El ajo no ayuda a disminuir el nivel de colesterol “malo”

Pese a la experiencia previa, a través de un estudio realizado en 192 personas cuyo nivel de LDL era elevado, los especialistas pudieron establecer que el consumo sostenido de este fruto no produce efecto en la prevención de la aterosclerosis. Los resultados se registraron tanto al ingerirlo crudo como en preparados.

Debido a sus particularidades, el ajo posee un importante número de detractores, pero también una gran cantidad de entusiastas usuarios. En especial desde que en los últimos años se ha relacionado su ingesta con la posibilidad de disminuir el nivel de colesterol "malo" o Lipoproteína de Baja Densidad (LDL, según sus siglas en inglés).
Sin embargo, una investigación llevada a cabo recientemente por profesionales del Centro para la Prevención y la Investigación de la Universidad de Stanford, ubicado en California, Estados Unidos, postula la teoría de que el ajo no guarda relación alguna con el nivel de colesterol.
Si bien diversas pruebas de laboratorio, así como también algunos estudios realizados en animales, demostraron que el ajo cumple un rol fundamental en la absorción de grasas y colesterol, el doctor Christopher Gardner, líder del estudio estadounidense se refirió a esta posibilidad en la publicación Archives of Internal Medicine y expresó: "Hay que evitar los rodeos cuando de alimentación se trata. La salud se cuida únicamente consumiendo alimentos saludables. No hay que caer en creencias equivocadas, lo más efectivo para evitar el colesterol es seguir una dieta sana". 
 
"El ajo integra un grupo de alimentos sobre los cuales no hay evidencias científicas tan específicas o fuertes. Pero, en tanto y en cuanto tengamos en cuenta que se trata de un alimento que viene de la naturaleza, no hay inconvenientes en comunicar la idea de que comer ajo es beneficioso. El problema surge cuando se produce una confusión y la gente empieza a consumir suplementos o preparados que contienen sustancias farmacológicas concentradas que no tienen nada que ver con la composición del alimento, tal como lo entrega la naturaleza", explicó a Pro-Salud News la doctora Mónica Katz, médica especialista en Nutrición, directora del Centro de Prevención y Tratamiento del Sobrepeso de la Fundación Favaloro.
* Detalles de la investigación

Para probar su teoría, el equipo dirigido por Gardner llevó adelante una experiencia en la cual participaron 192 personas de entre 30 y 65 años de edad cuyo nivel de LDL era elevado (entre 130 y 190 mg/d de sangre), y muchos de los cuales se encontraban consumiendo estatinas por prescripción médica para bajar ese exceso y evitar la obstrucción de las arterias.
Durante la investigación, los voluntarios fueron divididos en cuatro grupos y todos ingirieron el equivalente a un diente de ajo de cuatro gramos, seis días a la semana por un período de seis meses, en diversas formas: mezclado crudo en un sándwich, o como complemento.
"A lo largo de la investigación, comparamos los niveles de todos los participantes: los que tenían el colesterol más elevado cuando empezó la experiencia y los que lo tenían más bajo. Nos tomamos un tiempo prudencial para evaluar, en caso que los efectos del ajo tardaran en hacerse sentir, pero la realidad es que no pudimos determinan ningún tipo de acción beneficiosa. En cuanto a las otras hipótesis que indican que el ajo ayuda a fortalecer el sistema inmune y a prevenir el cáncer, creemos que también deben ser estudiadas", señaló el doctor Gardner.
En este sentido, la doctora Katz destacó: "La alicina, una de las diversas sustancias interesantes que contiene el ajo, posee un efecto neutralizador con respecto al cáncer, además de su aparente acción beneficiosa en el descenso del colesterol malo o LDL".
La historia del ajo se remonta al año 1.500 a.C en Turkestán, en el límite entre China, Afganistán e Irán. Desde ahí su influencia viaja a India, al norte de Europa, a Egipto y a las márgenes del Mediterráneo donde empieza a ser consumido por griegos y romanos.
En la antigüedad su jugo era considerado antiséptico, mientras que actualmente se utiliza para condimentar platos elaborados. La Argentina es el segundo país exportador de ajo a nivel mundial, siendo las provincias de San Juan y Mendoza las principales zonas de producción.