KONTRADICCIONES PROFUNDAS

2014, el año del Gran Ajuste K (o Cuando Cristina se volvió 'ortodoxa')

La Administración Cristina llegó donde casi todos sabían que llegaría: al ajuste que no será el de Alfredo Gómez Morales, desde 1950, pero será importante, y apenas si ha comenzado. Algunos afirman que cuando ocurra el ajuste tarifario próximo, puede ser hasta peor de aquella etapa que los peronistas siempre pretenden olvidar o desconocer porque corrobora que fueron bastante inútiles a la hora de acumular, demagógicos a la hora de distribuir y salvajes a la hora de ajustar... pero como los que vinieron después, tal como dijo Juan Perón, eran peores, pudieron zafar gracias al mito construido por Raúl Apold en aquellos tiempos. En el siglo 21, los Kirchner tendrán problemas considerables por delante porque hay más democracia que en los '50, hay redes sociales... y Cristina no es Perón a la hora de disimular el ajuste. Además, el peronismo ya tiene en marcha su propia sustitución. De todos tiempos, son días interesantes, complejos, apasionantes... para verlos desde afuera. Difíciles para todos los argentinos. El autor es uno de los que padece y aquí va su análisis, que es testimonial.

por CLAUDIO M. CHIARUTTINI

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Sin Saco y Sin Corbata). En la historia argentina, 2014 será conocido como el año del gran ajuste de toda la Era Kirchnerista, el momento que no pudo evitar Cristina Fernández, luego de 13 años de ignorar las distorsiones que se acumulaban en la economía. Por eso, se enoja, y ordena un acto en la Casa Rosada, que se transmite por la cadena nacional, que no contiene anuncios y sólo sirve para poder señalar enemigos, culpables, corporaciones sospechosas y sospechadas y garabatear un relato que ya nadie cree.
 
Nunca antes en la historia argentina, un Presidente de la Nación ha denostado a otros poderes, a otras corporaciones, a empresas o sectores sociales con tanta potencia, usando una tribuna oficial y en cadena nacional; lo que aísla cada vez más a la Mandataria en su decadencia.
 
Cristina Fernández no puede asumir el violento ajuste que está realizando en su gestión. Sabe que sus decisiones tienen un muy alto costo social, pero reclama “colaboración” bajo el argumento que, en estos 10 años de Gobierno, todo el mundo ganó mucha plata. “Tal como nunca antes”, le gusta decir a la Presidente de la Nación.
 
Pero en medio de la confusión que produce dentro y fuera del Gobierno esta situación absolutamente nueva en la Era Kirchnerista (es decir, no vivir en la abundancia, sino ser protagonistas del mayor ajuste en 10 años), las decisiones que toma la Casa Rosada, sin explicaciones y sin objetivos claros; suelen ser leídas muy más por propios y extraños.
 
Se da a conocer un nuevo índice de inflación que confirma las estimaciones de los opositores. Nunca se reconoce el error ni se piensa en modificar los registros previos. Es comenzar de vuelta, como si nada hubiese pasado antes, sin asumir los costos de la manipulación previa.
 
Que el Gobierno de Cristina Fernández esté comenzando a reconocer la verdad hace que economistas ortodoxos y los opositores celebren la situación, sin entender que el nuevo indicador facilitará poder anunciar la suba de tarifas más importante en más de 13 años, sostendrá el “relato”.
 
En forma imprevista, el Gobierno anuncia que se concesionan los trenes a las mismas empresas que los gestionan en estos momentos. Todo se realiza por decreto, sin licitación y sin intento de obtener las mejores condiciones de servicio para los ciudadanos. Y el proceso se desarrolla luego de que el Estado Argentino compra nuevo material rodante por miles de millones de dólares, también por decreto, sin licitación.
 
De esta forma, aquellos operadores que recibieron locomotoras y vagones en la década del´90 y las destrozaron, lo que obligó al kirchnerismo a reestatizar los servicios; serán los mismos que reciban ahora nuevos convoyes sin tener que poner un solo centavo y, en el medio, seguirán ganando como lo hicieron en todos los años que llevan operando un servicio en donde hicieron inversiones ínfimas.

De esta forma, el Grupo Romero (conocido como Emepa) y el Grupo Roggio reciben miles de millones de dólares en equipo traído del exterior y, casi con seguridad, cobrarán más caro por sus servicios, dado que el Gobierno hizo toda esta movida para poder subir la tarifa de trenes, tal como ya hizo con los boletos de colectivos.

Además, como parte del “relato” kirchnerista, los grupos Romero y Roggio se convierten en los “chivos expiatorios” que recibirán todas las culpas por el inminente aumento de boletos, pese a que ese sobrecosto para sus usuarios, no servirá para reducir el subsidio que hoy el Estado paga por operar los ramales. El dinero suele reemplazar a la dignidad en ciertos negocios que hacen los privados con el Gobierno.

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Pero a Cristina Fernández le preocupa menos el impacto del ajuste en la sociedad que el resquebrajamiento que se produce en el frente interno del kirchnerismo, donde devaluar el peso, subir las tasas, reconcesionar los trenes, reconocer mayor inflación y fracasar con los “Precios Cuidados”, produce profundas divergencias políticas e ideológicas.

Por eso Cristina Fernández organiza actos en la Casa Rosada y les habla a los militantes una y otra vez. Cuando asumió Néstor Kirchner, no pudo llenar la Plaza de Mayo, pocos lo conocían. Cuando asumió la Presidente de la Nación, hubo que movilizar a todos los Barones del Conurbano y traer gente del interior para poder mostrar una presencia fuerte. Hoy, la Mandataria llena dos pequeños patios internos que tiene la sede gubernamental con militantes rentados. Una demostración de decadencia.

