GRAVE PELIGRO DE SUBESTIMACIÓN

Diabetes infantil o la necesidad de cambiar la dieta

Por lo general, los niños son considerados obesos cuando su IMC (Índice de Masa Corporal) está en o por arriba del 95% respecto de otros de la misma edad y sexo. Por ejemplo, alrededor de 33% de los menores estadounidenses tienen sobrepeso o son obesos. Cuando en 2012, informan los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de USA, el 18% de los niños y 21% de los adolescentes eran obesos. En la Argentina, la situación también es muy compleja y requiere de concientización y acción.

“Yo exhorto a los padres a que modifiquen el ambiente en casa”, dijo Daniels, de la Universidad de Colorado, en una entrevista. “Sin ser autoritarios, ellos deberían limitar alimentos de alta densidad calórica, mantener bebidas azucaradas fuera de la casa y asegurarse de que los niños coman la cantidad indicada de fruta y de vegetales; y menos bocadillos de alto contenido calórico. Aunado a esto, los padres de familia necesitan estar sintonizados con las oportunidades para la actividad física y fijar reglas estrictas sobre la televisión y el tiempo con aparatos electrónicos”.
Pediatra Stephen R. Daniels,
Facultad de Medicina de la Universidad de Colorado
(Denver, USA)

 

En términos de disponibilidad calórica, América latina y el Caribe cuentan con más alimentos que los que requiere su población. En particular, la disponibilidad de calorías de la región excede en un 62% los Requerimientos Energéticos Diarios Mínimos (MDER, por sus siglas en inglés).

Desde un punto de vista subregional, los países del Caribe superan en 46% los requerimientos mínimos, los de Centroamérica en 60%, y los de Sudamérica en 64%. Sin embargo, pese a los favorables resultados en los promedios subregionales, existe una amplia heterogeneidad al observar las realidades país a país (FAO, 2014).

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Esto ocurre cuando "América Latina y el Caribe se ha convertido en un referente mundial en la lucha contra el hambre. No sólo es la única región del mundo que ha logrado alcanzar la meta del hambre de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (meta 1C de los ODM), reduciendo a menos de la mitad su proporción de personas subalimentadas desde 1990, sino que se trata de la única que todavía tiene a su alcance la meta más ambiciosa de la Cumbre Mundial de la Alimentación (CMA), que busca reducir el número total de personas con hambre, un reflejo de la prioridad que la región completa le ha otorgado a la lucha contra el hambre", afirmó José Graziano da Silva, director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Sin embargo, a pesar de los grandes avances en términos económicos, sociales y de salud en América Latina y el Caribe, aún existen 37 millones de personas subalimentadas y aproximadamente 6,9 millones de niños menores de 5 años sufren de desnutrición crónica (OMS, 2012). Además, la anemia por deficiencia de hierro constituye el problema nutricional más prevalente, y afecta al 44,5% de los niños y al 22,5% de mujeres en edad fértil.

Las cifras de obesidad, en tanto, prácticamente se duplicaron entre 1980 y 2008 en todo el mundo. En la región, 23% de la población adulta sufre de obesidad, así como 7% (3,9 millones) de los niños menores de 5 años.

La diabetes es la 2da. enfermedad crónica más común en la infancia. Antes era una enfermedad poco frecuente en los más pequeños, pero con el crecimiento de los casos de obesidad infantil y los malos hábitos, como el estilo de vida sedentario y una alimentación poco saludable, la diabetes infantil es cada vez más frecuente en los niños.

La causa exacta de la diabetes tipo 1 se desconoce. Pero los científicos saben que algún tipo de bacteria y virus destruyen por error las células productoras de insulina en el páncreas. La genética también puede desempeñar un papel importante y la exposición a ciertos virus pueden desencadenar la enfermedad.

Los niños con diabetes enfrentan los mismos desafíos alimenticios como todo el mundo -principalmente, el de mantener hábitos saludables a través del tiempo. Con tantas tentaciones, puede ser difícil; entonces es importante preparar comidas que el niño disfrute.

Algunas de las metas del plan de alimentación para los niños con diabetes, son las mismas que para otros: Necesitan comidas que les ayuden a tener buena salud, crecimiento normal y un peso saludable. También, los niños con diabetes deben balancear su consumo de carbohidratos con su insulina y los niveles de actividad para mantener sus niveles de azúcar en la sangre bajo control.

Además, los niños con diabetes deben consumir comida que les pueda ayudar a mantener en un rango saludable los niveles de lípidos, o grasas, en la sangre (como colesterol y triglicéridos). El comer de esta manera puede ayudar a prevenir algunos problemas de salud a largo plazo que la diabetes puede causar.

