ELECCIONES 2017

Con o sin Kristina

Aún en su retirada, Cristina Fernández de Kirchner consigue ocultar la mediocridad intelectual del 'partido del baloaje', liderado por la mediocridad gradualista del PRO, la decadencia llamativa de la UCR y el egocentrismo vano de Elisa Carrió. CFK sigue en el centro del ring y lo mejor que le podría ocurrir a la Argentina es que ella no se presentara. Acerca de esto escribió Luis Rizzi.

CIUDAD DE BUENOS AIRES. Cuando escribimos esta nota aún no se sabe si Kristina se presentará como candidata, sea a senador o diputada. Tampoco si lo haría por la Provincia de Buenos Aires o por la de Santa Cruz. Si uno habla con personas “bien informadas” las respuestas son contradictorias, dicen que sí y que no con la misma convicción.

En mis conjeturas me ocurre lo mismo, todos mis razonamientos lógicos me llevan al sí y al no y en ambos casos sin que me quede duda alguna en la certeza de las diferentes y opuestas respuestas. Me conforman las dos.

Pero también me resulta extraño decir que, en verdad, me despierta curiosidad la eventual participación de Kristina en las elecciones y que poco me importan los candidatos que puedan llevar los otros partidos, porque, la verdad sea dicha, me da lo mismo.

Esto que me ocurre a mi, probablemente le sucede también a mucha gente, ya sea porque teme un eventual triunfo de Kristina aún cuando acceda a una banca por la minoría, es decir perdiendo. Ella se las ingeniará para decir que fue un triunfo histórico y sin precedentes en nuestra historia.

También le preocupa al gobierno que ha sustentado su estrategia en competir con Kristina, como si se tratara de un demiurgo del mal.

Tal como diría Beatriz Sarlo, con su sesgada lucidez intelectual, esto demuestra la incultura de la dirigencia política que conforma ese oximorón que se autodenomina “Cambiemos”, que hace culto de ese refrán que dice “No hagamos hoy lo que se puede hacer mañana”, en nombre del gradualismo, ese método en que se refugian los mediocres y los timoratos.

Nos guste o no, divagamos si Kristina tiene un piso del 25% o 30% o 35%, si es lúcida o bruta en su desempeño política, corrupta o decente como persona, cínica u honesta intelectualmente, hipócrita o sincera en su discurso, sin tener en cuenta que a su núcleo duro y el resto de sus adherentes, esas disquisiciones no le interesan ni serán causa o no de su voto.

Lo cierto es que, tal como se dice vulgarmente, ella está en el centro del ring y su presencia preocupa por igual, claro por diferentes motivos a ese vasto arco que puede ir desde Quebracho o Luis D’Elia, pasando por el Partido justicialista y sus dirigentes que se ha convertido en un hibrido impotente hasta ese polo llamado “Cambiemos”, con Jaime Duran Barba a cuestas.

Sin embargo estas elecciones configuran una alternativa extremadamente mediocre en la que, paradojalmente, sólo Kristina tiene una propuesta concreta y miserable a la vez: Retomar el camino hacia Venezuela con todo lo que ello implica y significa.

“Cambiemos” -pero esencialmente el “PRO”, que es otra expresión de la decadencia desarrollista y el partido de la coalición que se reserva el derecho de admisión- tiene una sola propuesta que es “enfrentar a Kristina y ganarle", lo que obviamente será dejar a Venezuela de lado y apuntar al mundo, aunque hasta ahora y con razón el mundo nos mantiene en observación aprovechando las ventajas netamente financieras que ofrecemos.

Lindo problema se le plantearía al “PRO” y a la coalición “Cámbienos” si, después de todo, Kristina no se presenta, lo que sería trágico y muy divertido a la vez.

En ese punto, Martin Lousteau y Sergio Massa muy probablemente se verían favorecidos ya que sin Kristina como candidata, la supuesta polarización se esfumaría y el mercado electoral seria otro muy diferente, donde me atrevo a afirmar que quien mas debería preocuparse sería el “partido del ballotage”, porque apuesta como en el casino, solo a “chance”: “Kristina” o nosotros.
Esta es su martingala electoral.

La Argentina y nosotros continuamos con nuestra decadencia a cuestas porque no sabemos o no queremos ejercer ese difícil oficio de pensar, que es la única forma de construir el futuro. Cuando no sabemos pensar nos empeñamos en querer cambiar el pasado o refugiarnos en él, como si nuestro pasado fuera virtuoso.

El enano “populista” está en cada uno de nosotros y, tal como se dice por unos y otros, “alguien proveerá”, pero seguramente no serán los chinos...

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