaster Artist, que ha replicado a su manera la de la película dentro de la película The Room. La película de James Franco era un objeto extraño que llegó a la competencia de San Sebastián de forma oblicua, encerrada entre algunos grandes nombres de autores consagrados, y terminó ganando frontalmente. Ahora será protagonista de la temporada de premios y se anuncia el reestreno de The Room. Si Hollywood sigue vivo no es solo por los súperhéroes: también es por la fuerza de artistas que saben contar desastres de formas desastrosas, y también eficientes, y porque todavía saben reírse de sí mismos.
The disaster artist parece ser el estreno más destacado, pero obviamente no tiene la fuerza para ganarle a Episodio VIII de Star Wars en la taquilla.
James Franco ha apostado en buena medida por la excentricidad en su prolífica carrera como director, actor, productor, guionista, escritor y participante de muchas películas en cameos inesperados. Ha hecho mucha comedia como intérprete, por todo eso no sorprende que haya puesto los ojos y el corazón en la historia de Tommy Wiseau, un excéntrico digno de algún récord y un artista (al menos en su autoconcepción), sostenido más por su deseo y espalda monetaria gigante que por otra cosa.
La historia narra como Wiseau conoce a un joven aspirante a actor y se hacen amigos. Y se embarcan en una película llamada The Room, un delirante e inenarrable proyecto fílmico con destino de Titanic. Las historias de empeño artístico por encima de las capacidades habían tenido un pico con Ed Wood de Tim Burton, tal vez su mejor película. Con The Disaster Artist, Franco hace la mejor de las suyas hasta la fecha, y no solamente por ponerse en la piel de Wiseau e imitar los movimientos de cada plano de The Room sin perder jamás empatía ni prestancia.
Franco lleva al cine una película sobre la pasión, por eso incluso incurre en algún exceso de énfasis, como ese comienzo con las "citas de autoridad". Sin embargo, ese y algún otro defecto se diluyen ante una apuesta que apela otra vez, y con mucho humor -del incómodo muchas veces, el que llega incluso a la tristeza- a los cimientos míticos de los sueños puestos en Hollywood: convertirse en estrella, en director, permanecer en la memoria colectiva. Y por caminos que pueden probarse extraños, que pueden ser -a pesar de las intenciones de quienes los emprenden- impredecibles, hasta contrarios a los soñados.
El actor y director cuenta esto y más -celos, amores, asuntos no resueltos- sin enfatizar el ridículo: se planta firme ante la exageración y no se carga de música para reforzar lo que es ya de un trazo ya fuerte por necesidad de ser fiel a una historia real. Una historia real que ha recomenzado con The Disaster Artist, que ha replicado a su manera la de la película dentro de la película The Room. La película de James Franco era un objeto extraño que llegó a la competencia de San Sebastián de forma oblicua, encerrada entre algunos grandes nombres de autores consagrados, y terminó ganando frontalmente. Ahora será protagonista de la temporada de premios y se anuncia el reestreno de The Room. Si Hollywood sigue vivo no es solo por los súperhéroes: también es por la fuerza de artistas que saben contar desastres de formas desastrosas, y también eficientes, y porque todavía saben reírse de sí mismos.
The disaster artist parece ser el estreno más destacado, pero obviamente no tiene la fuerza para ganarle a Episodio VIII de Star Wars en la taquilla.
Según información de Warner la película se estrena en 52 salas de distintas ciudades del país. Lo cual hace unos 10 años hubiera sido un estreno muy grande (poco menos que lo que tuvo El secreto de sus ojos), pero que hoy día hace que sea un estreno mediano-chico.