Obesidad

La desnutrición en los primeros años de vida puede incrementar las probabilidades de la obesidad futura a causa de la reacción de “abundancia o escasez” que favorece la acumulación de grasa.

En 11 de los 19 países analizados ha aumentado la prevalencia del sobrepeso, desde 0,3 punto porcentual en Colombia, hasta 4,8 puntos porcentuales en Guyana (FAO, 2014).

Argentina (9,9%), Chile (9,5%) y México (9%) lideran estas cifras en la región, aun cuando han logrado disminuir la prevalencia de sobrepeso en menores de 5 años entre las 2 mediciones observadas (1980 y 2008).

En tanto, la obesidad es un problema muy importante entre la población adulta de la región. En promedio, el 23% de la población mayor de 20 años de ALC es obesa, lo que significa que 1 de cada 4 habitantes de la región se encuentra afectada por este fenómeno.

Países del Caribe tales como Saint Kitts and Nevis (40,9%), Bahamas (35%), Belice (34,9%) y Barbados (33,4%) cuentan con las mayores prevalencias de obesidad en la región. En Centroamérica, México es el país con mayor prevalencia de obesidad, la que afecta al 32,8% de los adultos; mientras que en Sudamérica los países que presentan mayor porcentaje de adultos obesos son la República Bolivariana de Venezuela (30,8%), Argentina (29,4%) y Chile (29,1%).

Los PUP

Los cambios en la producción alimentaria han generado cambios en los patrones de alimentación. En la práctica, esto ha redundado en la proliferación de dietas inadecuadas, monótonas y de baja calidad nutricional; caracterizadas por ser hipercalóricas, altas en grasas, sal y azúcares, y con bajo aporte de nutrientes esenciales. La malnutrición tiene, como denominador común, la presencia de un régimen alimenticio nutricionalmente inadecuado, que impide la adopción de nutrientes en la cantidad necesaria para mantener una vida sana.

Se ha observado que las poblaciones rurales más vulnerables tienden a mantener dietas poco diversas, basadas principalmente en el consumo de tubérculos y algunos cereales; mientras que en las ciudades empieza a masificarse la “dieta occidental”, constituida a base a productos ultraprocesados (PUP), que dentro de sus componentes contienen cantidades elevadas de azúcar y harinas refinadas, aceites y carnes rojas.

Así, la dieta tradicional, basada en las costumbres locales, la diversidad cultural y la calidad de la alimentación, ha sido desplazada por la masiva irrupción de los PUP. Actualmente, la tendencia comercial es la venta de productos de alto contenido calórico, de bebidas azucaradas y de comida rápida, lo que resulta especialmente cierto en países de ingresos medios y bajos.

De hecho, el consumo de productos de alto contenido calórico es 5 veces mayor y el de refrescos es casi 3 veces mayor en los países de ingresos bajos y medianos en comparación con los países desarrollados, donde el consumo está llegando al nivel de saturación del mercado.

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Recetas prácticas para evitar la diabetes infantil con comidas fáciles, por la licenciada Marien Picasso (Centro Adventista de Vida Sana, Villa Libertador San Martín, Entre Ríos):

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Factor de riesgo

Un estudio, entre más de 257.000 personas, por parte de Britt Wang Jensen y colegas en el Instituto de Medicina Preventiva en Bispebjerg; y el Hospital Frederiksborg en Copenhague (ambas localidades danesas), agrupó a menores sobre la base de desviaciones estándar de un Índice de Masa Corporal o IMC, ajustado para la edad y el sexo del menor.

Encontraron que cada unidad de aumento al tener sobrepeso a los 13 años, correspondiente por lo general con un aumento de 2 a 3 puntos en el IMC, incrementaba el riesgo de presentar cáncer de colon en 9%. Simultáneamente, el de cáncer rectal generaba un aumento de 11%.

Otro estudio, que involucró a 308.000 daneses nacidos entre 1930 y 1987, usó un agrupamiento similar de IMC. El riesgo de presentar una embolia relacionada con un coágulo en las primeras etapas de la vida adulta aumentó en 26% en las mujeres y en 21% en hombres, por cada unidad de aumento al tener sobrepeso durante todas las etapas de la infancia, pero particularmente a los 13 años de edad.

En un estudio publicado en 2014 en la “Revista de Medicina de Nueva Inglaterra”, Solveig A. Cunningham y colegas suyos de la Universidad Emory, descubrieron que “menores de 5 años de edad con sobrepeso tenían probabilidades 4 veces mayores que los niños con peso normal de volverse obesos hacia los 14 años”. Este estudio, que involucró una muestra representativa de 8.000 alumnos de jardín de infantes, arrojó que el riesgo de volverse obeso no difería por estatus socioeconómico, raza o grupo étnico, o peso al nacer.