Así, Cristina Fernández habla cada vez para menos gente. El círculo se reduce y se abunda haciendo referencias del pasado, dado que poco se puede mostrar para el futuro. El “relato”, que trató de convertirse en significado y significante ha pedido sentido.

Hoy, Cristina Fernández no puede alentar ideas reeleccionistas. Sus problemas de salud han hecho palpables los límites que impone la Constitución Nacional. Pero mientras que Néstor Kirchner pudo elegir a su sucesor, la Presidente de la Nación no tiene hoy un solo candidato competitivo en sus filas y, aquellos que son presidenciables con esperanza, no le aseguran la continuidad del “modelo” y de su peculiar ideología.

Cristina Fernández no sabe construir alianzas. Siempre debe negociar desde una posición de superioridad, de fuerza, desde el dominio del terreno, desde el control de la situación. Por eso hoy no puede sumar aliados. Sólo trata de retener los que quedan de aquel mítico 54,11%.

El dinero escasea, lo que implica que la única herramienta de seducción y arma de alineamiento, también falta. Nerviosa, Cristina Fernández se sienta con la CGT oficialista. A cambio de paritarias anuales y evitar cifras fijas, la Presidente de la Nación promete cancelar deuda de obras sociales, aumento del aporte del PAMI y freno a la libre elección de obras sociales. Compra paz social con plata, justo en un año de ajuste.

La Presidente de la Nación terminó por hacer lo que Néstor Kirchner hacía con Hugo Moyano, quizás, a un costo mayor, planteando un escenario de debilidad, donde no se aseguró que la conflictividad social sea menor y donde el choque gremios-empresas puede tener consecuencias nefastas en el escenario de caída de producción que se espera.

Romper con Hugo Moyano fue, quizás, el error más grande que cometió Cristina Fernández. Las consecuencias la veremos en los próximos tres meses. Pero no fue el único desliz: el 7D fue un fisco, avanzar sobre Papel Prensa no sirvió para nada, dejar escapar a Sergio Masse le causó su primer gran derrota electoral, la confiscación de YPF es un gran dolor de cabezas, la Justicia de los Estados Unidos cacheteó una y cien veces al Gobierno argentino y los holdouts han logrado que el crédito internacional sea un espejismo, como los Cedines, los Baade y la “MorenoCard”.

La Cristina Fernández que no puede asumir el ajuste que está realizando, paga un enorme capital político por haber elegido al insípido de Amado Boudou como su VicePresidente, y después del lapidario informe de la Auditoría General de la Nación, cada foto con las Madres de Plaza de Mayo convierte a la Presidente de la Nación en cómplice de un escándalo.

Por impericia o por ideologismo, Cristina Fernández ha sumido sectores completos de la economía en recesión, o cortó las inversiones, o le quitó todo su potencial. Hoy, faltan los dólares que podría aportar el campo, es campo que castigó, ahogó y persiguió durante los últimos cinco años. La industria automotriz está en su peor momento, por un impuesto ridículo y la falta de un acuerdo con Brasil. El mercados inmobiliario es un fantasma de lo que fue por la pesificación forzosa. Perdemos miles de millones de dólares por sostener una factoría de ensamblaje en Tierra del Fuego. ¿Es necesario citar más ejemplos?

Desde hace un mes se toman medidas muy duras, inesperadas de un kirchnerismo heterodoxo y de un Ministro de Economía neomarxista. Pero son inconexas, incompletas, sin dar explicaciones y con objetivos de corto plazo. Se combate el síntoma, nunca la causa de la enfermedad. La militancia se solaza con una semana de éxito, sin medir las consecuencias. Tarde o temprano volverán los problemas y volverá la caza de brujas.

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Mientras todo el mundo político está pensando en cómo será el fin del ciclo kirchnerista y el final del Gobierno de Cristina Fernández, la única que no piensa en cómo terminará su mandato es la Presidente de la Nación. Cómo hizo Carlos Saúl Menem, intenta llegar al 10 de Diciembre de 2015 con el máximo de poder político en sus manos, pero eso hoy es imposible, dado que se respalda en un sector muy minoritario de la política y aún más pequeño de la sociedad. Grupos que, hasta no mucho, eran marginales; y que volverán a ser marginales cuando concluya este proceso político.

Durante la semana, el gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, intentó mostrarse como presidenciable en New York. En reuniones públicas y privadas se paró como el reemplazo natural de Cristina Fernández, sin ser su heredero o “delfín”. En principio, lo logró. Sin embargo, nadie hizo promesas, ni el postulante ni los invitados. Toda las conversaciones eran con “sujeto tácito” y situaciones “imaginables”. Los silencios tuvieron más valor que las palabras. Por eso, la Casa Rosada se mostró preocupada por el viaje.

El resto de la oposición, centrada en su juego de internas palaciegas, parece demasiado ocupada en someter sus egos y nunca han pensado en mostrarse como alternativa ante los inversores extranjeros. Sin duda, no manejan los tiempos como el peronismo, que se prepara para un cambio de liderazgo.

El ajuste, recién comienza. Es una obra que se desarrollará en muchos actos. Como la declinación del kirchnerismo, como el reordenamiento del peronismo, como la evolución de la conflictividad social. Los tiempos pueden frenarse o acelerarse, pero nunca se puede volver hacia atrás.

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