Mauricio Macri debería tomar nota de lo que le acaba de sucederle al club de sus amores que presidiera, Boca Juniors, cuando el domingo perdió el invicto y el puntaje perfecto que traía en la Superliga jugando en una Bombonera repleta, con su público, contra un equipo grande pero que venía a los tumbos y por el que nadie daba dos pesos, como Rácing.
TRASTIENDA DE LA REFORMA TRIBUTARIA
La rosa y el látigo 2017: Ganancia al inversor, castigo al rentista
Mauricio Macri aprovechó el envión del 22 de octubre para juntarles las cabezas a los gobernadores y hacerlos firmar un pacto fiscal, que primero que nada busca fortalecer las arcas del bastión electoral bonaerense y, a la vez, dar plafond político a las reformas económicas. En la mira están los inversores compatriotas que acaban de blanquear activos por US$116.800 millones, de los que menos de US$ 20.000 fueron repatriados. O sea que cerca de US$ 100 mil permanecen en los bancos y entidades financieras del exterior. Con la mieles frescas de la victoria, se vio las caras con muchos de ellos, representados por fondos de inversión, y los instó a obtener buenas ganancias participando, principalmente, en proyectos de energía convencional y renovable que gozan de precios regulados por el Estado, así como de beneficios impositivos, previsionales y de flexibilidad laboral acordados sectorialmente. Pero mostró los colmillos en el proyecto de reforma tributaria les incluyó el gravamen a la renta por las cuotas-partes declaradas, sin esperar que contablemente se las transforme en dividendos y sean sometidas a ganancias. Los ricos nativos, apestillados por su gobierno, ahora deshojan la margarita entre mudar el domicilio fiscal para evitar esa “multa tributaria” y ponerse a tiro del blanqueo que Donald Trump quiere sacar antes de Navidad o ejecutar el cheque al portador para proyectos de inversión que le ofrece Macri.
Ya investido como mandatario, viene de ganar la elección de medio término con Cambiemos, de aventar su mayor amenaza, CFK, con lo que despejó el camino a la reelección en 2019, y hoy parecería que no tuviera a nadie contra quien jugar. Pero ¡atención con los excesos de triunfalismo y “poca humildad” (como opinaron los jugadores de la Academia de sus colegas xeneizes al finalizar el partido)! No le permiten ver los desaciertos macroeconómicos irresueltos ni ser sinceramente autocrítico.
Convirtió a la reelección de su gobierno, en 2019, en el eje de las reformas económicas que intentará pasar por el Congreso tras la rúbrica que, simbólicamente, estamparon los gobernadores. Empezó por asegurarle la billetera al distrito clave: la provincia de Buenos Aires.
Pero será la política tributaria el núcleo estratégico de la Administración en el año largo que falta para el inicio de la campaña electoral, porque de su instrumentación dependerá que consiga moverle el amperímetro a las inversiones privadas.
En el marco de la LII reunión de la Asociación Argentina de Economía Política, AAEP, en Bariloche, el economista jefe de FIEL, Fernando Navajas, precisó que la gradualidad es lo que torna contingente el rumbo tributario: "El Gobierno quiere resolver el atraso cambiario sectorialmente a través de acuerdos de productividad que promuevan la devaluación fiscal", interpretó.
Las Participaciones Público Privadas (PPP) en obras de infraestructura y los fideicomisos son las pistas de aterrizaje que intenta construir la Casa Rosada para atraer capitales de argentinos declarados en el blanqueo último pero que permanecen en el exterior colocados en fondos comunes de inversión.
En ese llamado terminado el 31 de marzo se abrieron en el país más de 115.000 cuentas bancarias con depósitos por unos US$7.200 millones, mientras se exteriorizaron US$116.800 millones, equivalente al 21,6% del PBI, de los que sólo se trajeron al país US$ 20.000 millones.
O sea que se declaró casi 48% de los billetes en moneda extranjera, depósitos bancarios, bonos y acciones de sociedades y propiedades por US$244.826 millones pertenecientes a argentinos que pueden estar o no registrados en la AFIP, según el INdEC, los que en conjunto equivalen a casi la mitad del Producto Bruto Interno (PBI), que en la actualidad ronda los US$550.000 millones.
Los Ceos que integran el gobierno de Macri saben muy bien que la inversión extranjera directa hacia Argentina, que es una de las más bajas de la región, dependerá en buena medida de que se encamine una resolución creíble de los dilemas macroeconómicos (inflación, déficit fiscal), pero también de que la caridad bien entendida empiece por casa, o sea, que los connacionales abran el juego hacia su patria.