Más bien, mostraba que el aumento excesivo de peso en las primeras etapas de la vida es un factor de riesgo para generar obesidad más adelante en la infancia. Y esto abarca a toda la población.

Por lo general, los niños son considerados obesos cuando su IMC está en o por arriba del 95% respecto de otros de la misma edad y sexo. Actualmente, alrededor de 33% de los menores estadounidenses tienen sobrepeso o son obesos. En 2012, informan los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de USA, el 18% de los niños y 21% de los adolescentes eran obesos.

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Snacks saludables, por la licenciada Marien Picasso (Centro Adventista de Vida Sana, Villa Libertador San Martín, Entre Ríos):
 

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Acciones posibles

Según la Encuesta Mundial de Salud Escolar realizada en Argentina en 2012, en los anteriores 5 años, en el grupo de adolescentes de 13 a 15 años, aumentó el sobrepeso del 24,5% al 28,6% y la obesidad pasó del 4,4% al 5,9%.

El marco de edad donde se manifestaba históricamente la diabetes se ha movido desde los primeros años de la adolescencia a la niñez misma. Tendiendo a manifestarse, de manera súbita, entre los 5 y los 7 años de edad.

Sólo para el año 2030 se proyecta que en el mundo existirán 552 millones de personal con diabetes (Fuente: International Diabetes Federation).

Hoy día, se estima que entre el 10% y el 15% de la población que sufre diabetes son niños y adolescentes.

De acuerdo a la Fundación InterAmericana del Corazón Argentina, otros datos de relevancia indican que:

> Apenas el 17,6% de los chicos y chicas de 13 a 15 años consume 5 porciones diarias de frutas y verduras;

> La mitad de los estudiantes de esa edad consume 2 o más bebidas azucaradas por día;

> Sólo en 1 de cada 4 escuelas se ofrecen frutas y verduras en los kioscos y 8 de cada 10 escuelas ofrecen bebidas azucaradas.

En este contexto, para luchar contra la epidemia de obesidad infantil y sus enfermedades asociadas, la responsabilidad individual no es suficiente.

El papel de los gobiernos es fundamental, y por ello deberían:

> Asumir un compromiso político sostenido en el diseño y adopción de políticas para reducir la obesidad infantil;

> Implementar políticas para garantizar a toda la población el acceso a alimentos saludables y disminuir el consumo de alimentos no saludables;

> Implementar políticas para que todos los sectores sociales puedan tener acceso a la actividad física periódica; e

> Involucrar a múltiples actores (organismos internacionales y nacionales, la sociedad civil y las empresas privadas) pero en un marco que evite caer en conflictos de interés que atenten contra el desarrollo de las políticas públicas eficaces.

No subestimar

La incidencia de la diabetes tipo 1 en pacientes pediátricos ha aumentado en los últimos años, en particular en los menores de 5 años. Según un estudio preliminar realizado por el grupo de diabetes de la Sociedad Española de Endocrinología Pediátrica (SEEP), aproximadamente el 39% de estos niños, es decir, 4 de cada 10, son diagnosticados en situación de cetoacidosis, una complicación grave de la diabetes, que aparece como consecuencia de la falta de insulina en el organismo.

La cetoacidosis puede llegar incluso a poner en peligro la vida del niño con diabetes cuando ocurre un retraso en el diagnóstico. La tardanza en los diagnósticos provoca que del 39% de los niños diagnosticados de diabetes, el 51,7% menores de 5 años, ingrese en el hospital con cetoacidosis, según reconoce la Fundación para la Diabetes. Y reclama trabajar en la concientización para facilitar el reconocimiento a tiempo.

Pero deberá agradecerse que también hay avances médicos. En una revisión de complicaciones resultantes de obesidad juvenil, Stephen R. Daniels, pediatra en la Facultad de Medicina de la Universidad de Colorado, en Denver, encontró que en muchos sistemas orgánicos a menudo hay problemas considerados aparentes mucho antes de la adultez. Incluyen

> hipertensión arterial;

> resistencia a la insulina y diabetes Tipo 2;

> altos niveles de triglicéridos en sangre que dañan al corazón y bajos niveles de la protectora lipoproteína de alta densidad, o colesterol HDL;

> enfermedad del hígado no-alcohólica;

> apnea obstructiva del sueño, asma;

> así como tensión excesiva sobre el sistema musculo esquelético resultante en desarrollo óseo anormal, dolor de rodillas y cadera, y dificultad para caminar.

