El rol de los medios en el caso Dalmasso (I): "Barbarie discursiva y total desparpajo"

El crimen de Nora Dalmasso en el country de Río Cuarto volvió a poner sobre el tapete el rol que los medios de comunicación desempeñan en la sociedad. La sed por develar quién es el asesino o conocer nuevas pistas mantiene a los periodistas en vilo. "Desde hace 13 días, la ciudad de Río Cuarto pareciera haberse convertido en el set de algún capítulo de la serie Amas de casa desesperadas".

CÓRDOBA (La Voz del Interior)  Desde hace 13 días, los productores, editores y cronistas de los medios periodísticos argentinos tienen sed por develar quién fue el asesino de la señora Nora Dalmasso de Macarrón.
Desde hace 12 días, el país quiere conocer la pista, el nombre, el apodo, la nacionalidad, el color de pelo, el móvil, de la persona que mató a esta señora.
Para muchos teóricos analistas de los medios, la realidad se construye mediáticamente. Es decir, la manera en la cual los hechos son comunicados, difundidos, dados a conocer, referencia la esencia y la existencia misma de estos acontecimientos. En otras palabras, nunca conocemos lo que ocurre, sino que vemos, escuchamos y leemos historias elaboradas por los medios. Nunca sabemos nada.
Esta mirada apocalíptica, llevada al extremo, puede resultar apabullante si nos hace pensar que estamos rodeados de una gran ficción, que vivimos en un mundo guionado, producido y dirigido por los medios y por sus líneas editoriales. Llevada al paroxismo, esta mirada nos volvería terriblemente paranoicos y tal vez se volvería muy difícil pretender una vida social emocionalmente digna.
Sin embargo, desde hace 13 días, la ciudad de Río Cuarto pareciera haberse convertido en el set de algún capítulo de la serie Amas de casa desesperadas.
La manera en la que los medios periodísticos, fundamentalmente los canales televisivos de Capital Federal, están cubriendo esta información mueve a la reflexión y, por qué no, al espanto.
En el edulcorado living del programa de 9 a 12 , de Canal 9, Maby Wels y su co-conductor entrevistaban el miércoles a un psiquiatra a raíz de las declaraciones dadas por el doctor Macarrón –conocido ya en todo el país como "el viudo"–. Los conductores cuestionaban la "asombrosa tranquilidad" con la que Macarrón se refería a su esposa, a su duelo, a sus dudas; cuestionaban sus expresiones y sus deseos por "seguir trabajando", indicando que este deseo "narcisista" (Wels dixit) era cuanto menos sospechoso… a lo que el psiquiatra invitado acotó: "El narcisismo es una característica de los psicópatas".
Por otro canal, a la misma hora, un móvil en vivo apostado frente a la casa de la familia Macarrón transmitía para Capital Federal y –para todo el país– que el señor Macarrón estaba hablando por teléfono en el living de su casa y que ya se iría seguramente a algún lado...
¿Qué sentido tenía ese móvil allí? ¿Qué podría ocurrir, de repente?
En este momento, al menos siete canales de todo el país tienen a un periodista parado frente a la puerta de ese hogar.
El doctor Macarrón brindó una conferencia de prensa movido por el deseo de sus hijos y por su propia necesidad de limitar semejante invasión, pero no lo consiguió, ya que generó una ola de especulaciones nuevas. Seguramente, su silencio también habría sido considerado sospechoso y alimentado otras especulaciones, otras ficciones.
El lugar del morbo. Entre los criterios de noticiabilidad, los manuales de periodismo se cuidan de indicar el morbo. Pero sin lugar a dudas es este elemento el de mayor peso en esta historia.
La manera en que, con total desparpajo, se tejen y destejen uno y cientos de guiones referidos a la vida privadísima de estas personas, no deja de asombrar.
La notoriedad es un elemento importante, de allí lo interesante, por ejemplo, de ver o presumir involucradas a personas vinculadas con el Gobierno provincial, hipótesis que se fue desmoronando de a poco. Ante esto, aparece la necesidad de elaborar nuevas historias.
Los límites no aparecen: todas las historias son reproducidas con iguales rasgos de verosimilitud y cualquier hipótesis es válida para sostener la noticia en el tiempo.
Pero la sed continúa. La mesura y los tiempos de las investigaciones judiciales no son buenos aliados de los segundos televisivos. Es necesario "decir algo", aunque sean rumores, off the record, trascendidos, declaraciones de criminólogos de Caballito o de psiquiatras de Villa Freud. Todo sirve.
Ficción o realidad. Es muy difícil para los televidentes advertir las pequeñas diferencias entre un dato de una fuente confiable y efectivamente vinculada a la situación de un rumor azaroso, de una opinión "especializada" o de una creativa ficción que dan por sospechosas a personas concretas, con nombre, apellido, hijos, familia, trabajo.
La seriedad profesional y la honestidad intelectual tampoco son buenas aliadas de los programas periodísticos nacionales.
Barbarie discursiva y total desparpajo. Parece no importar demasiado la posibilidad de un juicio por calumnias o injurias: la necesidad de sostener un nivel de audiencia considerable lleva, aparentemente, a que se cometan torpezas ciertamente imperdonables. Ni conferencias de prensa, ni comunicados, ni declaraciones oportunas parecen ser capaces de aplacar tanta sed.
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(*) Magister en sociosemiótica. Docente de las universidades nacionales de Córdoba y Villa María