De ese tema habló Macri en Nueva York hace 15 días (con el resultado favorable del comicio a la mano) con los CEOs de algunos de los fondos de inversión que suscribieron un total de US$ 2.748,8 millones del famoso bono a 100 años que emitiera su gobierno hace varios meses.
"Espero convencerlos de que la Argentina es el mejor país para sus inversiones", les dijo. Por los montos que habían suscripto cada una de sus compañías aparentemente ya estaban convencidos Jonathan Beinner y Pablo Salame (Goldman Sachs), Mary Erdoes y Jamie Dimon (JP Morgan), Rob Citrone (Discovery Capital), Nancy Prior (Fidelity), James Gorman (Morgan Stanley, que absorbió US$ 12 millones) y Michael Corbat (Citi, US$ 3 millones).
Torazo en rodeo propio
El ex colaborador de Roberto Lavagna, Guillermo Nielsen, puso en negro sobre blanco durante el programa televisivo La Mirada, que conduce Roberto García, que Macri se juega el todo por el todo ante su natural electorado propio, la clase alta, ámbito del que debería obtener, inobjetablemente, la carta ganadora que le asegure la continuidad hacia otro período presidencial, que parece tener servida.
El Mandatario desplegó sobre la mesa un abanico de negocios promocionados en el área energética, tanto de hidrocarburos como renovable, así como en minería, para lo cual ofrece contratos que incluyen flexibilidad laboral, beneficios impositivos y obras de infraestructura que les abaraten costos, como los suscriptos en Neuquén por Vaca Muerta.
A esos proyectos, los fondos de inversión pueden acceder ingresando divisas a través de fideicomisos u otros instrumentos financieros que se apliquen a las empresas participantes, que les asegure gozar de la zanahoria de una elevada renta libre de polvo y paja, que el ministro Juan José Aranguren se encarga de garantizarles.
En el proyecto de ley de reforma tributaria está escondido el palo, en el capítulo del gravamen a las rentas financieras, para quienes blanquearon activos pero los dejaron depositados fuera del país. Le fija el impuesto a la ganancia desde el mismo momento en que se genera, sin tener que esperar a que llegue como dividendo al balance anual. Afecta este cobro directo y por anticipado a nada menos que US$ 8 de cada US$ 10 exteriorizados, en muchos de cuyos casos hay herencias percibidas bajo la ley de USA, mucho más benigna que la que rige en Argentina.
Desde el año pasado, los inversores que decidieron blanquear para aprovechar la oportunidad que ofrecía la Casa Rosada manejaban la posibilidad de cambiar el domicilio fiscal si la cosa se ponía espesa. Para colmo, en Estados Unidos piensan sacar para Navidad un régimen generoso destinado a quienes regresen sus capitales. Ya tiene dictamen favorable en comisión en el Senado y otro en la de Representantes, por lo que buscan homogeneizar ambas posturas.
Bajo la administración Trump, los magnates estadounidenses ganaron US$ 850.000 millones adicionales. Los beneficios impositivos otorgados por el mandatario a los más ricos generaron una curiosa reacción entre algunos millonarios. George Soros y Steven Rockefeller, entre otros miembros de la Asociación Riqueza Responsable (Responsible Wealth), solicitaron al gobierno federal que les vuelva a subir los impuestos "para no acrecentar la desigualdad".
La opción que tienen los inversores de nacionalidad argentina de adoptar la ciudadanía fiscal estadounidense para evitar que les cobren el impuesto a la renta por las colocaciones en el exterior exteriorizadas podría afectar la base imponible, pero en el gobierno confían en que los administradores se inclinarán por volcar recursos a los proyectos de inversión que gozan de ingentes beneficios.
Según un reciente informe de Boston Consulting Group, el 10% más rico de la población acrecentó su fortuna casi un 10% el último año, "más por valorización de sus activos financieros en el exterior que por generación de nueva riqueza en el país", según el estudio.
Y Argentina es uno de los países de la región que lideran la "riqueza offshore", con un 60% de los activos líquidos financieros de sus ciudadanos depositados fuera del país, según la consultora.