Los problemas de la obesidad juvenil van más allá de los de tipo físico. Los adolescentes obesos tienen índices mayores de depresión, que puede fomentar patrones de alimentación y ejercicio deficientes que se suman a su problema de peso y resultan en una calidad de vida negativa hasta la adultez.

En un estudio conducido en Singapur, los investigadores informaron que “los individuos que eran obesos en la infancia tienen probabilidades mayores de tener una pobre imagen corporal y baja autoestima y confianza, incluso más que aquéllos con obesidad empezando en la adultez”.

Otro estudio por parte del doctor Jeffrey B. Schwimmer, de la Universidad de California, en San Diego, y de sus colegas arrojó que los menores y adolescentes obesos informaron de una calidad de vida disminuida que era  similar a la de los  niños con cáncer.

Tomados en conjunto, los datos hablan de la crucial importancia de prevenir los aumentos indebidos de peso en menores, tarea que depende en buena medida de los padres, quienes son responsables de lo que comen los niños y de la cantidad, así como cuánta actividad física desempeñen.

En palabras de investigadores del Centro Médico Universitario de Groninga, en Holanda: “El reconocimiento temprano de sobrepeso u obesidad en niños por parte de sus padres es de máxima importancia, permitiendo que las intervenciones empiecen a temprana edad”.

Sin embargo, según un estudio de los padres de familia de 2.200 niños de 5 años de edad, “los padres subestimaron el sobrepeso de su hijo en 85% de los casos”.

Por lo tanto, prohibido subestimar el sobrepeso: esa es la ley N°1.

Leer bien

Planificar y preparar platos para un hijo exige conocer lo que contiene la comida que se le sirve. Es fácil adivinar lo que contienen algunas comidas, pero otras son más desafiantes. Ahí es donde las etiquetas de comida resultan útiles.

Los carbohidratos son lo más importante de verificar porque pueden afectar los niveles de azúcar en la sangre. Generalmente, los carbohidratos aparecen en gramos en las etiquetas de comida. Hay 2 formas principales de carbohidratos:

> azúcar y
> almidones.

Los tipos de azúcar incluyen la fructuosa (azúcar que se encuentra en las frutas y algunos alimentos horneados), la glucosa (el azúcar principal de nuestros cuerpos que se encuentra también en alimentos como tortas, galletas y bebidas gaseosas) y la lactosa (el azúcar de la leche y el yogurt).

Las clases de almidones incluyen  las verduras, tipo almidón, como papas, maíz y arvejas; granos, arroz y cereales; y panes.

El cuerpo descompone o convierte la mayoría de los carbohidratos en glucosa, la cual es absorbida por la circulación sanguínea. Mientras el nivel de glucosa sube en la sangre, el páncreas emite una hormona llamada insulina. Se necesita la insulina para trasladar la glucosa desde la sangre hacia las células, donde se puede usar como una fuente de energía.

Lo importante es estar atento a los carbohidratos en las comidas, para aprender a balancear el consumo de carbohidratos, los niveles de actividad e insulina. Es necesario analizar la etiqueta el tamaño de las porciones y la cantidad de carbohidratos por cada porción, y determinar cuántas porciones consume su hijo.

Por ejemplo:

> El tamaño de la porción: 1/2 taza (120 mililitros).
> Los carbohidratos por cada porción: 7 gramos.
> La cantidad de comida consumida: 1 taza (240 mililitros).
> Los gramos de carbohidratos consumidos: 14 gramos (7 gramos por cada porción x 2 porciones).

No hay una cantidad exacta de carbohidratos que su hijo debe comer. El consumo recomendado es diferente para cada niño y puede diferir día tras día. El equipo médico dará las directrices como parte del plan de alimentación.

Debe prestar atención especial al contenido del sodio (sal) en todas las comidas. También está escrito en las etiquetas. El consumo demasiado alto de sodio está relacionado con el desarrollo de la presión alta o hipertensión. Algunos niños con diabetes tienen hipertensión, por eso quizás necesitan mantener el consumo de sodio dentro de los niveles recomendados por el médico. Es una buena idea no exagerar con el sodio, aunque su hijo no tenga hipertensión.

También es una buena idea prestar atención a la cantidad de grasa y el tipo de grasa que contiene la comida. Las grasas saturadas, el colesterol y los ácidos grasos insaturados pueden contribuir al desarrollo de las enfermedades cardíacas. La gente con diabetes tiene un alto riesgo de desarrollar  enfermedades cardíacas, especialmente si tienen niveles anormales de lípidos (grasas) en la sangre.

Es importante asegurarse que su familia tome bastantes vitaminas, minerales, fibra y que coman una dieta bien balanceada en general.