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PERCEPCIÓN FAVORABLE, SCORER EN CONTRA

Por cada casillero que movió el consumo, la inflación saltó 4

Vie, 24/01/2020 - 2:28pm
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Antes que se notara en la calle que el gobierno entrante había regado los bolsillos más flacos con unos $60.000 millones, a ojo de buen cubero, entre bonos, sumas fijas salariales, etc, las mediciones de consumo, como la de Kantar Wordpanel, había detectado un escenario optimista en la coyuntura, que inclusive se potenciaba en las percepciones a futuro. Inclusive aportó a esa favorable predisposición ciudadana que en diciembre se quebrara la racha negativa del día a día que venía de arrastre. Pero cuándo no, la manía de aumentar los precios más ligados al movimiento cotidiano metió la cola más rápido que volando y la inyección, en consecuencia, se esteriliza aceleradamente, a punto tal que en diciembre-enero el IPC se estima que dará 6,5%, como de costumbre a la cuenta de los más pobres. Del otro lado de la pirámide socioeconómica, ni los topes de $200 ni el 30% de recargo a la compra de dólares amilanaron a 2,5 millones de atesoradores o viajeros al exterior, que siguieron con la atención puesta en la City. La plaza inmobiliaria sigue planchada, los autos lo mismo, y la saga de la deuda, que parece contener todos los interrogantes de la economía, apenas tiene rating en el círculo rojo.  

"La palmadita oficial al consumo interno se está aplacando por la rebeldía de la inflación que funciona como astringente de este rollover de la demanda."
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Sobre todo en los centros comerciales barriales del Gran Buenos Aires se empezó a notar la inyección de dinero hecha por el gobierno de Alberto Fernández en los primeros días de la gestión. 

Claramente los trabajadores del sector privado y público, lo mismo que los jubilados de la mínima y los beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo (AUH), que recibieron los bonos de $4.000,  $5.000 y $2.000, respectivamente, los volcaron a la compra cotidiana, y no habrán sido muchos los que se entremezclaron con los 2,6 millones registrados por el Banco Central que, contra cepos, vientos y mareas, se estuvieron aprovisionando de dólares en la City.  
De clase media en adelante, el congelamiento por 6 meses dispuesto por la Casa Rosada para las tarifas de los servicios públicos y del transporte liberó a los usuarios, asimismo, algunos recursos adicionales que se hubieran tenido que aplicar a cargar combustible y a pagar las facturas de los servicios públicos, previamente exacerbadas por más de 3 años de tarifazos durante la Administración Macri.

Hasta el impuesto del 30% a la adquisición de dólares se reflejó en una abstinencia  a los viajes al exterior, que terminó de conformar un cuadro turístico estival decididamente volcado a los destinos locales, que moviliza las economías regionales. 

La palmadita oficial al consumo interno se está aplacando por la rebeldía de la inflación que funciona como astringente de este rollover de la demanda, y el renovado programa de Precios Cuidados poco ha podido hacer para morigerar el ritmo de las remarcaciones, que para colmo la reimplantación en enero del IVA a los alimentos que Macri había suspendido con fines electorales trasladó a la canasta de la subsistencia.

Algún efecto tuvo la medida en el hábito de los consumidores en el último cuatrimestre del año. El canal mayorista de benefició ya que sus ventas no sólo se recuperaron sino que aumentaron, paralelamente a la desaceleración en los de cercanía, como consecuencia que hubo un vuelco a abastecerse en cantidades. 

El titular de la Asociación de Supermercados Unidos (ASU), Juan Vasco Martínez, en diálogo con Biz, sostuvo que para el primer trimestre se espera que se vuelva a la reposición y que las compras pasen por otros canales, como frescos, minorista tradicional, y el aprovechamiento de las promociones en los supermercados.

El amperímetro del consumo

De todos modos, no hay expectativas de que se muevan los amperímetros del consumo más allá de estos espasmos veraniegos a los que la inflación le quita recorrido.

“No esperamos nada espectacular porque la situación macroeconómica no hace pensar en un vuelco total, pero al menos frenar la caída y quizás hasta un leve repunte”, admitió el directivo de ASU.

El especialista en el tema, Damián Di Pace, concede que “seguramente el consumo masivo va a ser el sector que va a mostrar una reacción positiva más rápida, mientras que en bienes durables va a costar más, va a depender mucho de lo que ocurra con las tasas y el financiamiento”.

Los diagnósticos de los entendidos concuerdan con la percepción que manifiesta la población sobre la situación económica y laboral en el país, mensualmente la división Insights de Kantar y vuelca en un Índice General de Expectativas Económicas (IGEE): en diciembre de 2019 había subido 2 puntos en comparación con el mes anterior, que se hacían 6 proyectándola. 

Fueron 3 meses consecutivos en los que las expectativas generales de la población registraron “un saldo positivo notable” y tocaron el mayor nivel de 2019, impulsadas por la proyección de la situación futura.

Ese período abarca la confirmación de que cambiaría el gobierno y la tendencia señalaba la flecha hacia arriba en todos los indicadores relacionados con el futuro, según declaró Julieta Dejean, directora de la división Insights de Kantar.

Fueron 8 puntos por encima de noviembre 2019, comportamiento al que contribuyeron los 3 puntos asignados a las perspectivas laborales, que tanto las del momento como a futuro apuntan hacia arriba: despega la actual, con 3 puntos favorables, y asciende notablemente la futura, con 6 puntos.

El seguimiento estadístico que le hace a las ventas minoristas la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) corrobora las sensaciones resultantes de la encuesta de Kantar, debido a que la actividad en ese período concluyó con 45 meses en rojo, contra solo 3 positivos. 

La consultora Ecolatina le pone número a la retracción acumulada: -20% entre el último mes de 2015 y el de 2019, lapso en el cual la consideración para la compra de bienes durables cayó 2 puntos y volvió a situarse por debajo de 100.

Por un lado, buena parte de esa plata que falta la explicaría una disminución de los ingresos de similar porcentaje en los 4 años de Mauricio Macri, que coincidió con la fuga de divisas que totalizó US$ 88.371 millones, entre la cual el ahorro golondrina en dólares contribuyó de manera notable.

En la Evolución del Mercado de Cambios y Balance Cambiario, que publica el Banco Central, se advierte claramente que, cepos mediante, ha habido 2 millones y medio de personas cada mes que compran para atesoramiento y viajes al exterior y que nada más que en diciembre quedaron US$ 330 millones netos por encima de noviembre. 

Son recursos pertenecientes a gente en condiciones de gastar pero que difícilmente lo haga.