"El caso extremo es Venezuela, donde un 80% de la riqueza de sus ciudadanos está en el exterior, y el ejemplo opuesto es el del Chile, donde "sólo" el 25% de su riqueza está fuera de sus fronteras", explicó el analista Jorge Becerra, quien aclaró que "el término offshore, no necesariamente implica depositar el dinero en paraísos fiscales. Las cuentas pueden estar perfectamente declaradas y tributar impuestos, pero simplemente están radicadas en el exterior".
La fuga de capitales viene siendo una tendencia en ascenso que el reciente blanqueo impuesto por el gobierno de Mauricio Macri no consiguió revertir. Este año aumentó US$9.107 millones con relación a fines de 2016 y 12.503 millones respecto al inicio de la gestión, en diciembre de 2015. Si se la compara con 2010, cuando se aceleró la fuga de capitales, la diferencia es de US$96.000 millones.
El bono 2117 pretende ser una especie de cheque al portador extendido por Cambiemos para garantizar el acceso a pingües negocios con condiciones aseguradas que ofrece el Estado en actividades claves.
Según el listado que publica hoy El Cronista Comercial, 10 de los 148 fondos que lo suscribieron se quedan US$ 130 millones cada uno), y Discovery Capital, Fidelity, JP Morgan, Lazard y Western (con US$ 100 millones cada uno).
Aunque con importes inferiores aparecen además dos nombres llamativos: el fondo buitre Gramercy, del norteamericano Robert Koenigsberger, que en 2001 compró deuda argentina a punto de caer en default junto a Elliott, de Paul Singer; y Darth, de Kenneth Dart. Entraron en aquel momento a sabiendas de que el país terminaría declarando la cesación de pagos y daría lugar al juicio que se cerró recién en abril de 2016 y por el que el Gobierno les pagó US$ 9300 millones.
Consultado por El Cronista Comercial sobre ese punto, el ministro de Finanzas Luis Caputo señaló, a través de su vocera, que "Gramercy no era un fondo buitre", en referencia al cambio de postura que adoptó ese inversor primero en 2005 y después en 2013, con una estrategia de acercamiento y acuerdo con el gobierno argentino, por la que lo terminaron acusando de intentar inflar artificialmente el precio de los bonos que había comprado baratos.
Pero hubo otra aparición sorpresiva entre los compradores del bono a 100 años, Noctua Asset Management (que suscribió US$ 5 millones). Se trata de un fondo controlado por Noctua Partners LLC, la gerenciadora que, según la agencia Bloomberg, fue co-fundada por Caputo y otro argentino, Martín Guyot, en 2009, si bien el ministro no la incluyó en la DDJJ de bienes y posteriormente adujo que la omitió porque se había desvinculado para entrar al gobierno.
Pero entre la familia y amigos del jefe de Estado, como el propio primo del ministro, Nicolás, hubo blanqueadores, según se reveló en el filtrado de listados de AFIP y Paradise Papers, que seguramente aspiran a participar en los grandes negocios que plantea la Administración, y los fideicomisos son un discreto colectivo para no hacerse ver.
Sin embargo, a pesar del éxito del blanqueo, Argentina no está exenta de la constante que, a nivel mundial, manifiesta el crecimiento de la riqueza offshore, lo cual se evidenció en que sólo se trajeran al país US$ 20.000 millones de los US$ 120.000 millones declarados.
La tendencia es internacional, según el Global Wealth Report 2017 del grupo Credit Suisse: "La riqueza mundial creció un 6,4% el último año, y acumula un crecimiento del 27% desde el estallido de la burbuja financiera global, 10 años atrás”, indica el reporte.
En esta evolución, la distribución de esa riqueza se volvió más regresiva. De acuerdo al Credit Suisse, el 1% de la población mundial más rica posee el 50% de la riqueza global, mientras que una década atrás tenía el 46%.
Estados Unidos lideró el último año el crecimiento de las fortunas personales. Y en consonancia con el avance de su economía general, China es el segundo mayor generador de riquezas personales. "Las economías emergentes son las que mayor riqueza generarán en los próximos años", pronostica el Credit Suisse.
A la hora de medir la "riqueza media per cápita", Suiza mantiene su tradicional liderazgo, con US$ 537.599 por habitante. Según el Credit Suisse, la riqueza media de sus pobladores se acrecentó un 130% desde comienzos de este siglo.
La pequeña nación helvética sigue siendo el principal centro financiero offshore del mundo (24% de participación), aunque otras plazas como Hong Kong y Singapur le siguen de cerca, impulsadas por el crecimiento de la región Asia Pacífico.







